Category Archives: Mujer

Sara Facio

Llueve

By | Arte, Mujer, Primera Persona | No Comments

Llueve. Siempre que llueve es en Buenos Aires. Me despiertan las gotas golpeando sin ritmo la baranda metálica del balcón del lavadero. Y me levanto nostálgica. Y porteña, aún con todo un océano de por medio. Y abro la ventana para respirar esa humedad que me es tan necesaria y que me transporta.

No soporto el ventilador del CPU, ni que arranque la heladeraꓼ la tos del vecino, los dedos en las teclas. Me detengo. Solo quisiera escuchar la lluvia. Y nada más.

La lluvia en Buenos Aires tiene el olor de la tierra y los jazmines y las rosas. Del café, de las tostadas. Tiene la radio encendida y un trapo debajo de la puerta. Tiene el pelo mojado y los vidrios empañados y lo impregna absolutamente todo.

La lluvia en Buenos Aires es una foto en blanco y negro. La gente corre. Cuerpos impermeables sin cabeza. Paraguas negros. Las botamangas mojadas en los charcos. Las piernas mojadas por los colectivos y los taxis que pasan y salpican toda esa agua que no cabe en los desagües. Es el ruido de las ruedas sobre el asfalto mojado. Es quedarte apretado entre los desconocidos al amparo de una cornisa hasta que pare, hasta que cambie el semáforo, hasta que se haga tarde. Porque no hay paraguas que resista. Y ya se te calaron el abrigo y las botas.

La lluvia en Buenos Aires es una foto de Sara Facio en un libro de tapas duras.

Sara Facio es la culpable de esa imagen que tenemos impresa en la retina. Esa fotografía en sepia que perfila nuestra primera asociación a tantos nombres. Nuestro retrato mental de Pizarnik, Cortázar, María Elena Walsh, Borges, Mercedes Sosa, Neruda, Sábato, García Márquez, Astor Piazzolla.

Ella misma sintetiza su obra fotográfica con estas palabras:
“Lo que yo hago en fotografía es para lograr que el día que yo me muera no digan que se murió una vaca, sino que se murió una persona que vio eso. Y lo que yo vi está en mis fotos. Como si dijera: ésta es mi ciudad, mi gente, la que admiro, la que me gusta. Ese es mi canon.” Sara Facio (Argentina) · 18 de abril de 1932.

Ojalá cada uno de nosotros pueda llegar a hacer lo que tiene que hacer. Pueda tener suficiente valor y certeza para conseguirlo. Ojalá cuando cada uno de nosotros se muera exista al menos una persona que pueda decir: esto es lo que esta persona sintió, lo que pensó, lo que escribió, lo que vio, lo que hizo, lo que dio.

Ojalá podamos inspirar a alguien. Ojalá podamos haber sido lo que teníamos que ser, a pesar de todo.

mujer-loba

No está en Internet

By | Crisis Existencial, Mujer, Primera Persona | No Comments

No está en Internet.

Probé muchas maneras de buscar. Pero no lo encuentro.
Incluso probé traduciendo al croata, pero no pude con las búsquedas posteriores para entender qué había dentro de cada enlace.

Estoy intentando recordar el cuento de la loba y el lobo que me contaba mi abuela Luisa todas las noches que me quedaba a dormir en su casa.

Siento que hay algún tipo de huella profunda, un mensaje importante en ese cuento, y necesito recordarlo para entender. Tengo la sensación de que hay una llave que abrirá algo fundamental dentro de mi y que mientras no recuerdo el cuento, me está velado. Quizás esté tan cerca y sea tan fácil dar con la respuesta. No sé si ya le pregunté a mi hermana o a mi mamá si recuerdan el cuento. Yo solo lo busco en Internet. Y me estrujo el cerebro intentando oír a mi abuela Luisa susurrándolo cada noche. Pienso que está en mí, en algún lugar. Tengo la necesidad de encontrarlo en mi memoria. Como tantas otras cosas imprescindibles y necesarias que sé que hay en mí, que están, y no doy con la manera de llegar a ellas.

El cuento era sobre una loba. Recuerdo perfectamente las imágenes que yo construía en mi cabeza cada vez. Tenía el cuento ilustrado en mi pantalla mental. Oía los sonidos del bosque. Todo era muy oscuro. El bosque era negro. La loba era negra. El lobo era negro. Los árboles eran negros. El cielo era negro. El suelo era negro. Y solo se oía a los lobos huir. Huir de un grupo de humanos. De hombres que habían comido en una casa, que habían robado, que habían bebido. Pero no me queda claro si los lobos también habían robado, habían comido, habían bebido en esa casa. O era el lobo el que había robado y comido y bebido en esa casa y entonces huían y la loba tenía que librarse de él. Tenía que huir de los hombres, pero tenía que huir del lobo también. Lo que sí recuerdo perfectamente es que la loba elegía un lugar del bosque en el que dormirían. Elegía muy sutil e inteligentemente un claro cerca de un precipicio. Y aprovechando la oscuridad y el cansancio y la borrachera del lobo lo ayudaba a recostarse del lado del barranco. Y ya acostados lo iba moviendo con la excusa de que hacía calor, de que estaba incómoda, de que él olía a vino, de que estaba roncando. Y después de varios pequeños empujones conseguía que el lobo se cayera por el precipicio ¿Quién iba a sospechar de ella, en un bosque tan oscuro, con un lobo tan borracho?

Desde estos retazos de palabras y voces e imágenes que me trae la historia de la loba y el lobo me pregunto si ese cuento croata existe o mi abuela se lo inventó. Pienso en esa sensación de seguridad que me daba la repetición. Yo no quería que abuela me contara otro cuento diferente. Ese ya me lo sabía y solo quería que me lo contara otra vez. Y otra vez. Ese cuento que debo de haber oído cientos de veces y ahora no consigo recordar.

Interpretando con mi psiquis de hoy pienso en esta fábula como una narración cargada de abuso y violencia y maltrato. Y en la inteligencia y la calma y la sutileza con que debe obrar la víctima que huyendo del peligro solo puede encontrar la solución en medio de la oscuridad, de la soledad, en el abismo.

Podía ser feliz y sentirme segura con muy poco. Podía merendar cada tarde un tazón de café con leche con galletitas criollitas. Podía jugar con una sola muñeca fofoleta de color marrón. Podía mecerme en la misma hamaca de madera y hierro. Moler fideos para sopa en el molinillo de café. Y leer el mismo libro de la expedición a la Antártida. Y escuchar el mismo cuento. El mismo cuento cada noche. El mismo cuento que ahora no consigo recordar.

Ahora nos cansamos de todo. Nada nos satisface. Nunca es suficiente. No alcanzan las cosas. No alcanzan las actividades. No alcanza el dinero. No alcanzan las relaciones. No alcanzan las personas. No alcanza el placer. No alcanza el tiempo. No alcanza la batería. No alcanza la señal. No alcanza la vida. Todo se queda corto.

No creo que hayamos perdido la capacidad de ser felices con un solo libro, y un solo tazón, y una sola muñeca, y un solo columpio, y una sola abuela, y un solo cuento.

Tal vez eso sea lo que estoy intentando recordar y no puedo. Esa capacidad. Está en mí. Y no la encuentro.

No está en Internet.

igualdad

Educar para la igualdad

By | Altas Capacidades, Mujer | No Comments

El 8 de Marzo se celebró el Día de la Mujer. Y miles de personas en todo el mundo salieron a la calle para ser vistas, para ser oídas, para hacer historia, para luchar por la igualdad.

Porque mientras no exista verdadera igualdad habrá que hacer un esfuerzo extra para generar conciencia, para romper estereotipos, para conseguir salvar todas las brechas y abrir todas las puertas. Para erradicar cualquier tipo de violencia y para que ya no haga falta salir a la calle ni dar ninguna explicación. Porque mientras no exista verdadera igualdad habrá que seguir contrarrestando una realidad cargada de acciones, mensajes y situaciones que están ya tan normalizados que creemos son totalmente inofensivos, pero no lo son.

Les compartimos una selección de vídeos, libros, películas y biografías que nos han parecido muy valiosos y motivadores y pueden ayudar a trabajar la igualdad porque invitan a tomar conciencia, porque dan herramientas para mirar la realidad desde otra perspectiva, porque fomentan el pensamiento crítico, porque enseñan con el ejemplo, porque inspiran.

Nos parece muy importante aclarar que esta selección que compartimos no es para educar a las niñas. Es para educarnos a todos. Niñas, niños, madres, padres, abuelos, abuelas, maestros, maestras.

Porque todos necesitamos entender, fomentar y construir la igualdad.

Juntos.

 

Vídeos

 

Brecha salarial

¿Cómo reaccionan los niños ante una retribución desigual después de realizar el mismo trabajo?

https://youtu.be/L_fZun-_QnQ

 

Brecha de sueños

¿Cuánto más grave que la brecha salarial es que una niña ni siquiera sueñe, ni se atreva a desear ser lo que quiere ser?

https://youtu.be/S3_DDLGIpaM

 

Estereotipos de género

Desde muy pequeños los niños ya tienen asociado el género a la profesión.

https://youtu.be/pJvJo1mxVAE

 

Dale una bofetada

¿Cúan absurdo puede ser para un niño imaginarse ejerciendo violencia sobre una niña?

https://youtu.be/Rn4PVsKXE5k

 

Libros

 

El diario violeta de Carlota – Gemma Lienas

Carlota recibe por su cumpleaños un regalo especial. Su abuela le regala un diario violeta y la anima a ponerse unas imaginarias “gafas violetas” para observar situaciones cotidianas que, aunque parecen normales e incuestionables, resultan totalmente injustas y discriminatorias. El diario violeta de Carlota invita a reflexionar y cuestionar la situación de la mujer. Nos ayuda a pararnos a pensar y detectar cuándo pensamos, hacemos y decidimos libremente y cuándo, sin darnos cuenta, actuamos según unos modelos impuestos que colocan a la mujer en una posición de inferioridad.

carlota

Querida Ijeawele o Cómo educar en el feminismo – Chimamanda Ngozi Adichie

Este libro nació de la petición de una amiga que acababa de tener una hija y le pidió a Chimamanda consejo para su educación en la igualdad. Ella le respondió entonces en una entrada de Facebook que más tarde se convirtió en un texto más extenso: 15 consejos para educar a su hija. Y que valen tanto para ella como para que todas las madres y los padres reflexionen sobre cómo han sido criados y qué quieren transmitir a sus hijos.

«En lugar de enseñarle a tu hija a agradar, enséñale a ser sincera. Y amable. Y valiente. Anímala a decir lo que piensa, a decir lo que opina en realidad, a decir la verdad. Dile que si algo la incomoda se queje, grite.»

Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes – Elena Favilli y Francesca Cavallo

Este libro cuenta las historias de vida de 100 mujeres valientes que se atrevieron a soñar, a romper estereotipos, a saltarse las normas, a ser libres, a luchar cada día por ser quienes eran de verdad y no lo que quisieron hacerles creer que podían o debían ser.

Los chicos y las chicas – Brigitte Labbe y Michel Puech

Dentro de la colección Piruletas de Filosofía este título invita, con un lenguaje claro y directo, a reflexionar acerca de las diferencias entre los sexos y cómo hay algunas naturales y reales mientras otras son impuestas y aprendidas.

piruletas

Películas

 

Estos tres largometrajes de animación de Studio Ghibli, dirigidos por Hayao Miyazaki, nos muestran -como la inmensa mayoría de sus películas- protagonistas femeninas valientes, autosuficientes y con una gran confianza en si mismas; seguras de seguir su instinto y luchar por sus principios. Ellas construyen fuertes e incondicionales relaciones de amor, complicidad y confianza con un compañero que nunca es su salvador sino su igual; y dan un maravilloso ejemplo diametralmente opuesto al que se ofrece en la versión del amor romántico de los cuentos clásicos o las películas de Disney.

 

Kiki, la aprendiz de bruja

La princesa Mononoke

El viaje de Chihiro

 

La historia de Alicia en el País de las Maravillas, tanto en sus múltiples versiones literarias como en las cinematográficas (la más maravillosa de ellas -muy subjetivamente hablando- la versión de Tim Burton) también es un ejemplo de protagonista femenina valiente y decidida a seguir sus sueños y romper con los estereotipos.

 

 

Biografías

 

Aunque las colecciones de biografías todavía necesitan equilibrar el número de vidas de mujeres en relación al de personajes masculinos, estas dos, orientadas a público infantil, sí que tienen una selección interesante.

 

La colección Me llamo presenta personajes universales. Destinada a público juvenil, cada libro trata una figura de la historia, de las ciencias, del arte, de la cultura o del pensamiento.

 

Me llamo…Cleopatra

Me llamo…Agatha Christie

Me llamo…Marie Curie

Me llamo…Ana Frank

Me llamo…María Callas

 

La colección Otras Princesas presenta mujeres latinoamericanas que escribieron su propia historia en la vida real y no en un cuento de hadas. Mujeres pioneras que trascendieron los límites de su época.

 

Otras princesas…Frida Kahlo

Otras princesas…Clarice Lispector

Otras princesas…Alfonsina Storni

 

Imagen editada de la portada del libro El amor y la amistad (Brenifier – Després)

sin embargo

Sin embargo

By | Crisis Existencial, Mujer, Primera Persona | No Comments

No soy una mujer tonta. Sin embargo, me dejo engañar con mucha facilidad.

No soy una mujer ingenua. Sin embargo, tiendo a confiar ciegamente en los demás.

No soy una mujer superficial. Sin embargo, hay muchas personas que no me toman en serio.

No soy una mujer cobarde. Sin embargo, me dan pánico muchas cosas que el resto de la humanidad hace cada día con absoluta naturalidad.

No defiendo ni recomiendo a las parejas separarse sin buscar ayuda, sin luchar, sin intentarlo; porque la culpa, en realidad, nunca es del otro. Sin embargo, me divorcié.

No me parece saludable que mis hijos tengan dos casas, padres que no se aman, y terminen su infancia viendo como puede desmoronarse una familia. Sin embargo, es el tipo de realidad a la que los expongo cada día.

No soy homosexual. Sin embargo, he llegado a amar profundamente a una mujer.

No estoy a favor de ningún tipo de mentira, hipocresía, ni falta de lealtad. Sin embargo, he sido infiel; y me he enamorado también de un hombre casado.

No me parece bien que una mujer se quede en casa cuidando de sus hijos ; aparque sus sueños, su carrera y apague su vocación. Sin embargo, eso mismo es lo que yo hice durante muchos años.

No creo en ningún dios. Sin embargo, muchas veces activo el pensamiento mágico e intento creer firmemente que algo o alguien me sostendrá cuando caiga o no permitirá que eso ocurra.

No creo en los oráculos ni en la astrología ni en las ciencias ocultas. Sin embargo, me he tirado el tarot, me he leído las manos y he preguntado a mis libros cientos de veces, cuando estoy absolutamente sola, muda, ciega, sorda y perdida ¿qué tengo que hacer?

Abro una página cualquiera y leo al azar la primera frase que veo. La verdad es que muchas veces me he quedado absorta con las respuestas.

¿Tengo que escuchar a mi cabeza o dejarme llevar por el corazón? Y José Donoso, desde el decimotercer renglón de la página 93 de “El jardín de al lado” me responde:

– Hay que defenderse.

Quizás sea una cuestión de desligarme ya de esa necesidad de encajar en alguna definición, en algún epígrafe de todos los disponibles en la cuadrícula del mundo, y sin la menor coherencia ni ansiedad afirmar:

Yo soy solo yo. Y sin embargo…

castillo De Naipes

Castillo de naipes

By | Crisis Existencial, Mujer | No Comments

La magnitud de la capacidad de idealización es directamente proporcional al tamaño del dolor, a la profundidad del vacío, a la medida de la desesperación.

Esa facilidad abominable y ridícula para creer, para confiar, para soñar, para construir, para idealizar.

Esa sensación de alegría desbordante. La mística ilusión. La mágica fantasía que nos eleva, nos aligera, nos alza, nos inocula una sobredosis de falsa plenitud es tanto más nítida y rebosante cuanto mayor es la tristeza a contrarrestar.

Así como hace falta quemar mucho incienso para tapar el olor a tabaco, y poner mucho suavizante y perfume y desodorante para tapar el sudor ácido impregnado en las axilas de las camisas, y echar mucho ambientador para tapar el olor a mierda.

Por eso, por todo lo anterior, es muy recomendable mantener las habitaciones ventiladas, la ropa aseada y los baños limpios.

Y el corazón entero. Y el alma en paz. Y la cabeza medianamente en equilibrio.

Para evitar caer en nuestras propias trampas. Para evitar poner en marcha la máquina de idealizar. Para dejar de intentar erigir el castillo de naipes. Para no volver a creer que era cierto.

Por eso, por todo lo anterior, es muy recomendable estar atento, y ser cauto, y -en lo posible- realista. Porque posteriormente, la magnitud del dolor, de la tristeza, de la decepción, crecen exponencialmente en relación a la dimensión inicial.

Y así sucesivamente…

 

se acaba

Se acaba

By | Crisis Existencial, Mujer | No Comments

El año se acaba.
El otoño se acaba.
El día se acaba.
El café y el tabaco y el arroz y los huevos y la leche y los plátanos y el pan y el azúcar se acaban.
El dinero y la gasolina y la tinta y el papel y el gel de ducha y la pasta de dientes se acaban.
El amor se acaba.
El tiempo se acaba.
El odio y la tristeza y el dolor y la alegría y el hambre y la sed y el deseo y el sueño y la energía y la calma se acaban.
El ruido y el silencio y la música y la compañía y la soledad y el insomnio y el cansancio se acaban.
Y todo se vacía y se agota y se caduca y se desecha y se estropea y se rompe y se descarta y se tira y se acaba.
Y la vida sigue.
Y el ciclo se reinicia.
Y vuelta a empezar.

alta capacidad y genero

Alta capacidad y género

By | Altas Capacidades, Mujer | No Comments

La conferencia de la Dra. en Psicopedagogía Rosabel Rodríguez inaugura las V Jornadas sobre Altas Capacidades: “La diversidad dentro de la alta capacidad”. Empezar el ciclo de ponencias con una exposición sobre género no es una decisión menor. Atendiendo a la diversidad, hablar de altas capacidades es observar detenidamente la complejidad que puede haber dentro de cada individuo. Tendientes como somos a intentar etiquetarlo y categorizarlo todo; concienciar, sensibilizar, detectar y diagnosticar un individuo es importante y necesario a la hora de atender a sus necesidades, pero no debe hacerse sin prestar atención a todo lo demás. Y muchas veces ese “todo lo demás” involucra otras variables que también necesitan ser atendidas y luchan para hacerse visibles. En medio de toda esta muñeca rusa de nombres y perfiles y entramados lo más importante de todo es recordar que lo que tenemos delante siempre es una persona; una persona compleja que no encajará nunca en un patrón, y que necesitamos evaluar y con la que tenemos que atenernos a unos protocolos, pero cuyas necesidades, la totalidad de ellas, están insertas en una realidad compleja y se refieren a múltiples ámbitos. En cuanto a la problemática de género, la visión sobre las altas capacidades debe ampliarse y afrontar el reto de romper mitos y abrirse paso aún con más fuerza.

La conferencia comienza con un simple ejercicio que Rosabel nos propone y es decirle a la persona que tenemos sentada a nuestro lado una mujer que haya ganado el Premio Nobel. En todo el auditorio no se ha oído pronunciar otro nombre que no fuera: Marie Curie. Solo nos acordamos de ella. Y está claro que se lo merece. Es la única mujer que ha ganado dos premios Nobel. Y cuya hija también obtuvo uno. De 935 premiados, solo 51 han sido mujeres. De 118 años de premios, 80 ha habido sin premiadas mujeres. Nadie en el auditorio conoce a Donna Strickland. Vemos su foto en pantalla, leemos su nombre, pero no sabemos quién es. Ella ganó el Premio Nobel de Física este año. Donna ya había ganado el Premio Nobel y sin embargo seguía sin haber una entrada en la Wikipedia sobre ella. Se ve que el perfil de esta brillante científica no era lo suficientemente notable como para estar en Wikipedia, donde las biografías femeninas no llegan ni siquiera a representar un 18% del total. Imagino que a nadie se le ocurrirá intentar dar una explicación dudando de su capacidad intelectual.

Y esto si nos movemos solo en el territorio de los premios Nobel. Pero más de lo mismo encontraremos entre los arquitectos, artistas, compositores, científicos, cineastas. Nadie recuerda el abrumador talento musical de la hermana de Mozart, de apellido Mozart también, desde luego. Y tantas abuelas y madres nos han extasiado con sus dones culinarios. Pero, ¿cuántas fueron chefs internacionales? Y tantas mujeres han tejido, bordado, cosido; han vestido con amor y dedicación a toda su familia. Pero, ¿cuántas de ellas fueron reconocidas diseñadoras de moda? Imagino que a nadie se le ocurrirá intentar dar una explicación dudando de su creatividad y talento.

Lo que nos tiene que dar esperanza y alivio es afirmar que el motivo, que la verdadera explicación es cultural. No es un problema intrínseco. Podemos cambiarlo. Debemos cambiarlo.

Cada día, día tras día, desde la infancia, las mujeres recibimos infinitos mensajes sobre lo que somos, lo que deberíamos ser, lo que se espera que seamos, lo que tenemos, lo que debemos, lo que estamos obligadas a pensar, sentir, decir, hacer, desear. Lo que estamos obligadas a ser. Y en algunos casos intentar ir contra eso no solo es difícil. A veces ni siquiera se nos ocurre, porque no lo vemos. Y otras veces es mejor que no se nos ocurra porque puede llegar a ser imposible, impensable, incluso estar prohibido.

Una noticia de hace apenas unos días atrás: Galicia prohíbe la obligación de llevar faldas a las niñas que usan uniforme para ir al colegio. Estamos en 2018. Y nos parece una locura ¿no es cierto? Y deberíamos pensar: No puede ser que haya que prohibir esto. Pero claro, hay que prohibirlo, porque de momento ¡es obligatorio!

Rosabel propone otro simple ejercicio: Si buscamos “gifted children” o “superdotados” en Google y filtramos imágenes ¿con qué nos encontramos? Pizarras, fórmulas matemáticas, niños con gafas vestidos con elegancia y formalidad, grandes lectores, violinistas, campeones de ajedrez, niños con lamparitas encendidas alrededor de su cabeza, pequeños bebés con los pelos y los bigotes de Einstein. Estereotipos. No encontramos otra cosa que absurdos estereotipos. Y muy pocas niñas.

Hay algunos datos que son abrumadores. Por ejemplo, entre los 6 y los 12 años, el número de alumnos diagnosticados con altas capacidades no muestra una brecha muy llamativa en relación al género. Un 52% de chicos y un 48% de chicas aproximadamente. Pero cuando llegamos a la adolescencia la diferencia crece significativamente. Entre los 12 y los 16 años las chicas solo representan un 30% del total. Imagino que a nadie se le ocurrirá intentar dar una explicación refiriéndose a la pubertad o a las hormonas sexuales. La razón es muy dolorosa. Ya están apagadas. Ya están adiestradas. Se han vuelto invisibles. En todos esos años que lo niños escuchaban mensajes del tipo: dilo, no te calles, muévete, hazlo; ellas solo recibían: tranquila, cálmate, ya pasará, no lo hagas, no preguntes, no sobresalgas, no llames la atención, no lo digas, no pienses eso.

A partir de los 12 años ¿dónde están las chicas? ¿dónde están las mujeres de altas capacidades?

Están ahí. Ahí sentadas. Quietas. En su sitio. Calladas. Hacia dentro. Están ahí. En el mismo lugar que estuvieron siempre. Invisibles.

Sumado al enorme y aplastante sistema social y cultural que opera de manera extrínseca hay un factor intrínseco muy poderoso que puede ser muy determinante y es la autoconfianza, la autopercepción. La falta de confianza en uno mismo es mayor en las personas con altas capacidades, mayor aún en la pubertad, y mucho mayor, y acrecentada por el entorno y sus mensajes y expectativas, en las mujeres.

Cuando una chica triunfa, ya desde el entorno escolar, recibe más habitualmente el mensaje de que es porque se ha esforzado mucho. Los chicos parecen conseguirlo simplemente por su talento, por su capacidad. Tanto chicos como chicas tienden a valorar positivamente a las mujeres de su entorno, sus abuelas, tías, sus madres, las profesoras, por sus cualidades emocionales y afectivas, por su empatía, cercanía y disponibilidad. Pero cuando se pregunta por la inteligencia, la valoración se hace generalmente sobre los padres, abuelos, profesores. Esa misma idea proyectan las chicas sobre si mismas. Lo que se valorará en ellas son sus habilidades sociales, afectivas, emocionales e interpersonales por encima de todo. Este constructo opera con la misma fuerza que la frase “Querer es poder”. Pues “No querer es no poder”. Las mujeres no quieren ser brillantes, no quieren ser inteligentes, no quieren ser talentosas, no quieren ser exitosas. Nadie las admirará por eso. A menos, claro está, que cumplan primero con todo lo demás. Pero ese “todo lo demás” es un lastre muy grande. Y para poder ser buena, atenta, entregada, dulce, amorosa, estar disponible, cuidar de los demás y a la vez ser brillante en tu profesión y en tu carrera, creativa y talentosa en el área que te apasione; no queda otra opción que ser una Supermujer. Una especie de heroína de ciencia ficción que tiene la habilidad de multiplicarse, o que se mete en una cabina de teléfono y se transforma en un segundo en lo que haga falta y puede parar el mundo mientras da varias vueltas al planeta tierra para frenar el tiempo y salvar a toda la humanidad de la catástrofe (y salir viva).

Los factores extrínsecos no hace demasiada falta revisarlos. Aunque son los que se han encargado de, gota a gota y minuto a minuto, crear, alimentar y propiciar todas las creencias que han calado tan hondo que a veces es difícil reconocer que no eran internas. Están tan profundamente arraigadas que son verdad como si hubieran venido impresas en el ADN. La familia, la escuela, la sociedad han erigido los estereotipos y los han reproducido hasta el infinito y hasta el hartazgo. Y han calado. Y calan, cada día.

Y para que esto cambie hay que contrarrestar. Y sí que hay cambios. Que se gestan. Se llevan a cabo. Hay mas conciencia y más iniciativas. Pero la inercia es descomunal. Hay una enorme falta de modelos a los que seguir. Rosabel nos muestra algunos videos y diapositivas que nos recuerdan cómo y cuánto hemos normalizado los estereotipos. La campaña Redraw the Balance de la iniciativa Inspiring The Future nos muestra cómo ya en la escuela primaria cuando los niños y niñas imaginan médicos, bomberos, pilotos; siempre imaginan hombres. Al final de la experiencia entran tres mujeres al aula con su ropa de trabajo y los niños se asombran. Llegan a gritar: ¡Están disfrazadas!

Video: Redraw the Balance

Al no tener modelos que imitar y al estar rodeadas de estereotipos y mandatos limitantes las chicas, además de atreverse a tener altas capacidades y salir de ese asfixiante armario con plena confianza en sí mismas, tienen que ser valientes, fuertes. Tienen que abrirse camino, ser pioneras, porque no tienen modelos a seguir dentro de un mundo donde la justicia y la igualdad, por muy absurdo que suene, no abarcan a las mujeres.

Lo que también es muy frecuente y desconcertante es la cantidad de mensajes contradictorios que se producen. Porque se dicen cosas, pero luego se hacen otras. Y se piden cosas, pero luego no se llevan a cabo. Y se alientan y se fomentan cosas, pero no se traza el verdadero camino para que puedan hacerse realidad.

Las mujeres no solo se enfrentan a techos de cristal, también pisan suelos pegajosos. Esos suelos pegajosos donde están sus hijos, sus padres, sus parejas, y ese deber y esa necesidad de atenderles siempre, porque así nos han educado, y porque lo llevamos clavado en las entrañas. Y si conseguimos el apoyo y la ayuda suficientes para subir los peldaños uno a uno de nuestra vocación, de nuestra profesión, de nuestro trabajo, intentando desarrollar nuestro talento, ahí nos encontramos el techo de cristal: la sociedad no confía con tanta soltura los puestos de responsabilidad, los proyectos complejos, los cargos directivos a las mujeres ¿Por qué? Porque seguramente tendrán hijos, maridos, padres, familias enteras que atender y no podrán responder como se espera, no estarán a la altura, no lo darán todo. Pero mejor así. Mejor que no se les ocurra darlo todo por su profesión, porque lo que sería admirable y ovacionado en un hombre, seguramente se miraría con desconfianza o se juzgaría sin piedad en una mujer. Porque sí, se nos anima a brillar y realizarnos, pero nunca jamás bajo ningún concepto se nos permitirá dejar de ser buenas, guapas, tranquilas, sensibles, abnegadas y compasivas.

En 2012 la Comisión Europea lanzó una campaña dentro de su programa de mujeres en la investigación y la innovación, que pretendía animar a las adolescentes a estudiar ciencias. Science: it´s a girl thing! se llamó y a través de un video viral de 0:52 minutos de duración no hizo otra cosa que dejar en claro cómo el machismo está en el hueso y no importa el lema ni la intención; la ideología más sexista y vergonzosa chorreaba por los cuatro costados. Si esas niñas, esas jóvenes que debían atreverse a estudiar ciencias, tenían que sentirse identificadas con las mujeres del video, la batalla estaba perdida antes de empezar. Las supuestas científicas parecían salidas de una película de 007. Tacones, bellísimas piernas desnudas, cinturas de avispa, abundante maquillaje. Ellas, peinadas de peluquería y dirigiendo miradas, gestos y actitudes seductoras al único ser humano que parecía verdaderamente centrado en su trabajo: un hombre, desde luego. Las chicas tiran besos, se ríen, se distraen, se sorprenden. Son tan adorablemente superfluas y sexis. Porque la ciencia es cosa de chicas, pero claro, la “i” de la palabra Science, no se lo pierdan, es una barra de labios.

Video: Science: it´s a girl thing!

Por suerte, las estudiantes de psicología y neurociencia de la Universidad de Bristol expresaron su indignación y respondieron con otro video que ojalá hubiera sido tan viral como el primero porque parodia con altura y cinismo cada uno de los absurdos clichés de la campaña oficial.

Parodia graduadas Universidad de Bristol

Solo podremos hablar de igualdad el día que cada niña, cada adolescente, cada mujer pueda decidir libremente y sin barreras lo que quiere hacer de su vida, de su carrera, de su profesión. El día que cada niña se libre de la infinitud de mensajes que intentarán construir de manera efectiva y desde dentro la indefensión aprendida. El día que cada niña imagine su vida adulta con plenitud y con éxito, sin suelos pegajosos ni techos de cristal. Y para eso los primeros pilares en los que deben apoyarse es en modelos, personas de referencia que configuren ejemplos reales y no idealizados, ejemplos de que sí se puede. Trabajar la autoestima, la autoconfianza, rodearse de un entorno en el que dejar de ser invisibles, en el que salir de la crisálida, sabiendo que pueden, que tienen derecho y que han nacido para volar.

Gracias Rosabel Rodríguez por tu pasión, por tu calidez, por tu talento y por construir el camino, por abrir una maravillosa ventana donde solo parecía haber un sólido e infranqueable muro ¡Gracias!

paranoia

Paranoia

By | Crisis Existencial, Mujer, Primera Persona | No Comments

Tengo una cierta tendencia a la paranoia.
Creo que se debe a la determinante y magna importancia que le doy a la mirada del otro.
El paisaje desde mi ventana puede volverse una instantánea cargada de observadores, jueces, testigos.
Si solo fueran los vecinos que aparcan en la calle que nace ante mis ojos en la base de la carpintería metálica y acaba en el STOP en mayúsculas, itálicas, negritas, condensadas; no sería tan preocupante.
La siguiente categoría incluye a los gatos y las palomas. Después, coches, bicicletas, humanos indistinguibles de a pie que cruzan la cuesta que abarca el primer paño de vidrio y la mitad del segundo. Caminan con sus piernas enmarcadas por la serie de cuadrados y rombos que materializan la reja encargada de impedir que se desbarranquen por el terraplén de pastos secos y acaben a los pies con ruedas de los contenedores de basura.
Estos testigos tampoco son tan preocupantes.
Pero hay más.
Esta tarde todas las chimeneas me parecen suricatas. Suricatas petrificados. De ladrillo. De piedra. De chapa galvanizada. Humeantes suricatas.
Esta tarde los frentes de las casas me miran. Con los ojos abiertos de par en par. Acechantes. Con los párpados a medio cerrar. Cansados. Y si cierran los ojos. Si cierran los ojos es para no verme. Es por mí. Es por mí y para mí que mantienen selladas las persianas.
El cíclope no duerme. Nunca duerme. Un enorme ojo circular con pestañas radiales de revestimiento de ladrillo simulado.
Dos pequeñas ventilaciones de desagüe sobre la fachada más alta me miran desde lejos como diminutos ojos negros. La cara sucia y pálida no deja de asombrarse; la boca abierta, rectangular, vertical.
Salientes de terrazas y balcones como hocicos, toldos flameantes como labios que vibran, silban, susurran.
Cada rama que se mece solo dibuja dedos. Cientos de dedos en lentas decenas de manos de un verde ya mustio que me señalan mientras marcan con cadencia el compás cada minuto.
Esa tendencia absurda a significarlo todo.
Alguna vez pensé que la paranoia al final no es más que un estúpido intento de sentirse ridículamente importante.
Alguna vez pensé que la paranoia al final no es otra cosa que la necesidad desmedida de acabar con esa sensación de insignificancia, transparencia.
Alguna vez creo he llegado a escribir; la paranoia es la medida exacta, la negación más burda del miedo a la soledad.

mamá

Mamá

By | Crisis Existencial, Mujer, Primera Persona | No Comments

Mamá.
La primera palabra que decimos.
Es difícil que yo no pueda escribir, y sin embargo me está pasando en este mismo momento.
Mamá. Solo me suena esa palabra en la cabeza.
Y no puedo pensar nada más. 
Solo siento, añoro, imagino. No llegan las palabras.
Solo me atraviesan recuerdos, sensaciones, emoción.
Mamá.
Cómo desearía esta mañana estar en Argentina, juntas en la cocina, poniendo la mesa y preparando el tuco para los mostacholes. Y que fueran muchos platos sobre el mantel. No quiero contar en mi cabeza el número de platos que quisiera que sean. Y poner la bandeja verde de plástico y la jarra de agua, y la canasta de mimbre con las galletas marineras y el platito metálico de postre con el queso provolone, y la cucharita de mango azul. Y abrir un vino tinto -aunque ya sabés que prefiero la cerveza- y decirle a papá que a ver cuándo se acaba la carrera y apaga la tele.
A veces creo que lo consigo, sí que lo intento, pero no sé realmente. Uno nunca sabe si lo está haciendo bien. Pero puedo decirte que espero que Fran y Sofía tengan este mismo estado mental y emocional si me tienen lejos y quieren desearme un feliz día y solo les vienen imágenes y recuerdos y emociones difíciles de ordenar y les cuesta ponerse en palabrasꓼ porque las palabras son lo que menos les representa, aunque constituyan el territorio en el que se mueven habitualmente con más fluidez. Espero que cualquier frase y cualquier saludo y cualquier idea se les quede insuficiente como me está pasando ahora mismo a mí. Y solo quieran estar en mi cocina, poniendo la mesa y esperando con ansias tenerme cerca y ayudarme con algo y compartir el domingo y sentarse a comer y hablar y reírse y desear una sobremesa eterna de estar, simplemente estar. Porque mamá es un lugar en el que uno desea estar. Mamá es un lugar más que una persona. Mamá es un lugar más que una palabra. Mamá es un lugar que nos define y al que siempre estamos profundamente llamados a volver para sentirnos otra vez seguros y amados y tranquilos y en casa.
Feliz día mamá. Mamá. Qué bien me hace atreverme a repetir ese sonido en mi cabeza, y no buscar palabras ni razones. Solo dejarla sonar. Y sentir y recordar y añorar y emocionarme.
Mamá.