destino

Destino

By | Primera Persona | No Comments

Hace 14 meses que me llegó el primer envío.

Me parece una casualidad un poco exasperante haber vuelto a mirar las dos cajitas y el albarán de DHL y ver que tiene fecha 18 de enero de 2018. Dieciocho. Uno. Dieciocho. Y hoy es dieciocho otra vez. Y hoy se me ocurrió volverlas a mirar.

No voy a dar nombre y apellido porque no sé si podría meterme en un problema y a estas alturas imagino que el verdadero destinatario pensará que es irrelevante recibir sus envíos.

Lo que es realmente muy extraño es encontrar tu dirección y tu número de teléfono móvil a nombre de otra persona. Y más allá de las explicaciones conspirativas, sobrenaturales o paranoides, que son siempre las que se me ocurren en primer lugar, termino pensando que se trata de un error informático, logístico, humano o matemático. Y nada más.

Antes de abrir la primera caja busqué el nombre y apellido en Internet. Pero desistí de continuar con la investigación cuando descubrí que, bajo ese nombre y ese apellido (cuyas iniciales son: N. Ch.) existían tres cuentas de Twitter, seis perfiles de LinkedIn y cinco de Facebook, más alguna cuenta suelta de Flickr, un canal de YouTube, y hasta un perfil actoral en Imdb.

Lo que hice a continuación. O sea, exactamente después de desistir en mi investigación, fue -no sin cierto reparo, como si estuviera violando su intimidad, sus deseos, sus compras, sus necesidades, su privacidad, su secreto, pero no sin una curiosidad y un morbo importantes y más tarde absolutamente defraudada por la banalidad del objeto en cuestión- abrir la caja.

La primera caja. Porque fueron dos.

Prisma de cartón blanco y morado de unos 15 x 6 cm. Primer y subsiguientes textos legibles en el orden en que captaron mi atención: Max. 50 kg. Travel made easy. Digital luggage scale. LED backlight display. CE. RoHS. Made in China. Una fotito de un avión comercial arriba a la izquierda. Un esquemita de una maleta colgando de un gancho colgando de una cuerda colgando de un cacharrito algo fálico de color rojo metalizado, pero definitivamente nada erótico con un display electrónico negro y un interruptor táctil y una lucecita roja diminuta.

Era una báscula digital de equipaje electrónica portátil. Nunca la saqué de la caja.

El segundo envío llegó unos meses después. Y ya pudiendo saltarme los pasos de paranoia e investigación pasé directamente a la tarea posterior que era la de abrir la primera caja anónima, genérica y monocroma para encontrar ese contenido único, esencial y fascinante que en este caso se trataba de un portarrollos de papel higiénico de diseño minimalista de acero inoxidable pulido con una bandeja superior ¡para apoyar el móvil! Y no solamente increíble por su múltiple funcionalidad sino también por su fácil instalación ya que traía un parche 3M súper adherente rectangular de la exacta medida de la chapa de acero que evita el uso de taladros y brocas y tornillos y tarugos y destornilladores y aspiradoras para su colocación que podría darse por finalizada en el término de 3 minutos.

No sé si otras personas hubieran contactado con la empresa de transportes. Devuelto los envíos. O los hubieran puesto a la venta. O tirado a la basura. O asumido como propios y utilizado con total y absoluta naturalidad después de consultar el diccionario y darse cuenta de que por un motivo u otro esos objetos habían llegado a su destinatario/a. Entendiendo destinatario/a como un adjetivo que acompañando a una persona o cosa la especifican como a la que se destina o dirige algo. Y siguiendo con el hilo semántico se podría decir que el destino que destinó que yo fuera la destinataria puede haber sido una fuerza desconocida, un encadenamiento de sucesos considerado como necesario y fatal, una circunstancia favorable o adversa, una consignación, señalamiento o aplicación de algo para determinado fin; tal vez una meta, un punto de llegada. Porque que yo estuviera destinada a ser la destinataria de esos envíos significa que ese cierto lugar y esa cierta persona -que vendrían a ser mi domicilio en primer término y yo misma en segundo término- eran las que estaban determinadas para constituir la meta a la que se dirigían los consiguientes envíos.

Y esto escapa a mi control y no es una opinión mía sino solo y únicamente lo que me dicta el diccionario.

Pero no. Yo no hice nada de lo anterior. Yo solo apoyé las dos cajas. La más grande, la del portarrollos, abajo. Y la más pequeña, la de la báscula portátil, arriba. Y encima de ambas el albarán doblado por la mitad. En la segunda balda blanca de Ikea que tengo encima de la pantalla del ordenador en la oficina. Para 14 meses después volverlas a mirar y sentarme a escribir toda esta innecesaria y absurda concatenación de palabras.

Y quedarme posteriormente un poco con las ganas de buscar algún hilo conductor que enlace los dos objetos. Algún significado oculto. Algún mensaje cifrado que se me escapa. Que todavía no estoy lo suficientemente receptiva como para comprender.

Porque si en un taller literario o en un brainstorming creativo o en un ejercicio de improvisación teatral les pusieran delante un portarrollos de diseño y una báscula digital portátil ¿qué harían?

igualdad

Educar para la igualdad

By | Altas Capacidades, Mujer | No Comments

El 8 de Marzo se celebró el Día de la Mujer. Y miles de personas en todo el mundo salieron a la calle para ser vistas, para ser oídas, para hacer historia, para luchar por la igualdad.

Porque mientras no exista verdadera igualdad habrá que hacer un esfuerzo extra para generar conciencia, para romper estereotipos, para conseguir salvar todas las brechas y abrir todas las puertas. Para erradicar cualquier tipo de violencia y para que ya no haga falta salir a la calle ni dar ninguna explicación. Porque mientras no exista verdadera igualdad habrá que seguir contrarrestando una realidad cargada de acciones, mensajes y situaciones que están ya tan normalizados que creemos son totalmente inofensivos, pero no lo son.

Les compartimos una selección de vídeos, libros, películas y biografías que nos han parecido muy valiosos y motivadores y pueden ayudar a trabajar la igualdad porque invitan a tomar conciencia, porque dan herramientas para mirar la realidad desde otra perspectiva, porque fomentan el pensamiento crítico, porque enseñan con el ejemplo, porque inspiran.

Nos parece muy importante aclarar que esta selección que compartimos no es para educar a las niñas. Es para educarnos a todos. Niñas, niños, madres, padres, abuelos, abuelas, maestros, maestras.

Porque todos necesitamos entender, fomentar y construir la igualdad.

Juntos.

 

Vídeos

 

Brecha salarial

¿Cómo reaccionan los niños ante una retribución desigual después de realizar el mismo trabajo?

https://youtu.be/L_fZun-_QnQ

 

Brecha de sueños

¿Cuánto más grave que la brecha salarial es que una niña ni siquiera sueñe, ni se atreva a desear ser lo que quiere ser?

https://youtu.be/S3_DDLGIpaM

 

Estereotipos de género

Desde muy pequeños los niños ya tienen asociado el género a la profesión.

https://youtu.be/pJvJo1mxVAE

 

Dale una bofetada

¿Cúan absurdo puede ser para un niño imaginarse ejerciendo violencia sobre una niña?

https://youtu.be/Rn4PVsKXE5k

 

Libros

 

El diario violeta de Carlota – Gemma Lienas

Carlota recibe por su cumpleaños un regalo especial. Su abuela le regala un diario violeta y la anima a ponerse unas imaginarias “gafas violetas” para observar situaciones cotidianas que, aunque parecen normales e incuestionables, resultan totalmente injustas y discriminatorias. El diario violeta de Carlota invita a reflexionar y cuestionar la situación de la mujer. Nos ayuda a pararnos a pensar y detectar cuándo pensamos, hacemos y decidimos libremente y cuándo, sin darnos cuenta, actuamos según unos modelos impuestos que colocan a la mujer en una posición de inferioridad.

carlota

Querida Ijeawele o Cómo educar en el feminismo – Chimamanda Ngozi Adichie

Este libro nació de la petición de una amiga que acababa de tener una hija y le pidió a Chimamanda consejo para su educación en la igualdad. Ella le respondió entonces en una entrada de Facebook que más tarde se convirtió en un texto más extenso: 15 consejos para educar a su hija. Y que valen tanto para ella como para que todas las madres y los padres reflexionen sobre cómo han sido criados y qué quieren transmitir a sus hijos.

«En lugar de enseñarle a tu hija a agradar, enséñale a ser sincera. Y amable. Y valiente. Anímala a decir lo que piensa, a decir lo que opina en realidad, a decir la verdad. Dile que si algo la incomoda se queje, grite.»

Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes – Elena Favilli y Francesca Cavallo

Este libro cuenta las historias de vida de 100 mujeres valientes que se atrevieron a soñar, a romper estereotipos, a saltarse las normas, a ser libres, a luchar cada día por ser quienes eran de verdad y no lo que quisieron hacerles creer que podían o debían ser.

Los chicos y las chicas – Brigitte Labbe y Michel Puech

Dentro de la colección Piruletas de Filosofía este título invita, con un lenguaje claro y directo, a reflexionar acerca de las diferencias entre los sexos y cómo hay algunas naturales y reales mientras otras son impuestas y aprendidas.

piruletas

Películas

 

Estos tres largometrajes de animación de Studio Ghibli, dirigidos por Hayao Miyazaki, nos muestran -como la inmensa mayoría de sus películas- protagonistas femeninas valientes, autosuficientes y con una gran confianza en si mismas; seguras de seguir su instinto y luchar por sus principios. Ellas construyen fuertes e incondicionales relaciones de amor, complicidad y confianza con un compañero que nunca es su salvador sino su igual; y dan un maravilloso ejemplo diametralmente opuesto al que se ofrece en la versión del amor romántico de los cuentos clásicos o las películas de Disney.

 

Kiki, la aprendiz de bruja

La princesa Mononoke

El viaje de Chihiro

 

La historia de Alicia en el País de las Maravillas, tanto en sus múltiples versiones literarias como en las cinematográficas (la más maravillosa de ellas -muy subjetivamente hablando- la versión de Tim Burton) también es un ejemplo de protagonista femenina valiente y decidida a seguir sus sueños y romper con los estereotipos.

 

 

Biografías

 

Aunque las colecciones de biografías todavía necesitan equilibrar el número de vidas de mujeres en relación al de personajes masculinos, estas dos, orientadas a público infantil, sí que tienen una selección interesante.

 

La colección Me llamo presenta personajes universales. Destinada a público juvenil, cada libro trata una figura de la historia, de las ciencias, del arte, de la cultura o del pensamiento.

 

Me llamo…Cleopatra

Me llamo…Agatha Christie

Me llamo…Marie Curie

Me llamo…Ana Frank

Me llamo…María Callas

 

La colección Otras Princesas presenta mujeres latinoamericanas que escribieron su propia historia en la vida real y no en un cuento de hadas. Mujeres pioneras que trascendieron los límites de su época.

 

Otras princesas…Frida Kahlo

Otras princesas…Clarice Lispector

Otras princesas…Alfonsina Storni

 

Imagen editada de la portada del libro El amor y la amistad (Brenifier – Després)

spirited-away

El dragón dormido

By | Altas Capacidades | No Comments

La imagen del dragón dormido como una metáfora de la invisibilidad de los niños con altas capacidades y la importancia del diagnóstico, nos llega de la mano de Linda Kreger Silverman y su libro Giftedness 101.  Ella es psicóloga clínica, escritora y fundadora del Centro de Desarrollo de la superdotación de Denver. Ha forjado el término de “aprendiz viso-espacial” y ha buscado herramientas para vencer la invisibilidad de los niños con altas capacidades, tan habitual no solo en las aulas sino también muchas veces en las propias familias.

Hay muchas imágenes que pueden venirnos a la cabeza. Metáforas de algo que parece una cosa que no es. Y que muchas veces es rechazado, negado, temido, subestimado o juzgado negativamente; cuando en realidad representa la esencia misma de una persona y de su identidad más auténtica, y no hay mejor decisión que dejarla libre, permitirle naturalmente fluir.

Podemos pensar en el patito feo. Y en el león cobarde del Mago de Oz. Y en el animal protector invocado con el conjuro Expecto Patronum de Harry Potter. Y en el mito de Superman: un hombre con habilidades extraordinarias camuflado en un personaje torpe y débil. Y también en un dragón dormido.

Y es así. Como tan bien describen las palabras de la autora Linda Kreger Silverman. Hay más de lo que se ve a simple vista. Y hay que saber buscar. Y vivimos enloquecidos y cegados por la rutina y las preocupaciones. Y a eso se suma que muchas veces ni siquiera tenemos ojos ni percepción ni sensibilidad para ver. Para ver realmente lo que tenemos delante en toda su magnitud.

Porque no ver al dragón, no nombrarle, no atreverse a despertarlo, no afirmar que en su interior aloja una fuente inagotable de energía, pasión, certeza y creatividad es imperdonable. Inadmisible. No solo por lo difícil que es para un niño, y para cualquier persona, tener que negar su esencia más verdadera, y por todo lo que ellos se perderán de sí mismos, sino por lo que su entorno cercano, su contexto, la sociedad entera se perderán todo el tiempo que ese patito feo no sepa que es un cisne, que ese león siga creyendo que no tiene suficiente fuerza y valentía. Todo el tiempo que el dragón siga dormido.

“Hay más. Para algunas personas hay más de lo que se ve a simple vista. Cuando uno sabe qué buscar, un don aparece de improviso, expresándose de manera inesperada: en un simple dibujo, en una excusa muy inteligente para no haber hecho la tarea, en un chiste muy audaz, en una pregunta fascinante, en un ingenioso giro en una frase, la absoluta concentración en una actividad, un simple esquema del interior de una calabaza en lugar del exterior, una pasión inquebrantable, un enorme sentido de la justicia, una analítica quietud en medio del caos. Todos ellos cualitativos indicadores de superdotación. Si uno nota que hay algo especial en un niño y le transmite un destello de reconocimiento, el dragón dormido en su interior puede despertarse y comenzar a avivar fuego dentro de su alma.”

Giftedness 101 · Linda Kreger Silverman, PhD

 

 

Ilustración original de Studio Ghibli · El viaje de Chihiro

sin embargo

Sin embargo

By | Crisis Existencial, Mujer, Primera Persona | No Comments

No soy una mujer tonta. Sin embargo, me dejo engañar con mucha facilidad.

No soy una mujer ingenua. Sin embargo, tiendo a confiar ciegamente en los demás.

No soy una mujer superficial. Sin embargo, hay muchas personas que no me toman en serio.

No soy una mujer cobarde. Sin embargo, me dan pánico muchas cosas que el resto de la humanidad hace cada día con absoluta naturalidad.

No defiendo ni recomiendo a las parejas separarse sin buscar ayuda, sin luchar, sin intentarlo; porque la culpa, en realidad, nunca es del otro. Sin embargo, me divorcié.

No me parece saludable que mis hijos tengan dos casas, padres que no se aman, y terminen su infancia viendo como puede desmoronarse una familia. Sin embargo, es el tipo de realidad a la que los expongo cada día.

No soy homosexual. Sin embargo, he llegado a amar profundamente a una mujer.

No estoy a favor de ningún tipo de mentira, hipocresía, ni falta de lealtad. Sin embargo, he sido infiel; y me he enamorado también de un hombre casado.

No me parece bien que una mujer se quede en casa cuidando de sus hijos ; aparque sus sueños, su carrera y apague su vocación. Sin embargo, eso mismo es lo que yo hice durante muchos años.

No creo en ningún dios. Sin embargo, muchas veces activo el pensamiento mágico e intento creer firmemente que algo o alguien me sostendrá cuando caiga o no permitirá que eso ocurra.

No creo en los oráculos ni en la astrología ni en las ciencias ocultas. Sin embargo, me he tirado el tarot, me he leído las manos y he preguntado a mis libros cientos de veces, cuando estoy absolutamente sola, muda, ciega, sorda y perdida ¿qué tengo que hacer?

Abro una página cualquiera y leo al azar la primera frase que veo. La verdad es que muchas veces me he quedado absorta con las respuestas.

¿Tengo que escuchar a mi cabeza o dejarme llevar por el corazón? Y José Donoso, desde el decimotercer renglón de la página 93 de “El jardín de al lado” me responde:

– Hay que defenderse.

Quizás sea una cuestión de desligarme ya de esa necesidad de encajar en alguna definición, en algún epígrafe de todos los disponibles en la cuadrícula del mundo, y sin la menor coherencia ni ansiedad afirmar:

Yo soy solo yo. Y sin embargo…

cerebro bicicleta

Cerebro bicicleta

By | Altas Capacidades | No Comments

Gracias a un artículo que nos compartió una mamá de la asociación hemos conocido la labor de Ian Byrd. Leyendo su página https://www.byrdseed.com/ hay muchas cosas que acabamos de descubrir y queremos compartir. Encontramos una persona que escribe, crea, expone y produce material y vídeos para ayudar a los educadores a mejorar sus recursos a la hora de motivar a sus alumnos con altas capacidades.

Lo primero que nos llamó la atención, y era el eje de la publicación inicial, fue el concepto que utiliza y denomina cerebro bicicleta. Buscando profundizar esta idea descubrimos su página y esta noción era parte de una entrada más completa que hablaba de cómo ciertas imágenes y metáforas pueden ayudarnos a entender más rápida y fácilmente a los alumnos con altas capacidades.

El término cerebro bicicleta estaba empleado para expresar el concepto de límite mínimo de velocidad. Uno puede montar en bici muy muy muy despacio, pero hay un límite de velocidad mínima y es el que, si superamos, nos hará perder el equilibrio y caer inevitablemente. Todo quien haya montado en bicicleta puede entender perfectamente de lo que estamos hablando. Si vamos demasiado despacio, perdemos estabilidad, y en cuanto aceleramos nos sentimos más seguros y recuperamos el control, el rumbo y el entusiasmo.

Lo mismo pasa cuando un alumno está en clase y se le fuerza a ir tan despacio que empieza a perder el control, el rumbo y el entusiasmo y cae, no literalmente al suelo, sino en la distracción y el aburrimiento. Los alumnos con altas capacidades tienen un límite mínimo de velocidad mayor, necesitan moverse más rápido para mantenerse alerta, para estar atentos y para involucrarse con lo que está pasando. De otra manera, desconectan. Y eso puede derivar en una mañana de aburrimiento y distracción, pero a la larga puede transformarse en una desmotivación crónica y falta de sentido e interés, para más tarde, y en el peor de los casos, derivar en aislamiento, ansiedad, rebeldía, depresión o fracaso escolar.

Entonces, antes de juzgar a un alumno con altas capacidades por su falta de atención, por su apatía o sus problemas de conducta, habría que pensar por qué pasa esto y cómo el aburrimiento es como una bicicleta que se mueve demasiado lento, hasta que pierde el equilibrio y se estrella.

El artículo original utilizaba más metáforas, y me parece muy importante compartirlas. Hablaba también de compañeros intelectuales. Se refería a la soledad y el aislamiento que puede llegar a sentir un niño de altas capacidades totalmente fascinado con un tema en relación a sus compañeros de clase. Ponía el ejemplo de un niño apasionado por los dinosaurios en medio de la clase de infantil. Y la diferencia abismal entre su entusiasmo, la profundidad de su sed de conocimiento y las preguntas que se formulaba en relación al nivel general y a los contenidos que estaban aprendiendo en clase. Ni sus compañeros ni los propios profesores tenían interés por seguir su ritmo o inquietud. Esto nos recordó a la noción de disincronía, tan frecuente también, no tanto a nivel interno, cuando la madurez intelectual y la emocional no concuerdan, sino a nivel externo, cuando la edad mental dista enormemente de la cronológica. Así ocurre, que es mucho más probable que un niño con altas capacidades se sienta infinitamente más comprendido y en sintonía y disfrute de la compañía de adultos con quienes compartir, que nutran y acompañen sus intereses, le escuchen y dialoguen, que con sus compañeros de clase que a nivel intelectual pueden hacerle sentir muy solo y fuera de lugar.

Otra imagen que Ian Byrd utilizó para explicar cómo (y no por qué) los niños con altas capacidades podían ser alumnos tan difíciles y tener bajo rendimiento era una simple captura de pantalla de la típica pregunta de test de CI. Cuatro cuadrantes. Tres de ellos con gráficos, parecidos entre sí, pero no iguales. Y el cuarto cuadrante, vacío. No había un orden lineal ni secuencial. Ni siquiera una pregunta. Ni ninguna indicación. Solo un cuadrante vacío y cuatro opciones debajo de cómo llenarlo.

Esa simple imagen consiguió que los niños se interesaran inmediatamente, comentaran sus ideas sobre la lógica a seguir para hacer su elección e intentaran explicar a los demás por qué elegir una opción y no otra. Lo consiguieron muy rápido, sin ayuda y sin reglas. Ese tipo de razonamiento abstracto que combina patrones, pensamiento lateral y deducciones lógicas e intuitivas son típicos de observar en las personas con altas capacidades. Y sí, es cierto, ese mismo alumno que se dio cuenta de esto al instante, también tiene problemas para aprobar los exámenes, llevar una agenda, hacer sus deberes o prestar atención en clase. Pueden ser brillantes, entusiastas y creativos, pero no precisamente en las destrezas y habilidades en las que les miden y evalúan y dentro de los patrones que les exige la escuela.

Seguimos curioseando en la web https://www.byrdseed.com/ y nos encontramos un extenso listado de artículos sobre necesidades sociales y emocionales de los niños con altas capacidades, y una colección de contenidos audiovisuales orientados a profesores y alumnos sobre temas tan diversos como idiomas, escritura, literatura, geometría, pintura en acuarela o etimología científica. Entre las lecciones favoritas encontramos: Cómo crear una criatura, Misión de supervivencia lunar, Rasgos de un personaje, Construcción de analogías creativas y Presentaciones con profundidad y complejidad, entre otras.

Un pequeño detalle es que todo el contenido y la web están en inglés. Esperamos eso no suponga un gran obstáculo. Al final con la expansión del bilingüismo, si no somos los padres serán nuestros hijos los que nos ayuden a aprovechar y compartir todo el material que hay a nuestro alcance.

¡No estamos solos! ¡Hay esperanzas!

 

La página web de Ian Byrd es https://www.byrdseed.com/ y el artículo original con sus tres metáforas para explicar cómo (y no por qué) los niños con altas capacidades no siempre son buenos alumnos https://www.byrdseed.com/three-images-to-explain-giftedness-to-parents/

Imagen editada. Ilustración original Cycology Clothing.

castillo De Naipes

Castillo de naipes

By | Crisis Existencial, Mujer | No Comments

La magnitud de la capacidad de idealización es directamente proporcional al tamaño del dolor, a la profundidad del vacío, a la medida de la desesperación.

Esa facilidad abominable y ridícula para creer, para confiar, para soñar, para construir, para idealizar.

Esa sensación de alegría desbordante. La mística ilusión. La mágica fantasía que nos eleva, nos aligera, nos alza, nos inocula una sobredosis de falsa plenitud es tanto más nítida y rebosante cuanto mayor es la tristeza a contrarrestar.

Así como hace falta quemar mucho incienso para tapar el olor a tabaco, y poner mucho suavizante y perfume y desodorante para tapar el sudor ácido impregnado en las axilas de las camisas, y echar mucho ambientador para tapar el olor a mierda.

Por eso, por todo lo anterior, es muy recomendable mantener las habitaciones ventiladas, la ropa aseada y los baños limpios.

Y el corazón entero. Y el alma en paz. Y la cabeza medianamente en equilibrio.

Para evitar caer en nuestras propias trampas. Para evitar poner en marcha la máquina de idealizar. Para dejar de intentar erigir el castillo de naipes. Para no volver a creer que era cierto.

Por eso, por todo lo anterior, es muy recomendable estar atento, y ser cauto, y -en lo posible- realista. Porque posteriormente, la magnitud del dolor, de la tristeza, de la decepción, crecen exponencialmente en relación a la dimensión inicial.

Y así sucesivamente…

 

asi

Así

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Hay otras maneras de vivir. De hacer. De ser. De pensar. De trabajar. De relacionarse con los otros. De moverse. De existir.

Hay situaciones que nos resetean. Se puede hacer terapia y leer y escribir y pensar y analizar y hablar. Se puede uno imponer conductas nuevas, intentar empezar de afuera hacia adentro cuando parece que de adentro hacia afuera ya no da resultado. Y probar técnicas y cambiar hábitos y desmantelar la rutina y cuestionarlo todo.

Pero solo hay ciertos hitos que verdaderamente consiguen reiniciarnos. Y dejan muy claro lo que fue antes y lo que es ahora y lo que podría ser después. Y no es una construcción mental. Es algo más concreto, casi mecánico. Como esos golpes que les dábamos a los teléfonos públicos cuando parecía que no funcionaban, que no daban el vuelto, que nos tragaban las monedas. Y sí. Al final sí. El último golpe acomodaba alguna pieza y la cosa al fin marchaba.

Hay otras maneras de sentir. De andar. De dormir. De despertar. De mirar. De relacionarse con uno mismo. De quedarse quieto. De respirar. De fluir.

Cuando se lleva un traje por demasiado tiempo, pareciera que la tela se adhiere al cuerpo. Y aunque ni el talle ni la forma ni el color ni la textura ni el corte nos satisfagan en absoluto, nos dejamos definir y nos insensibilizamos. Y seguimos, con infinita dificultad, pero sin cambiar nada.

Qué esfuerzo tan absurdo nos obligamos a hacer para ser parte del mundo. Tiendas de ropa, de zapatos, de accesorios, joyerías, peluquerías, locales de estética, dietética, de uñas de gel, de tatuajes, y concesionarios de coches, y agencias de viajes, y perfumerías, y lencerías, y grandes, enormes, inconmensurables almacenes donde se replican y se reproducen y se erigen más tiendas con sus escaparates y anuncios y descuentos y carteles. Y ¿para qué? Para no ser lo que somos y no parecer lo que parecemos y no existir como deberíamos existir sino de otra manera, de otro ridículo modo que no tiene el menor sentido.

Ese traje que tal vez nos hicieron a medida en la infancia llega un momento que nos asfixia, nos encoge, nos destruye, nos mata, pero ¿cómo nos íbamos a atrever a tirarlo? ¿cómo íbamos a osar despreciarlo? Con el esfuerzo y el amor y el sacrificio y la ilusión y el empeño con que nos lo hicieron y pusieron y abotonaron. A medida.

A veces ayuda pensar que ese traje es mentira. No es más que un disfraz, una especie de muñeco hueco, un títere; puede llegar a ser una coraza, una armadura; puede volverse un ataúd.

Pero hay otras maneras. Lo que a veces ya no soportamos es seguir viviendo, y pensando, y haciendo, y relacionándonos así. Seguir así. Pero no hay un solo así. Hay tantos como el valor y el deseo de romper la inercia nos permitan. Y creo incluso esa angustia, esa tristeza, ese desgano y falta de deseo y de proyecto y de rumbo y de sentido se debe a que llegamos a creer que el así es inamovible, inalterable, indestructible, irrefutable. Y que si renovamos el así no será más que una trampa porque, aunque creamos que estamos cambiando, estaremos replicándolo hasta el infinito. Pero no. Hay otros así. Fuera del riel. Fuera del patrón. Fuera del guión. Fuera del traje. Fuera de la jaula. Hay otros así. Hay múltiples y están ahí, tan al alcance. Y son tan genuinos y posibles y palpitantes como eso que somos una vez que nos quitamos todos los así que venían escritos con la letra de otro y nos atrevemos por primera vez a escribirlo nosotros mismos.

Adolescencia y altas capacidades

By | Altas Capacidades | No Comments

¿Por qué tenemos tanto miedo a la adolescencia? ¿Qué solemos asociar con esta etapa que nos genera rechazo o preocupación? Convivimos con un estereotipo de adolescente que hemos construido en nuestro imaginario y con el que no es fácil relacionarse. Esperamos enfrentarnos con una persona rebelde, esquiva, poco comunicativa, malhumorada, desordenada, que evita las responsabilidades y colecciona suspensos y calcetines debajo de la cama.

Tal vez tengamos un problema de enfoque y, en vez de creer que la adolescencia es una especie de enfermedad pasajera que tiene unos síntomas muy típicos, deberíamos preguntarnos qué lleva a una persona a comportarse de esa manera. Porque la adolescencia es un momento de la vida como cualquier otro y las etiquetas siempre nos juegan malas pasadas. Y en este sentido no deberíamos perder nunca de vista que lo que tenemos delante no es un adolescente sino un ser humano, sufriente y anhelante como cualquier otro.

No vamos a desestimar los cambios físicos, hormonales, emocionales y psicológicos que tienen lugar en un rango determinado de edades, pero quizás abordar el tema con más naturalidad y sin generalizaciones ni prejuicios sea parte de la solución, si es que hace falta alguna.

Creo que si recordamos nuestra propia adolescencia o intentamos ponernos en la piel de un adolescente en este mismo momento, lo que tendremos delante es una carga de responsabilidad que excede la que existía previamente. Mientras éramos niños teníamos permiso o excusa para no hacer o no afrontar determinadas cosas, apenas tomábamos decisiones de peso y había una manera siempre a mano de conseguir atención o indulgencia. Pero entrando en esta etapa hay unas expectativas nuevas desde nuestro entorno que se suman a las internas. Esa vida adulta que se anhela y parece vendrá cargada de libertades y exenta de prohibiciones, resulta que una vez se acerca en el horizonte empieza a mostrar una cara no tan amable y deseada que es la de la responsabilidad. Y hay una sensación de que ha habido algún malentendido porque no podía ser que eso que parecía a lo lejos tan atractivo ahora que se volvía más cercano y palpable viniera con este revés. Salir de la niñez y transformarse en adulto no solamente nos permitirá conducir, beber alcohol (y Red Bull), volver a la hora que sea y tomar nuestras propias decisiones. Salir de la niñez y transformarse en adulto no será solo ganar libertades, sino que nos enfrentará a otros deberes, obligaciones y límites que ya no los aplican los padres y la familia, pero sí la sociedad, el sistema y cada ámbito en el que tengamos que interactuar. Y en este sentido creo que existe una paradoja y una contradicción frustrante en la mente del adolescente y es la lucha interna por el deseo de quedarse con las ventajas de ambas etapas, pero librándose como sea de los inconvenientes. Y la constatación de que eso no es posible de realizar lleva a sentirse de alguna manera enojado y estafado por la vida.

La madurez, un sentido más amplio de la realidad, la complejidad en el pensamiento y la necesidad de encontrar un sentido y un camino en un territorio más palpable y concreto y no ya extraído de la fantasía o el juego, puede por momentos ser abrumador. El pequeño mundo en el que se mueve el niño se expande enormemente y exige hacer elecciones y tomar decisiones que pueden parecer demasiado determinantes como para cometer un error.

Si a este panorama, ya lo suficientemente complejo, le sumamos las altas capacidades, una mayor sensibilidad, complejidad y autoexigencia, pueden hacerlo más difícil todavía. Los adolescentes de altas capacidades tienen un mayor riesgo de fracaso escolar, de depresión, de sufrir acoso, de padecer estrés y ansiedad, y de construir una identidad falsa para protegerse y sobrevivir, con el elevado coste emocional y psicológico que eso supone.

Intentando huir de etiquetas y estereotipos, porque no hay dos personas iguales ni hay una forma estándar de construir una coraza protectora, se suele hablar de dos tipos de mecanismos de protección en los adolescentes con altas capacidades. Y más que ver a cuál se acercan o si usan una mezcla de ambas máscaras, lo importante es detectar las señales y preguntarse qué está pasando y cómo podemos ayudar. Porque sean cuales sean los disfraces o los signos, muy probablemente dentro nos encontremos con un adolescente asustado, incomprendido, triste, que no confía en nadie y no se acepta a sí mismo.

Esos mecanismos que se suelen observar frecuentemente pueden ser, a grandes rasgos, la rebeldía o la timidez. Los que solían ser niños alegres, simpáticos, sociables, activos, entusiastas y participativos, pueden volverse callados, esquivos, serios, apáticos, y abarcar conductas desde desafiantes o agresivas, hasta extremadamente pasivas y desinteresadas, solitarias e introvertidas.

El primer paso para afrontar esta nueva realidad y los miedos asociados, para padres y familias que temen no estar haciéndolo bien, que fluctúan entre endurecer los límites y dudar si están generando más distancia y rechazo, que se frustran por ver delante a esos hijos que aman y que saben lo que son capaces de ser, y verlos día tras día perder el eje y volverse oscuros y apáticos, es recordar que también fuimos adolescentes, quitarles el estigma y tratarlos, ante todo, como personas a las que amamos y respetamos; no olvidarnos jamás de que son nuestros hijos y que gran parte de lo que les pasa no tiene que ver con nosotros sino con su propio proceso de maduración que no podemos cambiar ni gestionar, pero sí acompañar. Que muchas veces es preferible escuchar más y aconsejar menos. Y, sobre todo, no debemos olvidar que cuanto más se enojan, cuanto más nos ignoran, cuanto más se aíslan y cuánto más rebeldes parecen, es cuando más nos necesitan.

perfeccionismo

Perfeccionismo y altas capacidades

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Hoy empieza todo. La primera semana laboral del año tras el festivo de cierre de las vacaciones de navidad, la vuelta al colegio, a la rutina, a las extraescolares, a las obligaciones. Empieza la dieta, la agenda, el calendario, la cuesta de enero, los débitos, las páginas en blanco de los cuadernos y los retos y los planes para conseguir los propósitos de este año. Pero sobre todo empiezan: las expectativas.

Así que vamos a aprovechar este día tan peculiar para hablar de la doble cara de las expectativas y de los riesgos asociados y del estrés adicional que tienen estos días, estas fechas, estos comienzos y toda esta colección de folios y calendarios y páginas en blanco delante para las personas con altas capacidades. Y si todo el mundo sabe lo que es esa especie de sudor frío o temblor interno, esa ansiedad que aparece como una mezcla de nudo en el estómago, opresión en el pecho y dificultad para centrarse; en las personas con altas capacidades esto puede ser infinitamente peor porque no nos olvidemos que hay un enemigo al acecho que en estas situaciones parece que se hace más poderoso y maligno que nunca y se llama: perfeccionismo.

Todos sabemos muy bien lo que es el perfeccionismo. Algunos lo padecemos más, otros menos, pero todos sabemos de qué estamos hablando. Ese afán porque todo esté bajo control, en marcha, en orden, funcionando y sobre ruedas. La necesidad de que las cosas salgan bien, de estar satisfecho con el proceso, pero más que nada con el resultado y de que -para qué mentir- nos lo reconozcan, nos feliciten y nos admiren.

Pero hay que tener mucho cuidado. Porque según las características de la personalidad, del entorno, de la familia y las habilidades de gestión emocional de cada individuo, el perfeccionismo puede ser positivo o negativo. Y no solo se trata de dosis ni de intensidad, sino de ser conscientes de la existencia de una serie de indicadores que nos pueden alertar del tipo de perfeccionismo que tenemos delante.

Hay un error en el que se suele caer muy a menudo y es el de creer que el perfeccionismo es algo inevitable, característico e ingobernable en las personas con altas capacidades. Y eso no es así. Y asumirlo como un rasgo casi de la personalidad, o incluso como algo positivo aunque tenga consecuencias nefastas, puede ser un error que no nos permita encauzarlo, conducirlo o aprovechar sus ventajas, porque sí que las tiene. Y este enfoque parte del reconocimiento de que no existe el perfeccionismo a secas, sino que hay un lado saludable y otro que no lo es. Porque claro que es cierto que, si el nivel de autoexigencia y las expectativas están dentro de un rango alcanzable y realista, aunque suponga esfuerzos e impulse a afrontar constantes desafíos, puede generar satisfacción y ser un gran aliado de la automotivación y de la creatividad. Pero, cuando la presión es demasiado grande y las metas se presentan como inalcanzables, el resultado es que la frustración, el aumento de la ansiedad y la pérdida de autoestima, ilusión, confianza y motivación están aseguradas.

Y en relación con el perfeccionismo asociado a las altas capacidades es interesante analizar que las presiones del entorno, que para otro individuo pueden incidir pero no de una manera tan profunda o determinante; en las personas con altas capacidades, su mayor complejidad de razonamiento, más alto nivel de empatía y mayor sensibilidad, las consecuencias pueden ser peores, llegar más profundamente y producir comportamientos y patrones de conducta poco saludables. En este sentido, el autoritarismo o exigencia de los padres, el entorno competitivo basado en premios y castigos, minado de evaluaciones y donde el error es inaceptable y nefasto del sistema educativo, y la presión social por alcanzar determinados estándares, pueden tener una influencia mucho más grande y negativa en personas con altas capacidades, y fomentar el desarrollo de un tipo de perfeccionismo más negativo.

Hablamos de perfeccionismo saludable o positivo cuando ayuda a ser perseverante, a organizarse, a planificar, pero no pone en duda la valía o la capacidad ante los obstáculos, sino que los problemas, las limitaciones y los errores se consiguen asumir con naturalidad y sirven para aprender y ser más realistas.

Hablamos de perfeccionismo tóxico o negativo cuando las expectativas distan enormemente de la realidad, los errores y obstáculos generan ansiedad y pérdida de interés, se siente miedo al error y cuesta mucho tomar decisiones o confiar en la propia capacidad para afrontar una responsabilidad del tipo que sea. Pero, uno de los indicadores más claros de que estamos ante un tipo de perfeccionismo peligroso es la búsqueda constante de aprobación o reconocimiento ajeno, y la observación de conductas de extrema exigencia y necesidad de control sobre los demás.

Pero, descubrir que tenemos delante, o incluso sufrimos en primera persona, ciertos indicadores de perfeccionismo insano, no debe alarmarnos ni producirnos desasosiego, porque no se trata de un rasgo inamovible de la personalidad, sino que existen estrategias para superarlo y poder utilizarlo como una herramienta para el desarrollo del potencial y no como un inhibidor o un freno.

Atreverse a ver los errores como oportunidades y fuentes de aprendizaje, ser capaz de ver y valorar el propio esfuerzo y capacidad, afrontar retos y animarse a realizar actividades y tareas nuevas y desconocidas, aprender a planificar tareas, ponerse objetivos y ajustar las expectativas a la realidad; son algunas de las ideas y estrategias que pueden reconducir un perfeccionismo limitante hacia otro que ayude a desarrollar el potencial y a tener una imagen saludable de uno mismo y de todo lo que realmente se puede conseguir.

Es importante, además, no perder de vista que debemos huir de las etiquetas y que el hecho de descubrir o asumir un rasgo de perfeccionismo negativo no es ninguna tragedia ni significa que no se tengan otros hábitos o formas de gestión emocional que sean saludables. Los tipos de perfeccionismo son simples indicadores que no determinan ni encasillan ni definen un perfil, sino que simplemente pueden o no estar presentes, alternarse o convivir en una misma persona. Somos seres complejos y multifacéticos, ante todo.

Así que este año, esperamos que la colección de folios y cuadernos y páginas y agendas y calendarios en blanco, nuevos y por estrenar, no nos generen una crisis de ansiedad ni un ataque de pánico (un poco de humor nunca está de más) sino que despierten ilusión y aviven nuestro espíritu entusiasta y creativo.

2019

2019

By | Primera Persona | No Comments

Empezó el año 2019. Y me cuesta escribir 2019. El 9 se me atraganta un poco. La verdad es que todos los años me pasa un poco igual. Me cuesta cambiar la unidad. Así, de un día para el otro. Empiezo a pensar en los calendarios. Se me despierta una infinita curiosidad por los calendarios. Advierto que antes de emigrar me venía más frecuentemente a la cabeza la palabra almanaque; no calendario. Busco la etimología. Me respondo una absurda pero convincente explicación. Almanaque tiene una raíz árabe: “almanáẖ”, que es calendario, y esta deriva del árabe clásico: “munāẖ”, que tiene que ver con las caravanas, porque los pueblos semíticos comparaban las estrellas con las posiciones de los camellos en ruta. No soy ninguna erudita. Esto viene en el diccionario online de la RAE. Y calendario viene del latín: “calendarium”; entonces no me parece para nada disparatado que en Argentina usáramos almanaques y acá calendarios, dado que el español que llegó a América era mucho más andaluz que el español que evolucionó acá y es mucho más latino. Y siguiendo con la curiosidad calendárica y mezclándola con mis propios recuerdos descubro el calendario egipcio y sus doce meses de treinta días, y sus meses divididos en tres periodos de diez días, y sus años divididos en tres estaciones de cuatro meses según las crecidas del Nilo y las actividades agrícolas: inundación, siembra y recolección. Y así el año egipcio tenía tres periodos de cuatro meses que se llamaban -traducidos al castellano- primer y segundo y tercer y cuarto mes de inundación, siembra y recolección. Y así se acababa el año solar y agrícola y sobraban cinco días que no sabían bien cómo adjuntar para completar el ciclo y que llamaron días epagómenos, que, ni más ni menos, fueron los días del nacimiento de los dioses. Osiris, Horus, Seth, Isis y Neftis renacían en esos últimos cinco días del año. Y me pareció muy fuerte que, de pronto, hicieran también resucitar a Jesucristo en la mitología cristiana el día 25 de diciembre ¿no?

Y me quedé con ganas de analizar más profundamente los demás calendarios del mundo antiguo, pero no llegué a precisar demasiado, y aunque el azteca me atrajo infinitamente, y una de las vertientes arqueológicas, además de analizar que los meses duraban veinte días y los años dieciocho meses y había ciclos -una especie de siglos- de cincuenta y dos años, interpreta que esa Piedra del Sol -más comúnmente conocida como calendario azteca- que mide 3.60 metros de diámetro, podría haber sido una plataforma de combate. Y deseé por un momento presenciar uno de esos combates. Combates contra el tiempo. Combates contra la muerte. Combates para que saliera el sol, para que hubiera lluvias, para que los machos pudieran cazar y las hembras parir. Para que la tierra fuera fértil y los alimentara a todos un día más, un mes más, un año más, un ciclo más. Porque la vida es un campo de batalla.

Pero me desvié del tema y empecé a recordar los calendarios y los relojes y los almanaques de mi infancia. Los testigos del tiempo y de los ciclos y de los días. Y recordé que mamá compraba todos los diciembres un almanaque de tela en la mercería. Un almanaque de tela con dos barras de madera. Un almanaque de tela de colgar. Y lo colgaba el día uno de enero en el mismo rincón del comedor. Siempre el mismo almanaque, pero siempre otro. El de ese año. Con sus lunes y sus jueves y sus domingos cada uno en su lugar. Los bordes verdes y unos festones curvilíneos rojos y dorados y un reloj cucú que separaba los dos primeros de los dos últimos números del año con su cresta dorada y florida. 19, cresta dorada y florida, 84. Ese cucú siempre me molestó un poco porque las horas estaban en números romanos y el cuatro eran cuatro palitos. Y yo odiaba que tuviera ese error. Porque el cuatro en números romanos no se escribe así. Y nunca entendí, año tras año, cómo podían volver a imprimirlo igual. Cómo, con toda la gente que seguramente intervenía en el proceso de diseño, logística y estampación, no había nadie que pusiera el grito en el cielo e impidiera continuar con semejante error. En fin. Creo que, a día de hoy, siguen imprimiendo los mismos cuatro palitos.

También había otro calendario en casa, en el primer estante de la biblioteca. Era un calendario perpetuo, de madera, que traía dos cubos con los números en dorado para los días y unas tablitas con los nombres de los meses. Así que doce veces al año uno cambiaba el mes, y cada día, parte del rito matinal, era girar los cubitos para que hoy fuera hoy y no ayer, ni mañana. Había algo místico y necesario en eso. Para mí, debo confesar, era un honor descubrir que nadie había cambiado todavía el número y poder hacerlo yo misma. Sentía una especie de superpoder al transformar, nombrar, hacer de algún modo, en mi ingenua mente de niña, que ese día existiera. Fijarlo. Nombrarlo. Iniciarlo.

Este año se me presenta inédito. No sé si por supervivencia, por necesidad -o por mis dormidas pero conscientes y latentes dotes adivinatorias- pero me da la impresión de que será un año que recordaré. Un año como un hito y un comienzo de un ciclo más largo que 12 meses. Aunque cada día es el principio del resto de la vida y subscribo plenamente a la idea de que el día 1 de enero no tiene nada de especial ni diferente al 13 de marzo o el 29 de abril, tengo la sensación de que está ocurriendo una renovación que excede los meses y los días y los soles y las lunas y los calendarios y los almanaques.

Pero el problema es que se me atraganta el número 9. No sé por qué. No me pasó ni en 2009 ni en 1999. También pienso que no es más que un 6 al revés. Y tampoco me pasó en 2006, ni en 2016. Pero después de 2018, que venga el 2019… me cuesta. Y empiezo a preguntarme si habrá alguien que haya escrito ya un artículo sobre las 10 mejores tipografías para escribir 2019 dignamente. Bellamente. Sin esa bolita espantosa y ridícula que viene en todas las Serif. Pero a la vez sin caer en esa especie de cursi cursiva, o con ese toque infantil de caligrafía hecha a mano que de tan informal se vuelve triste y fingida. Hasta empecé a inspeccionar en la Aerial Bold -que no es la Arial Bold- sino una tipografía hecha con fotos satelitales. Todas las A y las V y los 4 y los 9 encontrados buscando a lo tonto en Google Maps. Pero tampoco me convencieron demasiado. Solo me llevaron a pensar en el tiempo que tiene la gente y la envidia que me dan de que se permiten ponerse a hacer pan y zoom por el globo y las ciudades y los campos y las costas y las megalópolis y las carreteras del mundo buscando letras y números. Divertido. Pero no aliviaron mi desprecio e incomodidad con el número 9. Y después Pinterest. Y después un artículo muy chulo con 55 creativos y únicos y maravillosos y originales diseños de calendarios que tampoco eran para tanto, pero sí que me hicieron sorprender y hasta me impidieron cerrar el navegador porque quería volver a mirarlos detenidamente. Sobretodo uno que para nombrar los meses había inventado frases divertidas y en lugar de January, por ejemplo, ponía: ninJA buNnies rUn neARbY. Y no sé si se entiende, pero creo que sí, y January aparecía en color y el resto de la frase en negro. Y me dieron unas tremendas ganas de inventarme frases donde meter los nombres de los meses en castellano y empecé con entusiasmo por Enero y Febrero: estE No es El primeRO, aunque FuE Bueno cREéRselO. Pero me cansé.

Y de repente, agotada un poco ya de mi absurdo rechazo e incomprensible enemistad con el número 9, me puse a observarlo y tuve una especie de iluminación o epifanía, muy en concordancia con el día de hoy, pero sin ninguna connotación festiva ni católica, ni monárquica ni mágica ni eclesiástica sino como una simple, llana, atea, pagana y republicana revelación. El 8 me dejaba atrapada. No importaba dónde ni cómo lo enfrentara, no había manera de escapar a la espiral, al bucle, a la repetición. Al eterno retorno. A volver sobre mis pasos y repetir patrones y, casi sin darme cuenta, pasar una vez y otra vez por el mismo lugar, en una cinta de Moebius sin fin. Y me reconcilié con el 9. Porque me di cuenta de que, aunque pueda quedarme atrapada en el círculo, existe una salida, una vía. El 9 dibuja un camino alternativo. Que se abre, se desprende. En un momento dado, se bifurca. Así que me deseo -y les deseo, si quieren y pueden y se atreven- aunque nos haga falta dar todavía algunas vueltas en círculo antes de tomar coraje y salir despedidos fuera del bucle, que seamos capaces de transitar la vía alternativa. Deseo que juntemos valor, que rompamos toda inercia y nos atrevamos a explorar ese camino nuevo y por fin descubrir adónde nos lleva.