Hay algo que aporta claridad, alivio y aligera el peso que lleva una persona, una familia, un colectivo denominado de ‘altas capacidades’ o ‘superdotado’. Incluso se podría añadir en la lista la palabra ‘gifted’, la manera de llamar a las personas con un coeficiente intelectual por encima de la media en el mundo anglosajón, y que podría traducirse como ‘alguien que recibió un regalo’.

Si me reconozco a mi misma, a mi mismo, o reconozco a mi hija o hijo como alguien que ha recibido un regalo, o alguien con ‘alta’ capacidad o ‘super’ dotado, es bastante difícil que eso no genere una carga y una responsabilidad que me impida vivir con calma y decidir y pensar y validar las propias necesidades y deseos.

Si tengo ‘alta’ capacidad deberé aprovecharla. Si tiene ‘alta’ capacidad deberé fomentarla ¿Alta capacidad de qué? ¿Alta capacidad para qué? Estas respuestas solo debería darlas la propia persona; apoyada, validada, acompañanda, con recursos y con ayuda a su disposición en todos los momentos y ámbitos de su vida. Porque las altas capacidades son una manera de ser, de vivir, de pensar, de sentir, de estar en uno mismo y en el mundo. No son un sombrerito de quita y pon con una pantalla de cristal líquido monocormático que pone: «130» que uno se pone para salir por la puerta e ir al colegio o ir al trabajo. Las altas capacidades las tengo mientras duermo, mientras no consigo dormir, mientras tomo el desayuno, mientras estoy en el supermercado, cuando interactúo con la gente, cuando me detesto frente al espejo por la mañana. Las altas capacidades no son para que quepa mucha información ni para llegar más alto ni más lejos. Ni la superdotación es ningún superpoder que nos obliga a salvar a la humanidad ni a descubrir la cura para las enfermedades autoinmunes ni a crear una máquina de teletransportación. Ni ese don o regalo que recibieron todos los ‘gifted’ de este mundo es algo que los ponga en deuda de por vida y los haga sentir desagradecidos, egoístas o fracasados por no estar haciendo algo extraordinario con sus vidas o encontrando la manera correcta y productiva de ‘abrir el envoltorio’.

Ese algo que aporta claridad y alivio y aligera el peso que llevan las personas y las familias a las que les han dicho que tenían que hacer algo con esas ‘altas capacidades’, con esa ‘superdotación’, ‘talento’, ‘potencial’ o con el ‘regalo’ que habían recibido sin pedirlo y sin saber muy bien si venía con trampa, es la denominación de neurodiversidad o neurodivergencia.

Alivia. Porque abriga, alberga, refugia, abraza, contiene a todas esas configuraciones de mentes, cuerpos, almas y energías de este mundo que se salen de la norma y que desde el minuto cero y desde que recuerdan y desde que son conscientes de existir se han sentido fuera de lugar, fuera de contexto, fuera de tiempo, fuera de si mismos, fuera de este mundo. Porque saben que son distintos y no saben bien ni por qué ni cómo y encima llega un día en que les dicen que han recibido un regalo y a toda esa extrañeza se suma la sensación de haber perdido el tiempo, de tener una gran responsabilidad, de no saber bien qué hacer ni cómo para no defraudar al mundo entero y no desaprovechar su valía y para no quedarse solos y a la vez sintiendo unas ganas desbordantes de que se haya tratado de un error y de poder seguir con sus vidas sin tener que hacer nada especial ni diferente a lo que desean y necesitan. Sin la carga inconmensurable de las expectativas y las posibilidades, exacerbadas hoy en día, inmersos como estamos en una realidad que nos quiere funcionales, productivos, felices y en constante mejora y nos castiga y nos culpa por no conseguir algo más, algo mejor, algo especial, algo reseñable, algo excepcional, algo útil, algo innovador, algo verdaderamente genial como si hubiéramos pasado a formar parte de la obsolescencia programada junto con las lavadoras, los coches, los ordenadores y los móviles. Y mientras nos privan, además, de nuestras necesidades básicas a la vez que nos responsabilizan por no dar con los medios adecuados ni suficientes para conseguirlas.

Hoy es 14 de marzo, una vez más, como todos los años. Pero en vez de decir Feliz Día de las Altas Capacidades, recordar el número pi, el nacimiento de Albert Einstein o la muerte de Stephen Hawking, lo que nos gustaría es visibilizar y sensibilizar acerca de la necesidad de aceptar, respetar y apoyar a las neurodivergencias para que el único y gran regalo que sientan que han recibido es el de su libre albedrío y el del derecho a ser quienes son sin cargas, sin exigencias y sin expectativas más que las que ellos mismos quieran y necesiten en sus vidas.

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