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Altas capacidades en primera persona

By | Altas Capacidades, Primera Persona | No Comments

Les voy a ser sincero. Es difícil hablar de esto de las altas capacidades en primera persona.

Me da un poco de vergüenza, me hace sentir incómodo, no me gusta tocar el tema y muchas veces prefiero que nadie lo sepa.

¿Por qué debería avergonzarme? ¿o sentir miedo de lo que piensen los demás?

La mayoría de las personas no sabe muy bien lo que significa que tenga altas capacidades, y como hay tantas ideas equivocadas al respecto, enseguida me empiezan a preguntar cosas y a creer que soy un bicho raro.

Y yo soy simplemente un niño. Como todos los demás.

Todos tenemos algo diferente y especial. A veces nos gusta, a veces no nos gusta nada. Pero no queremos sentirnos bichos raros. Queremos ser quienes somos, y también ser como los demás.

Queremos ser queridos, respetados y valorados. Así, tal y como somos.

Sin vergüenza, sin miedo y sin esconder nada.

 

¿Qué son las Altas Capacidades?

 

Cuando hablamos de altas capacidades no nos gusta que crean que tenemos un cartel en la frente con un numerito al lado de las letras CI. Ni que piensen que tocamos el piano, el violín, somos genios de las matemáticas, tímidos, frikis, que leemos el diccionario en los ratos libres y lo sabemos todo sobre los dinosaurios. Cuando decimos altas capacidades hablamos de una manera diferente de pensar y sentir el mundo. Nuestro cerebro funciona de otra manera, y eso hace que nuestra forma de aprender, sentir y relacionarnos con los demás sea distinta de lo habitual ¿Y por qué se les llama altas capacidades? Porque sí es cierto que a veces para algunas cosas nuestra sensibilidad, nuestras reacciones, nuestra velocidad de razonamiento, intensidad, concentración, complejidad, empatía o nivel de conciencia es más alto de lo normal, es mayor. Pero esto no debería interpretarse como “mejor”. Como no es mejor ser alto que bajo, ni es mejor ser diestro que zurdo, ni rubio que pelirrojo, ni tener la voz grave o aguda, o la piel blanca o morena. El cerebro de las personas con altas capacidades es simplemente así. No se elige ni es algo de lo que avergonzarse o sentirse orgulloso.

 

Hipersensibilidad

 

Cuando era muy chiquito no soportaba ir a la feria de atracciones. Había tanta gente, tanto ruido, tantos olores, tanto movimiento, tantas luces, que simplemente no lo soportaba. Me sentía muy agobiado, estresado, saturado. Era horrible.

La primera vez que fuimos a un concierto en vivo no podía parar de moverme. La música era tan hermosa, el ritmo, la armonía entre los instrumentos. Toda esa energía me atravesaba y no podía dejar de mover las piernas y los brazos. Me era tan difícil quedarme sentado en la silla ¡Debería haberme levantado y haber bailado como loco!

También me pasó una tarde que fui al circo y una bailarina fue bajando lentamente desde el techo hasta un estanque de agua al ritmo de una música muy suave. Me invadió una tristeza infinita y no pude contener las lágrimas.

También sufro inmensamente cada vez que tengo que cortarme las uñas. Me duele peinarme y no soporto las etiquetas de la ropa, me vuelven loco. Esas que te rozan el cuello ¡las corto siempre con furia!

Si hay alguna comida que no me gusta en la mesa, pido que la pongan bien lejos. Porque si no se me hace insoportable. O se va el queso azul o las habas salteadas de la mesa…o me voy yo. Y no es que sea un tiquismiquis. Es que mi sensibilidad es mayor y lo que a ustedes les parece normal y tolerable a mi puede resultarme realmente agobiante e insoportable. Imagínense si les aumentaran el volumen y la intensidad a todo lo que olieran, vieran, oyeran, saborearan y tocaran ¿Cómo lo podrían tolerar?

A veces me distraigo con un simple ruidito que nadie más puede oír, y me cuesta mucho concentrarme si están hablando, escuchando música o si el vecino está regando las macetas o moviendo los muebles de lugar…

Mi cabeza nunca para. A veces me cuesta mucho dormirme. O necesito dormir demasiado. Mi cerebro es como una máquina imparable. Y muy habitualmente, si alguna cosa me gusta mucho, puedo llegar realmente a obsesionarme. Imaginen todas las ramas, ramitas y pequeños tallos de un árbol llenos de una cosa. Eso puede ser genial, porque podemos volvernos realmente expertos en algo; pero también abarca tanto nuestra atención que puede hacer que pierda sentido todo lo demás. Las cosas más básicas y necesarias como comer, tomar agua, ir a hacer pis, lavarme los dientes, vestirme para salir, estar en un lugar a una hora determinada…se vuelven algo nefasto…porque me desconectan de “eso” que realmente colma todas mis expectativas. Las rutinas del día me cuestan. No me parecen algo normal ni necesario. Me parecen aburridas, una pérdida de tiempo, la razón por la cual -y la mayoría de las veces sin ninguna recompensa- tengo que dejar de estar con mis sentidos al 100%, cosa que me hace muy feliz pero que no consigo muy fácilmente.

 

¿Cómo descubrí que tenía Altas Capacidades?

 

Cuando empecé primero de primaria los profes llamaron enseguida a mis papás. Creían que algo no iba bien. No podía estar mucho rato quieto. Movía mucho los brazos, me levantaba, hablaba todo el tiempo, hacía bromas a mis compañeros. En otros momentos, si me quedaba quieto es porque estaba aburridísimo o medio dormido encima de la mesa. Me distraía mucho y no me enteraba demasiado de lo que había que hacer. Mis papás estuvieron de acuerdo en que me hicieran unas pruebas para ver si tenía algún problema de atención. Las pruebas me parecieron muy divertidas. Me lo pasaba genial con Paco haciendo juegos y resolviendo acertijos. Al final descubrieron que lo que me pasaba era que mi cerebro funcionaba de una manera especial. Uno solo puede vivir en su propio cerebro. No sabe como piensan o sienten los demás. Y para uno, ser, sentir y pensar así es lo más normal del mundo. Pero es un poco desconcertante que a los demás les parezca que somos raros o que tenemos algún problema. Gracias a Paco descubrimos que mi manera de ser no tenía nada de malo. Digamos, por ponerle un nombre, que la razón por la que me portaba así era porque tenía altas capacidades. Mi cerebro funciona de una manera diferente y eso hace que algunas cosas que a otros les gustan a mí me aburran, y las que a otros les aburren, tal vez a mí me flipan. Pero eso nos pasa un poco a todos ¿no?

 

¿Por qué no me gusta que me llamen “superdotado”?

 

Es un poco incómodo. Cómo se responde a la pregunta ¿así que sos superdotado? Es que las palabras tienen una historia y un por qué, y a veces suenan de una manera que hace que sean muy fáciles de malinterpretar. No me gusta pensar que soy “súper”, como si fuera un superhéroe o algo así, algo superior a todo lo demás, o extraordinario. Tampoco me gusta lo de “dotado” porque, aunque en realidad no quiere decir otra cosa que tener unas ciertas condiciones o cualidades para algo, eso es verdad para todos nosotros. La gente enseguida cree que tengo algo que los demás no tienen y me hace mejor o superior. Prefiero pensar y prefiero que los demás piensen que soy diferente. Ni mejor ni peor. Cuando me miro a mí. Cuando miro a los demás. Cuando los demás me miran. Porque no estaría bien que el más alto de la clase se sintiera superior a los demás. O el más bajo. O el más rápido en las pruebas de educación física. O el más memorioso cuando hay que aprender una poesía o una fórmula matemática. O el más atento cuando el profe pregunta algo o un compañero no se siente bien. No somos mejores o peores. Somos diferentes y tenemos que sentirnos bien, así como somos, sin pensar ni sentir que somos más ni mejores, menos ni peores que nadie. Conocer nuestras capacidades y no tener vergüenza es importante, pero no para mirar a los demás por encima del hombro, sino para usarlas para el bien de todos, y formar un gran equipo; en el cole, en nuestra familia, en nuestro grupo de amigos y el día de mañana en nuestro trabajo y dentro de la sociedad. Yo creo que todos tenemos altas capacidades ¿saben? Lo que pasa es que las tenemos en cosas diferentes. Cada uno tiene que descubrir la suya.

 

Expectativa vs Realidad

 

Si tenés altas capacidades deberías tener todos sobresalientes.

No. No es verdad ¡Es un gran error!

Las personas con altas capacidades solamente pensamos de otra manera y eso hace que muchas veces la forma en que nos enseñan las cosas en el cole nos resulte rara o difícil. Hay cosas que las aprendo super rápido. Y hay otras que me llevan mucho tiempo. Porque yo lo hubiera razonado de otra manera muy distinta. Y ese esfuerzo extra de adaptarme a cómo me enseñan las cosas, a veces me lleva tiempo.

Cuando estaba en tercero de primaria nos enseñaron las tablas de multiplicar. Y a mí no me gusta aprender las cosas de memoria, y como no me gusta no se me da bien. Necesito entender por qué. Así que me llevó muchos meses entenderlas. Iba muy lento. Muchos compañeros a la semana siguiente de empezar ya se las sabían. Y yo me acuerdo de que a veces me iba fatal en los exámenes porque no los llegaba a terminar. Hasta donde llegaba, tenía todo bien, pero no conseguía terminar ni la mitad de los ejercicios. No me sabía las tablas. Las pensaba, cada vez.

Cuando estaba haciendo las pruebas con Paco para ver por qué me portaba así en clase me dio algunos problemas de lógica que tardé mucho en resolver. Y él apuntó en el informe: había varias formas de resolverlo, algunas más rápidas, más simples, más fáciles. Él inventó un método novedoso. Le llevó mucho más tiempo y esfuerzo, pero llegó al resultado correcto.

 

Si tenés altas capacidades entonces deberías poder decirme ahora mismo… ¿cuánto es 1.000.000/52?

No. Que tenga altas capacidades no significa que sea una calculadora con pies. Ni que pueda hacer cálculos matemáticos en segundos. Mi cabeza no es un ordenador. Simplemente toma caminos extraños. A veces atajos sencillos, y otras, caminos llenos de obstáculos para poder llegar a un resultado o una conclusión. Además, no todas las personas con altas capacidades tienen las mismas habilidades ni los mismos intereses. Quizás a algunos se les den muy bien las matemáticas, pero a otros no.

 

Si tenés altas capacidades entonces debes tocar bien el piano ¿o el violín? ¿Y a que sos un campeón del ajedrez?

No. Y mil veces no. No todos tenemos los mismos gustos e intereses. Y mientras algunos pueden tocar maravillosamente un instrumento musical o dominar algún juego de estrategia y lógica, hay quienes tienen talento para las artes, las palabras, los deportes o son muy creativos y originales para inventar cosas o para resolver problemas y acertijos. Que tenga altas capacidades no significa que tenga un alto rendimiento en todo.

 

Si tenés altas capacidades entonces no necesitás clases de apoyo, que el profe te ayude, o que te lo explique otra vez.

No. No es así. Si algo me parece muy fácil, me aburre, lo abandono. Si me parece demasiado difícil me genera una gran frustración, porque soy muy perfeccionista. Me gustan los retos. Descubrirlo a mi manera, a mi ritmo y a la profundidad que me apetezca. Y los contenidos que hay que aprender no siempre son así. A veces hay que aprender solo una cosa, y no darle muchas vueltas. A veces hay que aprender algunas cosas de memoria para poder seguir, sin liarse demasiado pensando en por qué o para qué. Otras veces no puedo ir a mi ritmo porque el examen es ¡mañana! y no me da tiempo de resolverlo todo. Otras solo veo un montón de datos en una página que hay que recordar y si no entiendo dónde, cómo, y para qué ¡me cuesta muchísimo!

 

Si tenés altas capacidades seguro sos friki, rarito, tímido, nervioso, pesado, solitario, engreído, listillo, cabezota, sabelotodo…

No. No es así. Y me hace mucho daño que me digan eso. Que lo piensen. Que lo vayan diciendo a mis espaldas. Soy tan raro como cualquiera. Soy tan diferente y tan igual a los demás como cualquier otra persona. Algunas cosas se me dan réquete bien, y otras fatal. En algunas cosas soy genial y en otras un desastre. Para ciertas actividades soy ágil y para otras super lento. Para unas hábil y para otras, torpe. Hay tareas que me resultan muy fáciles y otras difíciles. Y unas divertidas mientras otras un aburrimiento total ¿No somos todos así?

¿No tendríamos que tener todos derecho a ser quiénes somos sin vergüenza, sin miedo y sin pensar que nos van a señalar o apartar, o a poner una etiqueta que no queremos que nos pongan, simplemente por ser como somos?

 

En primera persona

 

Tengo altas capacidades.

Tengo ojos grandes y pelo negro.

Soy alto y flaco.

Me gusta llevar el pelo largo.

Hablo español.

No creo en Dios.

Tengo la piel blanca.

Soy extranjero.

Odio el reguetón.

Amo el Roblox.

Pero ¿qué importa todo eso?

Soy yo. Soy un niño.

Y eso es todo lo que quiero que vean y piensen cuando están conmigo.

 

¿A que no lo sabías?

 

“Su rendimiento y sus resultados son insatisfactorios. No asimila bien. Las notas donde apunta sus experimentos están confusas. A menudo se encuentra perdido porque no escucha. Insiste en hacer las cosas a su manera. Me ha llegado la noticia de que quiere ser científico. Me parece algo ridículo. Si no puede ni siquiera aprender las bases de la biología, no tiene posibilidades de desempeñar el trabajo de un especialista. Sería una pura pérdida de tiempo para él y para los que deban enseñarle.”

Eran las palabras de un profesor hablando de John Gurdon, Premio Nobel de Medicina.

El profesor de Albert Einstein escribió: “Este chico no llegará nunca a ningún sitio. Es lento. Reflexiona demasiado antes de contestar a una pregunta. No consigue aprender nada de memoria. No entiende las reglas y las órdenes. No le gusta el deporte. Siempre está aislado.”

Muchos años después Einstein respondería con una frase muy controvertida…

“La educación es lo que queda después de que uno ha olvidado todo lo que aprendió en la escuela.”

El astrofísico Stephen Hawking confesó sobre sus años de formación: “sentía un gran aburrimiento y tenía la sensación de que no merecía la pena esforzarse.” Aprendió a leer recién con ocho años. No le gustaba que le explicaran como hacer las cosas. No entendía los métodos. Su mente funcionaba de una manera completamente diferente a las demás.

Los maestros de Charles Darwin dijeron: “es un chico que se encuentra por debajo de los estándares comunes de inteligencia. Es una desgracia para su familia.” Su propio padre lo consideraba vago y demasiado soñador: “Mi hijo no piensa en otra cosa que en la caza y en los perros.”

La madre de Thomas Edison dejó de llevarlo al colegio para educarle en casa. El profesor decía que era “un chico mentalmente enfermo, confuso, inestable y embrollón.”

Giuseppe Verdi no fue admitido en la Escuela Superior de Música de Milán porque decían que adoptaba una postura incorrecta de las manos sobre el piano.

Leonardo da Vinci empezaba investigaciones sobre tema diferentes y después se frustraba y las abandonaba. Nunca fue a la escuela y los que lo conocieron pensaban que era lento, desordenado e hiperactivo.

¿Se imaginan qué triste, cuánto nos hubiéramos perdido si todos ellos se hubieran quedado pensando que eran demasiado diferentes para hacer algo bueno por este mundo? Perezosos, inútiles, inadaptados, indisciplinados, distraídos, malos estudiantes, soñadores, confusos, inestables, rebeldes, solitarios…

Todas las personas tienen una dosis de talento, pero hace falta fuerza de voluntad, motivación y muchas ganas de trabajar para desarrollarlo. Autoconfianza, disciplina y un plan de acción. Hay que encontrar el equilibrio justo para que esa estructura de control, dirección y trabajo guíe y sirva de apoyo sin ser demasiado rígida o limitante. De otra manera puede llevar al fracaso, generar mucha frustración e impedir el óptimo desarrollo de las potencialidades. La educación emocional y el desarrollo de las habilidades sociales son fundamentales para fortalecer la personalidad y mejorar la autoestima, la autodisciplina y la automotivación.

 

Desintegración Positiva y altas capacidades

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Hablar de Desintegración Positiva y altas capacidades supone definir conceptos complejos, partir de una base de conocimiento sobre terminología, postulados y teorías desarrolladas por los investigadores Dabrowski y Piechowski fundamentalmente, y estructurar esa información ordenadamente para comprender y concluir cómo partiendo de la observación de ciertas características, conductas y reacciones se llega a un desarrollo evolutivo de la personalidad que está más potenciado en las personas con altas capacidades.

Lo primero que hace falta definir es ¿Qué es la Desintegración Positiva? y ¿Cómo se relaciona con ese potencial de desarrollo y con una sobre excitabilidad e intensidad innatas e inherentes a las altas capacidades?

La Desintegración Positiva es una teoría, desarrollada por el psicólogo y psiquiatra polaco Kazimier Dabrowski, que afirma que la evolución de la personalidad desde un estado carente de autoconciencia y básicamente egocéntrico e individualista hacia uno en el que el individuo no solo supera el egocentrismo inicial sino también las expectativas externas tanto a nivel individual, familiar y social, y se dirige hacia un estado de desarrollo pleno guiado por la empatía, la plena conciencia de si mismo y la búsqueda de fines altruistas, genuinos y universales, solo se puede conseguir a través de un proceso de desintegración. El individuo debe replantear y deconstruir los pilares sobre los que se han fundado sus acciones y pensamientos, y repostularlos en un sentido nuevo que excede su propia satisfacción, e incluso las demandas emanadas del medio social, y se orienta hacia unos fines superiores imbuidos de un valor humano, universal, abstracto y altruista. Se le llama positiva porque, aunque es un proceso en el cual es inevitable atravesar profundos conflictos internos de diversa índole, el resultado es una integración nueva, evolucionada y positiva de la personalidad, hacia la cual las personas con altas capacidades tienen una predisposición y un potencial mayor que debe ser comprendido y apoyado.

Llegado a este punto, el vértice de contacto entre la Desintegración Positiva y las altas capacidades, es importante destacar que la teoría ilumina y oxigena la visión y manera de abordar no solo el diagnostico sino el significado y las profundas y complejas implicaciones que pueden tener esa serie de conflictos, pensamientos, reacciones, dinámicas y sensibilidades propias de los individuos con altas capacidades y que suelen desatenderse y etiquetarse no solo de manera errónea sino contraproducente.

Si partimos de la afirmación de que sin desintegración no puede haber evolución de la psique. Si descubrimos que, a mayor excitabilidad y mayor intensidad, más potencial de evolución tenemos delante. Si nos atrevemos a pensar que sin una serie de profundos replanteos y conflictos internos sobre la imagen de uno mismo y la relación con el entorno, y sobre lo que se es y lo que se debería lograr ser, y cómo esa lucha se define casi como una paradoja dentro del plano familiar, educativo, social y económico, porque el objetivo hacia el que se dirige el deseo y la necesidad de ese ser que intenta aflorar no cumple de ninguna manera con las expectativas externas ni con las internas heredadas, aprendidas y sustentadas. Si replanteamos esa primera y segunda y tercera impresión y prejuicio que solemos tener cuando nos enfrentamos a emociones intensas, pensamientos complejos, dinámicas psicomotrices y sensitivas infrecuentes y difíciles de controlar; a conflictos existenciales y a más dudas y más incertidumbres y más miedos que a ese imaginario funcional y equilibrado, perfectamente en marcha y dando respuestas correctas y esperables y seguras y entusiastas. Si podemos atrevernos a mirar de otra manera todos esos condicionales podremos de pronto redefinir todas esas connotaciones supuestamente negativas, todos los tabúes, todos los eufemismos, todas las etiquetas, todos los prejuicios, y evolucionar ¿Y si todas esas señales que creíamos preocupantes, inaceptables, obstaculizadoras, no fueran otra cosa que signos de un proceso positivo, de un irrefrenable desarrollo, rasgos inequívocos de evolución? ¿Si toda esa aparente desintegración del individuo en conflicto fuera absoluta e irrefutablemente positiva? Esas son las preguntas que nos plantea la teoría de la Desintegración Positiva de Dabrowski.

En cuanto a su relación con las altas capacidades, Dabrowski llega a la conclusión de que las personas con mayor sobre excitabilidadhipersensibilidad e intensidad tienen un potencial considerablemente mayor de evolución. Y que la combinación de esa intensidad, sensibilidad y potencial de desarrollo son claros indicadores de alta capacidad intelectual. Y abre y expande y complementa la mirada tradicional sobre el diagnóstico, los test de CI, las herramientas de evaluación y las respuestas a las necesidades asociadas a la superdotación, enriqueciendo y ampliando la manera de abordar las altas capacidades a nivel individual, interpersonal, familiar, escolar y social.

Al igual que las investigaciones de Elaine Aron sobre hipersensibilidad generan un profundo alivio y ayudan a aceptar y comprender que esas conductas supuestamente inadecuadas, inaceptables, rechazadas, que narran lamentablemente demasiadas historias en primera persona sobre incomprensión y soledad, y en las que las personas altamente sensibles han llegado a sentirse locos, trastornados, absolutamente inadaptados, aislados y ajenos a este mundo; eran simplemente un rasgo, una cualidad, un don del cual valerse y con el cual vivir plenamente y sin permitir más etiquetas ni juicios. La teoría de la Desintegración Positiva de Dabrowski echa luz y abre una nueva perspectiva ante ciertos indicadores, no solo de alta capacidad intelectual e hipersensibilidad, sino del verdadero significado y potencial de ese enjambre de conflictos, incomodidades, replanteos y contradicciones que habitan en el cuerpo y la mente de ciertas personas. De pronto, descubrir que esa sensación de duda, sufrimiento y la instintiva necesidad de redefinirlo todo a un nivel profundo, casi ajeno a este sistema y a las normas y expectativas establecidas, no era un signo de inadaptación, debilidad o incapacidad. No entrañaba peligro. No era algo de lo que había que curarse. No era un trastorno de personalidad ni un déficit ni un riesgo. Era un claro signo de evolución, de potencial, un hito en el camino hacia el autoconocimiento y el nacimiento de un ser auténtico, verdadero, sensible, consciente y altruista.

Si te ha interesado la teoría de la Desintegración Positiva te recomendamos leer esta entrada con una síntesis del texto de Raquel Pardo de Santayana, especialista en altas capacidades, publicado por la Universidad Complutense de Madrid sobre las aportaciones, los conceptos fundamentales, estadios y dinamismos sobre los que se funda la teoría de Dabrowski. El texto completo puede leerse aquí.

Un artículo comentado sobre las características, pero también implicaciones a nivel individual y social, de la teoría de la Desintegración Positiva puede leerse aquí.

Y para saber más sobre las personas altamente sensibles y los estudios de Elaine Aron sobre hipersensibilidad y altas capacidades visita esta entrada con las experiencias del último ágora de padres y familias de la Asociación Pitágoras.

Hipersensibilidad

Alta sensibilidad y altas capacidades

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En este artículo abordaremos un tema fundamental: la relación entre alta capacidad y alta sensibilidad. Las personas con altas capacidades son también, con enorme frecuencia, personas con alta sensibilidad. Nutridos por las investigaciones de Elaine Aron, psicóloga y escritora, autora del libro “El don de la sensibilidad” comenzaremos respondiendo un test orientativo para conocer el grado de hipersensibilidad que tenemos o tienen nuestros hijos y cómo afecta su relación con el entorno y su propia percepción de sí mismos.

Compartimos el cuestionario, porque creemos que puede ser revelador. Como hablábamos en otros artículos del blog sobre las altas capacidades y la importancia del diagnóstico, en este caso sucede algo muy similar. Saber qué es la hipersensibilidad y reconocerse ayuda a afrontar, comprender, aceptar y vivir plenamente desde la conciencia de estar en posesión de un don que la sociedad y las propias represiones individuales y colectivas han hecho que sea visto y señalado como una patología, un defecto o una debilidad. Cuando en realidad es todo lo contrario.

  1. Tengo la sensación de ser consciente de cosas muy sutiles en mi entorno
  2. Me afecta el comportamiento de los demás
  3. Suelo ser muy sensible al dolor
  4. En los días ajetreados, suelo tener necesidad de retirarme, echarme en la cama, buscar una habitación en penumbra o cualquier otro lugar donde pueda encontrar algo de tranquilidad y alivio frente a tanta estimulación
  5. Soy particularmente sensible a los efectos de la cafeína
  6. Me abruman fácilmente las luces brillantes, los olores fuertes, los tejidos bastos
  7. Los ruidos fuertes me hacen sentir incómodo/a
  8. Tengo una vida interior rica y compleja
  9. Me conmueven profundamente las artes y la música
  10. Soy muy concienzudo/a
  11. Me asusto con facilidad
  12. Me agobio cuando tengo muchas cosas que hacer en poco tiempo
  13. Cuando alguien se siente a disgusto en un entorno físico, suelo saber lo que podría hacer para hacerle sentir más cómodo
  14. Me molesta que los demás pretendan que haga demasiadas cosas a la vez
  15. Me esfuerzo mucho por no cometer errores u olvidarme de algo
  16. Suelo evitar las películas y series de televisión violentas
  17. Me resulta desagradable la sobreestimulación que me provoca el ajetreo a mi alrededor
  18. Los cambios en la vida me conmocionan
  19. Suelo percibir y disfrutar de las buenas esencias, sabores, sonidos y obras de arte
  20. Para mi tiene mucha importancia disponer mi vida de modo que pueda evitarme situaciones perturbadoras
  21. Cuando tengo que competir o ser observado/a en la ejecución de una tarea, me pongo tan nervioso/a e inseguro/a que termino haciéndolo peor de lo que podría hacerlo
  22. Cuando era niño/a, mis padres o mis profesores me solían ver como una persona sensible o tímido/a

Una mayoría de respuestas verdaderas es un claro indicador de que estamos ante una persona altamente sensible. Entre los presentes, todos coincidimos en nuestra mayoría de afirmativos, incluso llegando a responder sí a todas las preguntas.

Ya introducidos en el tema, comentaremos la relación entre alta capacidad y alta sensibilidad, que según las investigaciones de Elaine Aron y Kazimierz Dabrowski, van asociadas con mucha frecuencia.

Dabrowski habla en términos de sobreexitabilidad y distingue 5 formas de sensibilidad en las personas con altas capacidades. Las sensibilidades motora o psicomotorasensitivaemocionalimaginativa e intelectual.

La hipersensibilidad o sobreexitabilidad motora se manifiesta en forma de entusiasmo, vitalidad, inquietud, energía desbordante y un punto de impulsividad. Una mirada superficial y desinformada puede derivar en un diagnóstico equivocado de hiperactividad o déficit de atención (TDAH) en niños de altas capacidades especialmente sensibles en sus funciones motoras.

En el área intelectual se despliega con avidez, curiosidad y una gran agilidad, originalidad y agudeza en la manera de buscar, adquirir y procesar la información para transformarla en conocimiento.

La alta sensibilidad sensitiva abarca los cinco sentidos y puede observarse en su manera de interactuar y reaccionar a todo tipo de estímulo, ya sea visual, táctil, olfativo, auditivo o gustativo. La intensidad con que se vive un sabor, un olor, un sonido, una textura, una forma o un color puede desencadenar en sobreexitabilidad. Eso explica los casos de baja tolerancia al dolor, el enorme placer o desagrado asociado a ciertas comidas, la facilidad con que pueden emocionarse en la contemplación de una obra de arte y la gran facilidad para distraerse ante un estímulo que para el común de la gente pasa desapercibido.

En cuanto a la hipersensibilidad imaginativa se observan con frecuencia complejidad en el habla, gran facilidad para comunicar a través de metáforas, gran abstracción mental y capacidad para soñar despiertos o inventar mundos paralelos, amigos imaginarios, historias inverosímiles cargadas de detalles realistas y convincentes. Este matiz dificulta enormemente la adaptación de las personas altamente sensibles a los métodos educativos convencionales y a las normas y rutinas que se viven con enorme incomodidad y monotonía.

Y la alta sensibilidad emocional. Las personas altamente sensibles tienen una riqueza y una intensidad en su vivencia emocional que no pasan desapercibidas. El miedo, la tristeza, el amor, la alegría o la ira pueden llegar a límites insospechados. También poseen una gran intuición, alta empatía y una exacerbada susceptibilidad a las críticas y al rechazo. La infancia es particularmente difícil en este sentido ya que la crueldad, la crudeza y la violencia física o verbal que pueden llegar a mostrar y ejercer los niños de su misma edad pueden ser algo realmente incomprensible y traumático.

La sociedad y el sistema en que estamos obligados a funcionar suele exigir y promover que seamos competitivos, egoístas, que nos mostremos fuertes, seguros y siempre dispuestos para la acción, como guerreros. Las personas altamente sensibles suelen quedarse fuera y absolutamente incapaces de identificarse con estas premisas que muchas veces parecen inevitables. Su capacidad de análisis, empatía y complejidad tanto intelectual como emocional ante un problema deriva, la mayoría de las veces, en que se subestime y se ridiculice la reacción y postura de las personas con alta capacidad y alta sensibilidad. En este sentido, es de vital importancia la contención, el apoyo y la validación de todas estas características en el hogar. Es fundamental conseguir que nuestros niños altamente sensibles acepten y aprendan a gestionar sus recursos y para eso deben sentirse seguros, comprendidos y amados, tal y como son. Ya en la escuela, en sus actividades deportivas o extraescolares, y más tarde en todo ámbito dentro de la sociedad, ya sea la universidad, el trabajo, o los entornos que frecuente según sus áreas de interés tendrán que lidiar con esa sensación de indefensión o incomprensión. De no pertenencia. Para darles las herramientas de autogestión y autoaceptación debemos ayudarles desde el hogar a construir su identidad, su autoestima y promover el autoconocimiento. Eso se consigue con los brazos, los ojos, los oídos y el corazón abierto. Con incondicionalidad, sinceridad. Estando presentes. Brindándoles tiempo compartido de calidad.

En nuestro último Ágora de padres de la Asociación Pitágoras abordamos el tema de la hipersensibilidad y participamos en un juego que nos ayudó a compartir experiencias. Teníamos 5 papeles para colocar en 5 cajas. Una por cada tipo de hipersensibilidad: Motora, sensitiva, emocional, imaginativa e intelectual. El juego consistía en escribir una experiencia o característica de nuestros hijos que encajara en algún tipo de sensibilidad. Podíamos escribir una de cada tipo o las que fueran más llamativas o frecuentes, aunque no hubiera de todas las categorías, ya que cada persona es única y, aunque puede que todas las sensibilidades estén aumentadas, hay casos en que realmente destacan mucho más unas sobre otras.

Las respuestas fueron anónimas y el entorno lúdico generó un maravilloso ambiente de sinceridad y distensión en que nos sentimos aliviados, sorprendidos, emocionados, reflexivos, divertidos, y nos animamos a compartir experiencias, sensaciones, dudas y anécdotas cotidianas que fueron muy esclarecedoras y constructivas.

Nos atrevimos a escribir la palabra obsesión. Nos atrevimos a hablar de los miedos, tan recurrentes e irracionales. Expusimos sin vergüenza esos mundos imaginarios y planteos complejos y preguntas incómodas y esa sinceridad extrema que nos regalan nuestros hijos a diario y con las que muchas veces no sabemos qué hacer. Asumimos, con alivio, que lo que necesitan nuestros hijos es ser aceptados y comprendidos. Que no pueden ni deben ir pidiendo perdón permanentemente por ser como son. Hagan lo que hagan, sientan lo que sientan, digan lo que digan, piensen lo que piensen, necesiten lo que necesiten.

Cada vez está más claro que estos espacios de reunión y diálogo son necesarios. La labor de la Asociación Altas Capacidades Pitágoras representa y construye el primer espacio seguro, el refugio de autenticidad fuera de nuestros hogares donde aprender la mejor manera de acompañar a nuestros hijos y funcionar saludablemente como familia, como padres y con el apoyo necesario para que desarrollen todo su potencial y acepten que lo que tienen no es un problema, no es una debilidad, no es una patología, no una ineludible puerta al aislamiento o al fracaso. Lo que tienen es un don.

Para profundizar en las 5 formas de sensibilidad expuestas por Dabrowski compartimos este artículo publicado en el blog de la rebelión del talento

5 Formas de Sensibilidad en Personas con Altas Capacidades

Y para conocer más a fondo la teoría de Elaine Aron recomendamos el blog de Karina Zegers de Beijl, autora del libro “Personas Altamente Sensibles” donde encontrar consejos, historias y toda una filosofía de vida asociada a la alta sensibilidad.

http://personasaltamentesensibles.blogspot.com.es/

pensamiento arborescente

Altas capacidades: Paradojas y contrastes

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El exceso de inteligencia puede transformarse en un arma de doble filo ¿Cómo encauzar esas paradojas propias de las altas capacidades y disfrutar de su riqueza? Tal vez sería mejor enfocar la cuestión desde otra perspectiva, no como el filo de un arma sino como caras de una misma moneda. Mejor aún, como una maravillosa complementariedad indivisible que hay que disfrutar y aprender a encauzar.

Una mente muy inteligente puede generar ideas creativas a una velocidad superior a la propia capacidad de procesamiento del cerebro. Es fascinante y a la vez complicado. La lluvia de ideas es extremadamente rápida, rica y original, y por el mismo motivo difícil de gestionar, organizar y discriminar. La fuerza se complementa con la fragilidad.

Una mente muy inteligente a menudo funciona regida por el pensamiento arborescente. Esta manera de razonar se caracteriza por la inmensa cantidad de ramificaciones, conclusiones, relaciones e interacciones que pueden llegar a derivarse de una simple idea, un sencillo estímulo. Una primera imagen, palabra o emoción se despliega, extiende y complejiza casi hasta el infinito, generando una sobreabundancia que se puede volver inordenable. La creatividad se complementa con la complejidad.

Una mente muy inteligente es capaz de sentir las emociones de una manera inimaginablemente intensa y honda. Todas ellas. La alegría. La tristeza. El miedo. La ira. El amor. La soledad. Un pequeño estímulo puede despertar una emoción tan profunda que sea desbordante y difícil de sobrellevar. La empatía se complementa con la vulnerabilidad. La hipersensibilidad se complementa con la fuerza emocional y creativa.

Una mente inteligente no para. Tiene una actividad incansable. Una curiosidad inagotable. Una capacidad deslumbrante. Pero eso puede resultar agotador y muchas veces inoportuno, y llevar a la frustración, a la incomprensión y al aislamiento. La lucidez se complementa con la introspección.

Es muy importante, para que la inteligencia se transforme en una herramienta, en una aliada, en una llave y se encauce y exprese todo su potencial que esa persona, que va con su mente muy inteligente a todas partes, encuentre un entorno de comprensión adecuado. Un espacio de afinidad, libertad, reflexión, aceptación. Donde dejar de sentirse “demasiado” y poder afirmarse y confirmarse en su ser y como “parte de” un grupo en sintonía.

Es también importante despertar el cuerpo y conectar con el presente para alcanzar la autoaceptación y para conseguir relativizar y gestionar todo ese flujo de emociones y pensamientos y conexiones veloz, incesante e intenso. A menudo las mentes muy inteligentes tienen una incómoda sensación de estar escindidas de su cuerpo. Tienen la impresión de ser un cerebro -y no uno cualquiera sino uno excesivamente vital y curioso- metido en un envase limitante, imperfecto, que tiene demasiadas necesidades y que genera demasiadas distracciones. Y es fundamental también en ese sentido conseguir la complementariedad, la conexión, la armonía del todo.

La plenitud parte de la aceptación de quienes somos. Se trata básicamente de eso. De aceptarlo todo. De vivir completos. De sentirnos bien con nuestra naturaleza en toda su amplitud. El esfuerzo que puede llevar contrarrestar, adaptarse, intentar encajar a base de reprimir, callar, negar, censurar, intentar transformarse en algo que no somos para parecernos al resto, es inútil e innecesario.

Compartimos el artículo Las paradojas del superdotado de la periodista Ana Díaz Jiménez donde se exponen las características antes señaladas: pensamiento arborescente, hipersensibilidad emocional y actividad mental incansable. Y cómo saber utilizarlas como aliadas y no como obstáculos puede hacer que las paradojas se conviertan en paraísos.

Depresión existencial y superdotación

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¿Qué es la depresión existencial y por qué afecta en mayor medida a las personas con altas capacidades?

La muerte, la libertad, la soledad, el sentido de la existencia, el amor, la imagen de uno mismo.

Todas las personas han pensado alguna vez en estos temas, los grandes temas. Puede incluso que hayan pasado periodos de sus vidas más afectados o abarcados por alguno de ellos en particular.

¿Pero cómo sería vivir con esas preguntas presentes en nuestro pensamiento todos y cada uno de los días de nuestra vida? ¿Cómo sería convivir con esos planteamientos a diario y no poder verdaderamente compartirlos con el resto de personas a nuestro alrededor ni con la profundidad ni con la frecuencia necesarias por no enfrentarnos a su hartazgo, incomprensión, preocupación, o a ser juzgados como si tuviéramos un trastorno mental?

Ese puede ser, y es en realidad y con mucha frecuencia, el día a día de una persona con una inteligencia superior a la media. No es algo que puedan elegir. No es algo que les haga la vida más fácil, desde luego, y muchas veces comienza con un simple planteamiento, una conexión entre hechos, una situación cotidiana, una noticia, una anécdota, un recuerdo, y se va ramificando hasta transformarse en un pensamiento recurrente que se alimenta a sí mismo y desemboca en angustia, desasosiego y soledad.

¿Puede una persona ser demasiado inteligente para ser feliz? ¿Podemos atrevernos a hacer esta pregunta? Claro que sí. Tener una inteligencia superior no es precisamente una realidad con la que sea fácil lidiar. Es un maravilloso regalo en múltiples aspectos. Pero trae acarreadas también múltiples cuestiones con las que hay que aprender a convivir. Tanto si vivimos la alta capacidad en primera persona, como si se trata de personas cercanas, familiares, pareja, amigos, alumnos.

La depresión y el suicidio son temas tabú. No es fácil para nadie hablar de su depresión, o la de un ser querido. No es cómodo ni agradable compartir la frecuencia e intensidad con la que se puede llegar a sentir tanta soledad, tanta tristeza, tanto aislamiento, tanta incomprensión y una falta tan enorme de sentido como para que aparezca la idea del suicidio. Y los temas que son tabú, son frecuentemente los que más habría que tratar. “De eso no se habla” suele venir delante de temas que paradójicamente no hay mejor manera de relativizar y resolver que hablando, sacándolos fuera.

Las personas con altas capacidades, al tener una complejidad de razonamiento mayor, más facilidad para interrelacionar conceptos, más intensidad y sensibilidad emocional y un mayor sentido y conciencia de la verdad, la justicia y la existencia, llegan a tener una mirada tan abarcativa y completa, tan rica e idealista acerca de la vida, que choca estrepitosamente contra la realidad. Las expectativas para con uno mismo y para con los demás. Las ideas y las percepciones. Las construcciones mentales, se derrumban en contraste con lo que las cosas son, lejos de lo que podrían, deberían, de lo que imaginan y desearían que fueran.

Puede ser de mucha ayuda saber qué es la depresión existencial y cómo afecta en mayor medida a las personas con altas capacidades. Puede ser de mucha ayuda intentar quitar de los grandes temas, de los dolores más profundos y de los miedos más angustiantes el cartel que pone: “De eso no se habla” y cambiarlo por otro que diga: “Hablemos. Hablemos todo lo que haga falta. No estás solo.“

Compartimos un artículo de Maria Rydkvist, docente, experta en superdotación, activista en favor de la educación y los derechos del alumnado con sobredotación intelectual y creadora del blog sobre superdotación y superdotados Mom to Gifted.

La depresión existencial del adulto superdotado

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Altas Capacidades ¿Por qué sentir vergüenza?

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La vergüenza es uno de los problemas más frecuentes con el que se enfrentan las familias de los niños y niñas con altas capacidades.

¿Por qué sentir vergüenza? Porque hay ignorancia, desconocimiento, vacío, incomprensión, señalamiento, rechazo, acoso, falsas etiquetas, tabúes, mitos, y más.

Una lista triste y extensa que desemboca en el silenciamiento, el ocultamiento y la soledad que revisten a la vergüenza.

Éste artículo, publicado por Olga Carmona, psicóloga clínica y experta en psicopatología de la infancia y la adolescencia, en el blog De Mamás y de Papás de El País, visibiliza y anima a afrontar este problema que no debería existir, y que tenemos que luchar por erradicar.

Porque ningún ser humano debe sentir vergüenza de ser quién es, de sentir como siente, de pensar como piensa, ni de necesitar lo que necesita.

Nadie, absolutamente nadie debería esconderse, avergonzarse de ser lo que es y de brillar en todo su esplendor, solo porque esté rodeado de ignorancia, ceguera, insensibilidad y rechazo.

Tenemos que hacerlo. Tenemos la necesidad, el deseo, la responsabilidad, el deber de hacer ver y defender nuestros derechos, los derechos de nuestros niños.

Porque, como recuerda y defiende el presidente de la Asociación Nacional para Alumnos Superdotados de Estados Unidos, ellos tienen derechos.

Tienen derecho a saber, a aprender, a ser intensos sin tener que pedir perdón por eso, a amar su identidad, a disfrutar de sus logros, a equivocarse, a pedir ayuda, a ser diferentes, a decidir, a ser.

Por ese motivo tenemos que reemplazar la vergüenza por otras emociones más apropiadas: optimismo, certeza, valentía, entusiasmo; porque lo que son es digno de ser mostrado, respetado, valorado, apoyado.

Los niños no tienen ningún problema. Las familias no tienen ningún problema.

El problema lo tiene la sociedad. Y es la que en todo caso debería cargar con la vergüenza.

Y es a eso a lo que debemos dar una solución.