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El complejo arte de conservar

By | Aranjuez, Arquitectura, Arte | No Comments

La Real Academia Española nos ofrece cinco soluciones para una incógnita: decidir desde qué punto de vista las palabras nos llevarán hasta una perspectiva adecuada ¿Qué significa conservar? Mantener o cuidar de la permanencia o integridad de algo. Mantener vivo y sin daño. Continuar la práctica de hábitos y costumbres. Guardar con cuidado. Preservar en un medio adecuado. Todas, como pasa habitualmente con las familias de acepciones, comparten una idea: la necesidad de proteger. Siempre que ponemos interés en proteger algo es porque existe un valor por el que vale la pena cualquier esfuerzo con tal de que las huellas del uso, el paso irrefrenable del tiempo, la indiferencia o el olvido no apaguen su halo invisible, aquel que lo rodea y hace eterno.
Cuando se reinauguró la pasada primavera la Fuente de Venus en la Plaza de San Antonio en Aranjuez, más conocida como La Mariblanca, se reinició el tiempo. Nos invitó a mirarla otra vez, con nuevos ojos y con atención. Había vuelto a nacer, con sus más de dos siglos y medio de edad, nos enfrentaba al pasado, a la memoria; detenía y atesoraba en el instante presente todo su valor y la magia de todas las miradas que la habían capturado, de cada gota de lluvia, del sonido de campanas y carruajes haciendo vibrar el agua de la fuente, las risas y carreras de los niños, los besos a su amparo, testigo ausente de fiestas y paseos y nevadas y fuegos de artificio.
Venus, por encima de todo. Etérea, vierte sus cántaros y fecunda sin distinción a todos quienes se arrastran, reptiles y caracoles. A aquellos que creen sostenerla, el poder absoluto de rostros como soles, de reyes felinos clavando sus garras en feroz ilusión de poseer torres de piedra y brillantes esferas en un arrebatado intento de adueñarse del mundo como si fuera un imperio.
Venus decide no mirar. Ni a la iglesia. Ni al palacio. Ella solo espera que el horizonte le regale la salida del sol cada mañana. Así es como cuida su permanencia y mantiene su integridad. Como se mantiene viva y sin daño. Y nos guía en la práctica de buenos hábitos y costumbres. Y guarda con cuidado. Y preserva adecuadamente lo que realmente tiene valor y merece ser conservado: el arte, elevado por encima de toda representación de poder.

narciso

Narciso llora

By | Aranjuez, Arte | No Comments

Después de un día de lluvia, caminar por el Jardín del Príncipe en Aranjuez puede regalarnos una experiencia sobrecogedora.
Narciso llora.
Si acompañamos al Tajo bordeando el límite del jardín y superamos la curva cerrada del Museo de las Falúas, se inaugura una perspectiva de plátanos en fuga hacia el sureste y aparece la Fuente de Narciso, escondida entre los árboles.
Muchas veces mis pasos me llevaron a ciegas hasta él. Me encontraba rodeándolo sin conciencia de cómo había llegado otra vez hasta ahí.
El primer día claro después de la lluvia, Narciso llora.
Y yo intento apagar la maquinaria racional que me explica que entre las entrantes y salientes de su cabellera de piedra deben de haber quedado infinitos hilos de agua atrapada que tardará en derramarse, evaporarse, desaparecer.
Yo lo veo llorar. Su rostro, inclinado sobre el vacío, enfatiza la mágica física que atrae las gotas hacia la fuente.
Derramadas entre las cejas, se deslizan por la nariz. Casi le imprimen dolor en la mirada.
Narciso. Perdido en la contemplación de si mismo. Anhelando que ese otro, que no es más que su propio reflejo inalcanzable, le devuelva una mirada atenta y compasiva.
Una mirada que le rescate de su sensación de vacío, transparencia, soledad.