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alta capacidad y genero

Alta capacidad y género

By | Altas Capacidades, Mujer | No Comments

La conferencia de la Dra. en Psicopedagogía Rosabel Rodríguez inaugura las V Jornadas sobre Altas Capacidades: “La diversidad dentro de la alta capacidad”. Empezar el ciclo de ponencias con una exposición sobre género no es una decisión menor. Atendiendo a la diversidad, hablar de altas capacidades es observar detenidamente la complejidad que puede haber dentro de cada individuo. Tendientes como somos a intentar etiquetarlo y categorizarlo todo; concienciar, sensibilizar, detectar y diagnosticar un individuo es importante y necesario a la hora de atender a sus necesidades, pero no debe hacerse sin prestar atención a todo lo demás. Y muchas veces ese “todo lo demás” involucra otras variables que también necesitan ser atendidas y luchan para hacerse visibles. En medio de toda esta muñeca rusa de nombres y perfiles y entramados lo más importante de todo es recordar que lo que tenemos delante siempre es una persona; una persona compleja que no encajará nunca en un patrón, y que necesitamos evaluar y con la que tenemos que atenernos a unos protocolos, pero cuyas necesidades, la totalidad de ellas, están insertas en una realidad compleja y se refieren a múltiples ámbitos. En cuanto a la problemática de género, la visión sobre las altas capacidades debe ampliarse y afrontar el reto de romper mitos y abrirse paso aún con más fuerza.

La conferencia comienza con un simple ejercicio que Rosabel nos propone y es decirle a la persona que tenemos sentada a nuestro lado una mujer que haya ganado el Premio Nobel. En todo el auditorio no se ha oído pronunciar otro nombre que no fuera: Marie Curie. Solo nos acordamos de ella. Y está claro que se lo merece. Es la única mujer que ha ganado dos premios Nobel. Y cuya hija también obtuvo uno. De 935 premiados, solo 51 han sido mujeres. De 118 años de premios, 80 ha habido sin premiadas mujeres. Nadie en el auditorio conoce a Donna Strickland. Vemos su foto en pantalla, leemos su nombre, pero no sabemos quién es. Ella ganó el Premio Nobel de Física este año. Donna ya había ganado el Premio Nobel y sin embargo seguía sin haber una entrada en la Wikipedia sobre ella. Se ve que el perfil de esta brillante científica no era lo suficientemente notable como para estar en Wikipedia, donde las biografías femeninas no llegan ni siquiera a representar un 18% del total. Imagino que a nadie se le ocurrirá intentar dar una explicación dudando de su capacidad intelectual.

Y esto si nos movemos solo en el territorio de los premios Nobel. Pero más de lo mismo encontraremos entre los arquitectos, artistas, compositores, científicos, cineastas. Nadie recuerda el abrumador talento musical de la hermana de Mozart, de apellido Mozart también, desde luego. Y tantas abuelas y madres nos han extasiado con sus dones culinarios. Pero, ¿cuántas fueron chefs internacionales? Y tantas mujeres han tejido, bordado, cosido; han vestido con amor y dedicación a toda su familia. Pero, ¿cuántas de ellas fueron reconocidas diseñadoras de moda? Imagino que a nadie se le ocurrirá intentar dar una explicación dudando de su creatividad y talento.

Lo que nos tiene que dar esperanza y alivio es afirmar que el motivo, que la verdadera explicación es cultural. No es un problema intrínseco. Podemos cambiarlo. Debemos cambiarlo.

Cada día, día tras día, desde la infancia, las mujeres recibimos infinitos mensajes sobre lo que somos, lo que deberíamos ser, lo que se espera que seamos, lo que tenemos, lo que debemos, lo que estamos obligadas a pensar, sentir, decir, hacer, desear. Lo que estamos obligadas a ser. Y en algunos casos intentar ir contra eso no solo es difícil. A veces ni siquiera se nos ocurre, porque no lo vemos. Y otras veces es mejor que no se nos ocurra porque puede llegar a ser imposible, impensable, incluso estar prohibido.

Una noticia de hace apenas unos días atrás: Galicia prohíbe la obligación de llevar faldas a las niñas que usan uniforme para ir al colegio. Estamos en 2018. Y nos parece una locura ¿no es cierto? Y deberíamos pensar: No puede ser que haya que prohibir esto. Pero claro, hay que prohibirlo, porque de momento ¡es obligatorio!

Rosabel propone otro simple ejercicio: Si buscamos “gifted children” o “superdotados” en Google y filtramos imágenes ¿con qué nos encontramos? Pizarras, fórmulas matemáticas, niños con gafas vestidos con elegancia y formalidad, grandes lectores, violinistas, campeones de ajedrez, niños con lamparitas encendidas alrededor de su cabeza, pequeños bebés con los pelos y los bigotes de Einstein. Estereotipos. No encontramos otra cosa que absurdos estereotipos. Y muy pocas niñas.

Hay algunos datos que son abrumadores. Por ejemplo, entre los 6 y los 12 años, el número de alumnos diagnosticados con altas capacidades no muestra una brecha muy llamativa en relación al género. Un 52% de chicos y un 48% de chicas aproximadamente. Pero cuando llegamos a la adolescencia la diferencia crece significativamente. Entre los 12 y los 16 años las chicas solo representan un 30% del total. Imagino que a nadie se le ocurrirá intentar dar una explicación refiriéndose a la pubertad o a las hormonas sexuales. La razón es muy dolorosa. Ya están apagadas. Ya están adiestradas. Se han vuelto invisibles. En todos esos años que lo niños escuchaban mensajes del tipo: dilo, no te calles, muévete, hazlo; ellas solo recibían: tranquila, cálmate, ya pasará, no lo hagas, no preguntes, no sobresalgas, no llames la atención, no lo digas, no pienses eso.

A partir de los 12 años ¿dónde están las chicas? ¿dónde están las mujeres de altas capacidades?

Están ahí. Ahí sentadas. Quietas. En su sitio. Calladas. Hacia dentro. Están ahí. En el mismo lugar que estuvieron siempre. Invisibles.

Sumado al enorme y aplastante sistema social y cultural que opera de manera extrínseca hay un factor intrínseco muy poderoso que puede ser muy determinante y es la autoconfianza, la autopercepción. La falta de confianza en uno mismo es mayor en las personas con altas capacidades, mayor aún en la pubertad, y mucho mayor, y acrecentada por el entorno y sus mensajes y expectativas, en las mujeres.

Cuando una chica triunfa, ya desde el entorno escolar, recibe más habitualmente el mensaje de que es porque se ha esforzado mucho. Los chicos parecen conseguirlo simplemente por su talento, por su capacidad. Tanto chicos como chicas tienden a valorar positivamente a las mujeres de su entorno, sus abuelas, tías, sus madres, las profesoras, por sus cualidades emocionales y afectivas, por su empatía, cercanía y disponibilidad. Pero cuando se pregunta por la inteligencia, la valoración se hace generalmente sobre los padres, abuelos, profesores. Esa misma idea proyectan las chicas sobre si mismas. Lo que se valorará en ellas son sus habilidades sociales, afectivas, emocionales e interpersonales por encima de todo. Este constructo opera con la misma fuerza que la frase “Querer es poder”. Pues “No querer es no poder”. Las mujeres no quieren ser brillantes, no quieren ser inteligentes, no quieren ser talentosas, no quieren ser exitosas. Nadie las admirará por eso. A menos, claro está, que cumplan primero con todo lo demás. Pero ese “todo lo demás” es un lastre muy grande. Y para poder ser buena, atenta, entregada, dulce, amorosa, estar disponible, cuidar de los demás y a la vez ser brillante en tu profesión y en tu carrera, creativa y talentosa en el área que te apasione; no queda otra opción que ser una Supermujer. Una especie de heroína de ciencia ficción que tiene la habilidad de multiplicarse, o que se mete en una cabina de teléfono y se transforma en un segundo en lo que haga falta y puede parar el mundo mientras da varias vueltas al planeta tierra para frenar el tiempo y salvar a toda la humanidad de la catástrofe (y salir viva).

Los factores extrínsecos no hace demasiada falta revisarlos. Aunque son los que se han encargado de, gota a gota y minuto a minuto, crear, alimentar y propiciar todas las creencias que han calado tan hondo que a veces es difícil reconocer que no eran internas. Están tan profundamente arraigadas que son verdad como si hubieran venido impresas en el ADN. La familia, la escuela, la sociedad han erigido los estereotipos y los han reproducido hasta el infinito y hasta el hartazgo. Y han calado. Y calan, cada día.

Y para que esto cambie hay que contrarrestar. Y sí que hay cambios. Que se gestan. Se llevan a cabo. Hay mas conciencia y más iniciativas. Pero la inercia es descomunal. Hay una enorme falta de modelos a los que seguir. Rosabel nos muestra algunos videos y diapositivas que nos recuerdan cómo y cuánto hemos normalizado los estereotipos. La campaña Redraw the Balance de la iniciativa Inspiring The Future nos muestra cómo ya en la escuela primaria cuando los niños y niñas imaginan médicos, bomberos, pilotos; siempre imaginan hombres. Al final de la experiencia entran tres mujeres al aula con su ropa de trabajo y los niños se asombran. Llegan a gritar: ¡Están disfrazadas!

Video: Redraw the Balance

Al no tener modelos que imitar y al estar rodeadas de estereotipos y mandatos limitantes las chicas, además de atreverse a tener altas capacidades y salir de ese asfixiante armario con plena confianza en sí mismas, tienen que ser valientes, fuertes. Tienen que abrirse camino, ser pioneras, porque no tienen modelos a seguir dentro de un mundo donde la justicia y la igualdad, por muy absurdo que suene, no abarcan a las mujeres.

Lo que también es muy frecuente y desconcertante es la cantidad de mensajes contradictorios que se producen. Porque se dicen cosas, pero luego se hacen otras. Y se piden cosas, pero luego no se llevan a cabo. Y se alientan y se fomentan cosas, pero no se traza el verdadero camino para que puedan hacerse realidad.

Las mujeres no solo se enfrentan a techos de cristal, también pisan suelos pegajosos. Esos suelos pegajosos donde están sus hijos, sus padres, sus parejas, y ese deber y esa necesidad de atenderles siempre, porque así nos han educado, y porque lo llevamos clavado en las entrañas. Y si conseguimos el apoyo y la ayuda suficientes para subir los peldaños uno a uno de nuestra vocación, de nuestra profesión, de nuestro trabajo, intentando desarrollar nuestro talento, ahí nos encontramos el techo de cristal: la sociedad no confía con tanta soltura los puestos de responsabilidad, los proyectos complejos, los cargos directivos a las mujeres ¿Por qué? Porque seguramente tendrán hijos, maridos, padres, familias enteras que atender y no podrán responder como se espera, no estarán a la altura, no lo darán todo. Pero mejor así. Mejor que no se les ocurra darlo todo por su profesión, porque lo que sería admirable y ovacionado en un hombre, seguramente se miraría con desconfianza o se juzgaría sin piedad en una mujer. Porque sí, se nos anima a brillar y realizarnos, pero nunca jamás bajo ningún concepto se nos permitirá dejar de ser buenas, guapas, tranquilas, sensibles, abnegadas y compasivas.

En 2012 la Comisión Europea lanzó una campaña dentro de su programa de mujeres en la investigación y la innovación, que pretendía animar a las adolescentes a estudiar ciencias. Science: it´s a girl thing! se llamó y a través de un video viral de 0:52 minutos de duración no hizo otra cosa que dejar en claro cómo el machismo está en el hueso y no importa el lema ni la intención; la ideología más sexista y vergonzosa chorreaba por los cuatro costados. Si esas niñas, esas jóvenes que debían atreverse a estudiar ciencias, tenían que sentirse identificadas con las mujeres del video, la batalla estaba perdida antes de empezar. Las supuestas científicas parecían salidas de una película de 007. Tacones, bellísimas piernas desnudas, cinturas de avispa, abundante maquillaje. Ellas, peinadas de peluquería y dirigiendo miradas, gestos y actitudes seductoras al único ser humano que parecía verdaderamente centrado en su trabajo: un hombre, desde luego. Las chicas tiran besos, se ríen, se distraen, se sorprenden. Son tan adorablemente superfluas y sexis. Porque la ciencia es cosa de chicas, pero claro, la “i” de la palabra Science, no se lo pierdan, es una barra de labios.

Video: Science: it´s a girl thing!

Por suerte, las estudiantes de psicología y neurociencia de la Universidad de Bristol expresaron su indignación y respondieron con otro video que ojalá hubiera sido tan viral como el primero porque parodia con altura y cinismo cada uno de los absurdos clichés de la campaña oficial.

Parodia graduadas Universidad de Bristol

Solo podremos hablar de igualdad el día que cada niña, cada adolescente, cada mujer pueda decidir libremente y sin barreras lo que quiere hacer de su vida, de su carrera, de su profesión. El día que cada niña se libre de la infinitud de mensajes que intentarán construir de manera efectiva y desde dentro la indefensión aprendida. El día que cada niña imagine su vida adulta con plenitud y con éxito, sin suelos pegajosos ni techos de cristal. Y para eso los primeros pilares en los que deben apoyarse es en modelos, personas de referencia que configuren ejemplos reales y no idealizados, ejemplos de que sí se puede. Trabajar la autoestima, la autoconfianza, rodearse de un entorno en el que dejar de ser invisibles, en el que salir de la crisálida, sabiendo que pueden, que tienen derecho y que han nacido para volar.

Gracias Rosabel Rodríguez por tu pasión, por tu calidez, por tu talento y por construir el camino, por abrir una maravillosa ventana donde solo parecía haber un sólido e infranqueable muro ¡Gracias!

autodidacta

Autodidacta

By | Altas Capacidades | No Comments

Si no puedes vencerlos ¡Únete a ellos! decía el emperador Constantino. La verdad es que no recordaba quién había dicho la frase pero uno puede permitirse no recordar hoy en día porque hay tanta información tan al alcance. Partiendo de esta simple afirmación se pueden concluir varias cosas ¿Qué sentido tiene seguir aprendiendo las cosas de la misma manera que antes de que existiera Internet? ¿De qué sirve recordar innumerables datos si podríamos usar nuestra energía, tiempo y capacidad para interpretarlos, relacionarlos, para procesar, explorar, crear? ¿Para qué se toman los mismos exámenes que se tomaban antes, cuando no había manera de acceder a los datos si no era recordándolos? ¿Cómo es posible que sigamos intentando memorizar los nombres de todos los ríos de Europa y las capitales del mundo y las declinaciones de los pronombres en latín? ¿Para qué?

No estoy de acuerdo con la frase de Constantino. Creo que hay otras opciones fuera del binomio: vencer o unirse. Creo que hay un modo de ser y estar que no es luchando o adaptándose, que no es definiéndose, que no es decidiendo vivir con o contra algo. Igual Constantino quería decir otra cosa, pero en este momento la frase me lleva a pensar en el sistema educativo, en el hecho de aprender y en el autodidactismo. En superar la fase de frustración e inadaptación, en dar un paso al costado en vez de ir hacia adelante o hacia atrás; en buscar un camino alternativo.

Si nos preguntamos cómo aprende cada persona, no sólo qué le motiva a buscar el conocimiento, sino profundamente; no por obligación o por miedo a las consecuencias, sino de qué manera una persona se siente llamada a conocer, a buscar soluciones, a enfrentar el reto. Si en vez de preguntarnos qué, cuánto y cómo nos preguntáramos por qué, para qué, hacia dónde, desde dónde, puede que esas preguntas, no ya las respuestas sino las preguntas mismas, fueran las que trazaran el camino.

El sistema educativo nos dice qué, cuándo, cuánto y cómo. Pero el por qué y el para qué no suelen ser muy convincentes ¿Por qué? Porque es tu obligación. Y es tu obligación porque yo lo digo ¿Para qué? Para ser alguien, para conseguir un buen trabajo y ganar dinero y forjar tu futuro y ser útil a la sociedad. No creo que ningún estudiante, o casi ninguno, pueda apropiarse con demasiada alegría de estas respuestas ¿Y si pudiéramos, si fuéramos capaces de encontrar nuestro propio por qué y para qué? ¿Y si tuviéramos la libertad de decidir el qué y el cómo?

Y acá aparecen algunos temas interesantes. Y entramos en el territorio de las altas capacidades y la frecuente sensación de estar fuera de lugar y perder interés y acumular frustración y aburrimiento y desaprovechar en consecuencia toda la energía y la curiosidad intentando encajar en patrones extraños e incompatibles. Si un niño que ama la música y tiene oído absoluto deja las clases de piano y solfeo. Si un niño que ama el color y el dibujo y diseñar logos y tipografías y máquinas y personajes suspende plástica año tras año. Si un niño con una gran destreza física y una energía desbordante abandona sistemáticamente toda actividad deportiva y se niega rotundamente a iniciar o probar ninguna más. Si un niño que escribe páginas y páginas de un código que es una combinación de html, fórmulas matemáticas, gramática inglesa y script de hackeo deja sus clases de Unity. Si un niño que se queda fascinado con los documentales y animaciones sobre virus, bacterias, plagas letales, vacunas y nuevas generaciones de antibióticos suspende los exámenes de ciencias ¿No deberíamos pensar que lo que está fallando es el método? ¿No sería muy ridículo, incómodo e inaceptable que nos hicieran vestir a todos con la misma ropa, del mismo color y la misma talla? ¿Por qué entonces intentamos hacer eso con la educación? ¿Y evaluamos en función de ese patrón marginando, castigando, etiquetando a quien la camiseta le va muy larga de mangas o es incapaz de subirse la cremallera?

Desde el momento en que se descubre, amplía y complejiza el conocimiento sobre el cerebro humano y se toma conciencia de la existencia de múltiples inteligencias no catalogables, estandarizables ni medibles en base a una batería de tests de enfoque mayoritariamente lógico-matemático y esa ampliación del abanico fundamenta la teoría de que existen también muchos tipos de aprendizaje y se descubre que hay personas que tienen una mayor predisposición, facilidad y fluidez en su percepción auditiva y viso espacial que a través de los métodos clásicos, lineales y tradicionales de lectura, escritura y memorización. Desde ese mismo momento deberíamos plantearnos un cambio.

Abundan los ejemplos de personas increíblemente capaces, brillantes y creativas que de haber definido su valía y trazado su camino según las normas de lo establecido, según la opinión de sus profesores y la estructura de un sistema en el que no conseguían encajar, no solo hubieran estado destinadas al fracaso y la mediocridad, sino que nos hubieran privado de su mirada, de su obra y de su genialidad: Albert Einstein, Leonardo Da Vinci, Mozart, Isaac Newton, Galileo Galilei, Stephen Hawking, Agatha Christie, Arquímedes, Ray Bradbury, José Saramago, Stanley Kubrick, Jimmy Hendrix, Basquiat. Todos autodidactas. Hay veces que para el talento o la originalidad de un individuo sencillamente no existe todavía un sistema capaz de categorizarlo, validarlo o comprenderlo. E impedirle pensar, aprender, ser y hacer “a su manera” es cometer un error imperdonable.

Así que prefiero las palabras de Gloria Fuertes a las del emperador…

“Me dijeron: – O te subes al carro o tendrás que empujarlo. – Ni me subí ni lo empujé. Me senté en la cuneta y alrededor de mí, a su debido tiempo, brotaron las amapolas.”

Para ampliar sobre Autodidactismo y Superdotación un artículo de MomToGifted con un interesante análisis sobre los elementos que diferencian una manera de aprender innovadora y holística del típico y estructurado aprendizaje reglado y secuencial.

https://momtogifted.wordpress.com/2016/05/29/the-rydkvist-group-y-el-autodidactismo-del-superdotado/

En este artículo publicado en el blog de La Rebelión del Talento se abordan técnicas, consejos y recursos alternativos a los métodos tradicionales y especialmente apropiados para aprendices visoespaciales.

https://aacclarebeliondeltalento.com/2017/05/27/odio-leer-odio-escribir/

motivación

Motivarnos cada día

By | Altas Capacidades, Crisis Existencial, Primera Persona | No Comments

El de hoy será un artículo en primera persona. Y espero desde la primera persona llegar a otras primeras personas, y buscar maneras y respuestas y caminos.

Y no se trata de exponer un tema investigado o compilado a partir de otros artículos sino de una situación presente, diaria, y en la que quizás haya más preguntas que respuestas, dudas que certezas, intuición que verdad; y la necesidad de sentir que voy bien, aunque por momentos parezca que el horizonte no muestra demasiada claridad.

Tengo tantos recuerdos de no adaptación al sistema educativo de mi hijo desde que empezó infantil que no sé bien por donde empezar. Ahora mismo acaba de empezar el Instituto y a pesar de que me llena de orgullo ver cómo hizo un gran cambio a la hora de empezar la mañana, preparar sus cosas, estar listo en la puerta habiendo desayunado, con los dientes lavados, el pelo medianamente acomodado, los cordones atados, la sudadera puesta y la mochila colgando de los hombros cinco minutos antes de la hora -cosa que me hubiera parecido un logro inconcebible año tras año y día tras día durante la primaria- y a pesar de ir con entusiasmo y haberse integrado con el grupo de su clase, a pesar de que lleva la agenda al día y toma apuntes y presta atención y hace la tarea antes de encender el ordenador…no es suficiente. El choque es muy grande. Me pregunto por qué si pasa de primaria a secundaria del mismo sistema educativo público y bilingüe, en la misma ciudad, al instituto que le reservaba la plaza, el que le daba continuidad entre ambos ciclos ¿No había una manera de prepararlo? ¿No había una manera de implementar una transición? ¿No era más importante prepararlo para este cambio que aprobar las pruebas de la Comunidad de Madrid? ¿No era primordial enseñarle técnicas de estudio antes que repasar los mismos contenidos otra vez como si sexto fuera un repaso de quinto y cuarto de primaria?

Y digo no es suficiente porque a pesar de saber los contenidos, y haberme explicado antes del examen los agujeros negros y las galaxias y la rotación de la tierra en inglés con un vocabulario asombroso y una pronunciación maravillosa, la primera semana de exámenes volvió con una cadena de suspensos. Y me pregunto si esa es la manera de adaptarlos. Dándoles el mensaje de bienvenida de que no lo están haciendo bien. Sinceramente no me preocupan las notas, ni los suspensos, lo que me preocupa es ese mensaje tan claro de que lo que está haciendo no se acerca ni remotamente a ser lo que se espera.

Y no puedo evitar recordar a su maestra de infantil que golpeaba la mesa y le decía: ¡tra-ba-ja! Y le regañaba por dibujar naves espaciales en vez de colorear el círculo grande de amarillo y el pequeño de rojo y gracias a la cual dejó de dibujar y recortar porque estaba harto de que le dijeran que lo hacía siempre mal.

Y no puedo evitar recordar a su maestro de primero de primaria que le daba con los nudillos en la cabeza y le preguntaba ¿tú eres tonto? por no haber llevado la tarea o haberse olvidado el libro. El mismo profesor que cogía a sus compañeros de la camiseta y les sacudía porque no le hacían caso. El que me pidió permiso para evaluarlo por el equipo de orientación porque mi hijo era muy distraído y desobediente y se dormía sobre el pupitre y no paraba de levantarse y hacer chistes y reírse en clase. Y creía que tenía hiperactividad, déficit de atención, o ambas. Pero no, resultó ser que mi hijo tenía altas capacidades. Pero para el profesor seguía siendo un incordio, un niño difícil, molesto e impertinente que sacudía mucho las manos y se distraía con el zumbido de una mosca, y hacía demasiadas preguntas.

Y no puedo evitar recordar sus casi suspensos en plástica cuando en casa llenó resmas enteras de papel diseñando comics y máquinas y cadenas de montaje y pistolas supersónicas y transformaciones antropomórficas y logos para marcas de coches y tuneos flipantes para el Clío. Pero claro, no era capaz de hacer lo que tenía que hacer, lo que la profe quería, no se ajustaba a la consigna, no hacía lo que se esperaba de él, que era que pasara por el tubo, que fuera estándar, que siguiera las reglas, que se estuviera quieto y que hiciera bolitas de papel morado hasta llenar toda una cartulina A4 en franjas uniformes de 10 centímetros de ancho.

Y no puedo evitar recordar que se pasó todo primero de primaria volviendo de clase y contándonos que en realidad el cole no era un cole normal y corriente, que era un cole de magia, y que a media mañana se había escondido en un cuartito donde guarda sus cosas el conserje para atacar con un amigo al basilisco, y que no había otra forma de subir a la primera planta que poniéndose unas botas de propulsión y activándolas cuando sonaba el timbre. Y se me estrujó el corazón un tiempo después cuando leí un artículo que explicaba que muchas veces esa construcción desbordante de un mundo de fantasía la generan para protegerse de una realidad que no pueden comprender, aceptar y sobrellevar, y de la que se sienten completamente ajenos.

Y ahora pienso ¿Cómo motivarle? Porque tiene una curiosidad infinita y una capacidad deslumbrante y un razonamiento tan complejo y unas ideas tan divertidas y sorprendentes ¿Cómo decirle que tendrá que adaptarse él? Que el mundo no se acomodará a su gusto, sino que será él el que tendrá que aceptar las reglas. Y que la mayoría de las veces no las entenderá, le parecerán absurdas y obsoletas, injustas, y que claro que podrá expresar su opinión, pero al final no le quedará más remedio que obedecer al profesor y responder las preguntas del examen como le pidan porque sino seguirá acumulando suspensos. Aunque se pase la tarde viendo documentales sobre el origen del universo o invente una nueva manera de hacer las divisiones con decimales tendrá que responder las mismas palabras que vienen en el recuadrito naranja de la página 35 sin olvidarse bajo ningún concepto de las que vienen en negrita, y tendrá que mostrar que sabe dividir de la manera que se le pide.

Y no puedo evitar recordar cómo fue dejando todas las actividades extraescolares porque, aunque la actividad en sí le entusiasmaba o se le daba bien e incluso de maravilla, no podía soportar la frustración y el aburrimiento y el hastío asociados al método, al enfoque, y demasiadas veces a la falta de interés y pasión del profesor o de su autoritarismo. Tirando a los niños al agua aunque estuvieran muertos de frío o de miedo y acomodando las distancias entre unos y otros con una vara metálica y sin meter ni un pie en la piscina. A los gritos como si se tratara de la copa del mundo y dejándolo en el banco por no estar lo suficientemente atento a la hora de defender la portería en los partidos de fútbol. Repitiendo durante meses las cinco notas de…debajo un botón, tón, tón; y aprendiendo piano con los mismos cuadernillos que fotocopiaba la profe hace 30 años.

Y sinceramente no extiendo todos estos recuerdos a modo de queja, porque suelo tomar la realidad e intentar mostrarle que el mundo no está hecho a medida y hay que aprender a encontrar la manera de adaptarse sin perder la propia identidad, de aportar y responder sin que eso signifique encajar o reprimirse, encontrar el lado positivo y hacer las cosas por el simple hecho de aprender, de conseguirlas, por la satisfacción de ver el trabajo terminado, por el saber que hay detrás, y no por miedo al castigo o por sacárselo de encima para poder encender el ordenador, sino por desarrollar la capacidad de empatizar y de conectar con el otro, porque el otro siempre es un universo inalcanzable e incomprensible y es nuestro reto y una fuente de aprendizaje y satisfacción y casi uno de los objetivos fundamentales de la vida; sintonizar, compartir, conseguir relacionarnos desde nuestras similitudes pero sobretodo desde nuestras diferencias.

Pero es difícil. Porque quiera o no el sistema está diseñado en vertical. No existe verdadera igualdad, aunque nos llenemos la boca hablando del respeto, la diversidad y la inclusión. Al final el sistema educativo, y más tarde se enfrentará al mundo laboral, tienen un bonito cartel encima…pero cuando atravesamos el umbral, aunque en clase de valores nos digan que equivocarse está bien y que no pasa nada, y que cada uno tiene derecho a ser como es y a pensar y opinar lo que crea oportuno, en la práctica eso no es verdad. Una profesora que puede decir a tu hijo (cuando pregunta los antónimos y tu hijo le responde materia y antimateria) que la antimateria no existe, que de dónde sacó eso…esa misma profesora que esperaba que respondiera: alto y bajo o gordo y flaco, es la que le puede poner el suspenso. Y no solo se lo puede poner, sino que se lo pondrá.

Me pregunto cómo se compatibiliza la curiosidad, la energía desbordante, la creatividad, las ansias de conocer, el pensamiento arborescente, la divergencia y capacidad de interrelacionar temas diversos, la pasión, la originalidad, la necesidad de descubrir métodos y ritmos propios con un sistema que nos quiere idénticos, que fabrica réplicas, que nos compara con un patrón estándar y nos juzga de acuerdo a nuestra semejanza o distancia del mismo, como en esas actividades tan entretenidas donde hay que encontrar las 5 diferencias entre dos ilustraciones ¿Y si no hay manera de comparar ambos dibujos? ¿Y si no se parecen en nada? ¿Y si un niño ni siquiera cabe en el recuadrito de 8 x 15, en los límites del recorte? ¿Fracasará? ¿Quién es el que fracasará? ¿Fracasará el niño? ¿Repetirá curso hasta que a fuerza de suspensos se convenza de que era mejor hacer caso y satisfacer al sistema y entrar en la maquinaria y volverse parte del engranaje? ¿Que era mejor eso que ser él mismo?

Y no bajo los brazos ni pierdo las esperanzas. Y sé que se trata de mirar la realidad desde nuestros propios ojos y no dejarnos opacar ni desmotivar. Y sé que al final todo se trata de hacer lo mejor que podamos con las cartas que nos tocan, con el entorno en el que nos movemos, con las personas con las que nos relacionamos y las situaciones que tenemos que afrontar. Y saber que sí, que tenemos que responder, pero que también tenemos derecho a innovar y a disentir, que tenemos que adaptarnos, pero también tenemos derecho a ser diferentes, y que tenemos derecho a equivocarnos, pero también a aprender del error, y que tenemos obligaciones y acatamos normas, pero también tenemos libertad. Y la libertad conlleva una gran responsabilidad y es la de afrontar las consecuencias de nuestros actos y de nuestras actitudes. Lo difícil es encontrar el equilibrio. Lo difícil es no perder el eje. Lo difícil es conseguir automotivarnos cada día, pintar todas las veces que sea necesario el muro desnudo que tenemos delante. Pintarlo de color.

 

Y siguiendo el hilo de estos pensamientos,  me parece oportuno recordar la presentación de Ken Robinson en TED

¿Las escuelas matan la creatividad?

 

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El mundo se queda pequeño

By | Altas Capacidades, Crisis Existencial | No Comments

Se queda pequeño. La sensación de que el mundo se queda pequeño. De que las ideas, las ganas, el pensamiento, los proyectos, las emociones, las palabras, las imágenes en la cabeza, los sentimientos, de que todo lo que son y lo que llevan dentro y necesitan sacar son demasiado y no cabe en este mundo. Esa es una sensación recurrente en las personas con altas capacidades.

No son suficientes las horas en el día ni los segundos que hay en un minuto, para todo. No son suficientes los condicionantes, las características, los objetivos concretos para todo el aluvión de ideas asociadas y necesarias que desearían utilizar en una determinada tarea. No son suficientes las palabras, las letras, las reglas gramaticales para expresarlo todo. No son suficientes las personas alrededor, las relaciones, las miradas, los abrazos, las conversaciones para compartirlo todo, para dar todo, para amar todo lo que podrían amar. No son suficientes las calles, las puertas, las ventanas, los caminos, los medios, para ver lo que anhelan ver y llegar donde quisieran llegar.

Esa sensación permanente de ser demasiado y de que puede uno amoldarse un poco y recortarse un poco, y callarse un poco, y reprimirse un poco, y privarse un poco, y medirse un poco, y empequeñecerse un poco, y apagarse un poco, pero no tanto, pero no lo suficiente, y que lo que está al alcance controlar no será nunca todo lo necesario para al fin entrar, caber, encajar. Pero no por un poquito, no por unos milímetros, no por un margen posible de salvar, sino por mucho, demasiado.

Las personas con altas capacidades no viven en un mundo hecho a su medida. El mundo está hecho a imagen y semejanza y a escala y al alcance y acorde a la forma de una mayoría que muy poco tiene que ver con su modo de funcionar y pensar y sentir y actuar, y que cubre necesidades e interactúa simplemente de otra manera. Y así para todos los sistemas dentro del sistema. Y está bien, y es perfectamente entendible e inevitable que así sea. El sistema educativo, el aparato social, la maquinaria legal y el mercado laboral. Y todos los ámbitos y entornos en que estamos obligados y con los que debemos interactuar tienen una estructura y unas normas y una lógica y unos objetivos y una mecánica y un propósito y una forma y una manera y una filosofía que resultan ajenos, incomprensibles, insuficientes, extraños a una persona con altas capacidades.

La verdadera solución, si es lícito pensarlo de esa manera, está en dejar de intentar encajar y amoldarse, y aceptarlo como algo positivo y genuino, sencillamente porque no hay manera de hacerlo. Se dice que cuando un problema no tiene solución, entonces deja de ser un problema. Tal vez solo se trate de aceptar y asumir y actuar en consecuencia y dejar de poner esfuerzo en ser y parecer y hacer como si fuera algo a conseguir.

Las personas con altas capacidades no es que deban, o tengan derechoꓼ es que tienen la obligación de ser como son, de ser quienes son, de sentir como sienten y de poner su energía en fluir y crear a su manera. Porque este mundo podría llegar un día que nos quedara pequeño a todos. Porque si no hacemos otra cosa que encajar y amoldarnos no haremos más que apagarnos a tal punto en nuestra individualidad y en nuestro talento que terminaremos siendo réplicas operativas unos de los otros, piezas idénticas de un entramado infinito, inerte e inútil.

No hay necesidad de amoldarse y encajar. Porque amoldándose lo que hacemos no es encajar sino perder nuestra forma, negarnos, hacernos daño. Porque la libertad se encuentra cuando dejamos de ser lo que se espera de nosotros y nos atrevemos a ser lo que somos en realidad. No deberíamos hacer nunca menos de lo que podemos hacer. No deberíamos ser nunca menos de lo que podemos ser.

Quizás solo se trate de dejar de forzar. De luchar. De sufrir. Y darse cuenta de que no hace falta encajar. De que solo se trata de dejarse llevar y atreverse a ser.

invidia

Envidia, tabú y altas capacidades

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Es muy difícil atreverse a hablar de la envidia. Es difícil que la gente asuma que es envidiosa. E igual de difícil es afirmar que nos sentimos envidiados. Con la envidia, al contrario que con el amor, no queremos estar en ningún rol. No queremos ni sentirla ni despertarla. Pero existe. Está ahí. Y mucho más cerca de lo que quisiéramos.

El tabú que desenmascararemos hoy en torno a las altas capacidades es el de la envidia. Porque siguen existiendo muchos tabúes en torno a las altas capacidades y gran parte de la tarea que se realiza al diagnosticar, concientizar y visibilizar va encaminada hacia la auotaceptación y el desarrollo de la identidad en sus múltiples facetas, hacia la autoconfianza y el descubrimiento del talento para vencer el perfeccionismo y la incertidumbre y llevar una vida plena. Pero los tabúes muchas veces agregan piedras en un camino que ya es bastante difícil de transitar. Y cuando hablamos de tabúes nos referimos a todos esos momentos incómodos en que las altas capacidades se vuelven un problema y nos preguntamos si es mejor hablar o seguir adentro del armario ¿Pensarán que me creo superior? ¿Se alejarán de mí? ¿Creerán que soy una persona inaccesible y complicada? ¿Pensarán que tengo complejo de superioridad? ¿Hará que me juzguen o me miren o esperen demasiado de mí? ¿Esperarán que sea el mejor en todo y tenga siempre la respuesta? ¿El rechazo será aun mayor si soy lento, cometo errores, me entusiasmo demasiado con algo o parezco tímido? Nadie quiere tener un cartel luminoso en la frente. De ninguna clase. Todos queremos ser normales ¿Por qué? Porque queremos ser parte. Queremos sentirnos comprendidos y valorados. Y si nos sale un cartel luminoso en la frente que nos diferencia, el riesgo de exclusión o prejuicio, y consiguiente aislamiento, siempre es mayor.

Las personas con altas capacidades tienen que aprender a convivir con la envidia, la mirada crítica y las exigencias del entorno. Y no siempre se tienen las herramientas y habilidades para convivir con eso y no acabar muy afectado a nivel psicológico y emocional. Las personas con altas capacidades no tienen la culpa de ser como son. Ni de ser buenos alumnos, cuando es el caso. Ni de tener más facilidad para entender las cosas o entender a los demás. Ni de su intensidad y sensibilidad, que muchas veces les hace brillar en ciertos entornos, sin ningún esfuerzo. Los padres de niños y niñas con altas capacidades tampoco tienen la culpa de que sus hijos sean como son. Y ni se sienten superiores ni sienten que sus hijos sean superiores a nadie ¿O no es perfectamente entendible estar orgulloso de un hijo que gana las pruebas de atletismo, o los concursos de pintura o los certámenes literarios? Pero cuando se trata de inteligencia, parece que se hieren las susceptibilidades y muchas personas se ponen a la defensiva o se sienten disminuidas y muestran lo peor de sí mismas.

Es muy frecuente que, por su mayor empatía, sensibilidad, autocrítica y la complejidad de sus pensamientos, una persona con altas capacidades que recibe gestos o manifestaciones de envidia se sienta culpable, cuestione su manera de ser o de dirigirse a los demás, se sienta herida y rechazada y se aísle. Se pregunte si habrá dicho algo que no estuvo del todo bien, si habrá hecho alarde de su capacidad sin darse cuenta, si estará siendo injusto con alguien, si no será mejor abstenerse de participar, opinar o continuar en ese grupo con tal de no incomodar a nadie y volver a sentirse expuesto.

Hay quienes hablan de envidia buena o envidia sana, como una variante menos problemática y hasta constructiva de ese espantoso pesar por el bien ajeno. Esta envidia buena o positiva sería la que nos ayuda a ver qué es eso que deseamos del otro y no tenemos o creemos no merecer, pero una vez conscientes de eso nos activa para conseguirlo, nos pone en marcha, nos motiva y nos hace dar cuenta que el otro no tiene la culpa de nada y que nosotros podemos tomar las riendas de nuestra vida y conseguir las cosas que deseamos. Pero la mayoría de las veces la envidia se presenta con su cara más cruel y despierta emociones y acciones destructivas para el que la siente y para el que la genera.

Como ocurre con casi todas las demás situaciones problemáticas que derivan de las relaciones humanas y la mala gestión de emociones y habilidades sociales, es importante aceptar que no podemos tener casi ningún control sobre lo que hagan o sientan los otros, mas que el que queda dentro de los márgenes de la ley, el sentido común o las normas básicas de convivencia, pero lo mas conveniente es aprender a manejar las propias emociones y habilidades para contrarrestar y sobrellevar la situación.

Los padres y madres de niños con altas capacidades, los propios niños y niñas, y desde luego los adultos con altas capacidades no tienen por qué sentir vergüenza ni pudor, no tienen por qué esconderse ni mantener su condición en secreto, no tienen por qué aislarse o camuflarse, reprimir su personalidad, apagarse o transformarse en nada que no son. Una persona alta. Una persona morena. Una persona de piel blanca. Una persona de voz aguda. Una persona delgada. Una persona baja, o rubia, o de piel negra o voz grave o complexión robusta ¿tienen que esconderse? ¿tienen que avergonzarse? ¿tienen que amoldarse? ¿tienen que camuflarse? ¿a que nos parece un poco ridículo? Las altas capacidades son una condición. No son ni una enfermedad ni un don. Son una realidad con la que algunas personas nacen y tienen que vivir. Como cualquier otra. Y tal vez sea la sociedad y no las personas la que les lleva a sentirse siempre fuera de lugar. Quizás sea esa estandarización o la tendencia a la competitividad y la búsqueda de la rentabilidad y la efectividad y la excelencia por encima de todo. Porque al final si en casa, si en la comunidad, si en el barrio, si en el colegio, si en la universidad, si en el club, si en el trabajo, si en todo ámbito y en todo contexto existiera verdaderamente igualdad, respeto y aceptación ¿sentiríamos envidia?

El Síndrome del Impostor

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¿Qué es el Síndrome del Impostor y por qué está asociado a las altas capacidades? Aunque el oráculo de Delfos respondía: “Sócrates” a la pregunta ¿quién es el hombre más sabio de Grecia?, ese mismo hombre fue quien pronunció la famosa frase que hemos oído hasta el cansancio: “Sólo sé que no sé nada.” Pareciera que existe una relación directa entre la sabiduría y la inseguridad acerca de la propia capacidad o valía. Eso venimos a llamar Síndrome del Impostor, y es muy frecuente en las personas con altas capacidades.

Porque muy habitualmente las personas cuyo modo de pensar y estructurar el conocimiento es más profundo y complejo tienden a ser mucho más conscientes de todo lo que nunca llegarán a saber. La abrumadora e intrincada capacidad para asimilar, gestionar e interrelacionar información o cualquier tipo de estímulo en una persona con altas capacidades hace que la conciencia de lo que queda por ver, aprender o conocer sea también igualmente abrumadora.

Imaginemos por un momento una estantería. Una estantería para colocar libros. Ahora imaginemos que en el frente de la primera balda hay un pequeño cartel que pone: “Historia”. Y ahora coloquemos unos cuántos libros de historia universal, historia antigua e historia contemporánea en las baldas, hasta llenar casi en un 80% las estanterías ¿A que es una imagen fácil de imaginar? ¿A que da una cierta sensación de control y de claridad? Estamos ante una biblioteca especializada en Historia. Muy bien.

Ahora vamos a imaginarnos otra cosa. Partimos de la misma imagen inicial. Una estantería para colocar libros. Y el pequeño cartel que pone “Historia”, también. Pero ahora hagamos de cuenta que nos alejamos un poco y que empiezan a aparecer más estanterías. A ambos lados de la estantería inicial. Y que después de alejarnos un poco más vemos que hay varias plantas llenas de estanterías. Y si nos fijamos bien cada cierta cantidad de estanterías surgen pasillos en los que hay más y más estanterías que fugan al infinito. Y si volvemos a acercarnos para mirar las baldas vemos que hay carteles por todas partes. Ya no solo ponen “Historia” sino que son más específicos: Historia universal, Historia antigua, Historia contemporánea, sí. Pero también Historia de la literatura, Historia del arte, Historia de las mujeres, Historia de las religiones, Historia de la belleza, Historia de España, Historia comparada del arte y la literatura, Historia de la arquitectura, y dentro de cada uno, subcategorías y dentro de ellas otras más. Y temas cada vez más acotados y específicos pero que no dejan de ser libros de Historia, relacionados con la historia, complementarios, interdisciplinarios, afines, ilustrados, comentados, en otras lenguas, prohibidos, censurados, premiados, más vendidos, olvidados, primeras ediciones, descatalogados, inéditos…Y así podríamos seguir, y los siguientes pertenecerían a esas estanterías que fugan en perspectiva fuera de nuestro campo visual ¿A qué esta imagen ya no es tan fácil de imaginar? ¿A que no da precisamente una sensación de control o claridad sino más bien cierta angustia y ansiedad?

Si juzgamos objetivamente, podríamos afirmar que una persona que hubiera leído y tuviera un cierto manejo y habilidad en recordar, transmitir y relacionar los contenidos incluidos en esa primera estantería, la primera que imaginamos, la que estaba llena en un 80%, podría llamarse un experto o al menos un conocedor de la materia ¿No es así? Muy bien. Una persona con altas capacidades, en vez de centrarse en esa estantería que controla y conoce completamente, no puede dejar de imaginar todas esas estanterías que nunca llegará a leer, que jamás llegará a conocer; todos esos pasillos que fugan al infinito y todos esos carteles con las categorías y subcategorías que no llegará a saber ni siquiera que existen. Pasillos enteros. Alas completas de una biblioteca inconmensurable que no podrá abarcar. Y solo de Historia.

Así nace el Síndrome del Impostor. Y de ahí surge también la afirmación de Sócrates. Cuanto más compleja es la estructura del pensamiento, mayor es la sensación de ignorancia, y no solo de ignorancia sino de absoluta y concreta incapacidad para adquirir todo el conocimiento necesario, deseable, existente para definirse como experto o conocedor. Y no hay que minimizar el ingrediente de la insaciable sed de conocimiento de las personas con altas capacidades. Y tampoco olvidar su altísimo perfeccionismo y la consiguiente frustración.

Así tenemos todos los ingredientes necesarios para preparar el síndrome ¿Por qué se llama Síndrome del Impostor? Porque sea cual sea su formación, y sea cual sea el grado y la amplitud y la profundidad del conocimiento y la experiencia en relación a un tema, a un ámbito, a una profesión o actividad, la conciencia de las personas con altas capacidades de todo lo que les queda por saber -y les será humanamente imposible aprender- les hace sentir siempre farsantes, fraudes, ineptos, impostores.

No es extraño encontrar a una persona con altas capacidades haciendo cálculos sobre los libros que es capaz de leer en una semana y multiplicando por 52,1419 y después por los años que por estadística le quedan por vivir (sin entrar en detalle acerca de los datos que pueden llegar a entrar en el cálculo para estimar la esperanza de vida) para posteriormente sentir una enorme desesperanza al constatar la inmensa cantidad de libros que nunca jamás llegarán a leer. Lo mismo puede ocurrir al entrar a una biblioteca o ver los resultados que devuelve una búsqueda en internet. Una mezcla de placer, curiosidad y fascinación mezclados con vacío, frustración, ansiedad y tristeza. La conciencia irrefutable que construye la frase: “Sólo sé que no sé nada.”

¿Cómo se puede afrontar y minimizar esa sensación de inseguridad y fraude que llamamos Síndrome del Impostor? Es importante trabajar en la autoconfianza. Conocer y valorar los logros, las capacidades, las destrezas, el conocimiento y la experiencia que se tiene. No es posible para una persona con una gran autoconciencia y enorme capacidad crítica dejar de ver lo que le falta, dejar de enfrentarse a una realidad muchas veces abrumadora e inabarcable, pero es importante y sí es posible aprender a enfocar la mirada para potenciar esa capacidad y centrarla en esa porción de la realidad que constata y sostiene los aspectos positivos, confirma y recuerda los objetivos alcanzados. Porque eso, al igual que las estanterías vacías y las inalcanzables, también es verdad.

pigmalión y galatea

Efecto Pigmalión y Altas Capacidades

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El mito de Pigmalión narra la historia de un escultor que, tras múltiples fracasos en materia amorosa, decide renunciar a la búsqueda de una mujer real a la que entregar su amor y se propone esculpir en mármol cuerpos femeninos que se acercaran al ideal que no había conseguido encontrar. Al acabar su última creación, a quien llamará Galatea, se siente profundamente atraído y se enamora de ella. Afrodita, conmovida por la tristeza y soledad de Pigmalión y por la sincera intensidad de su naciente y platónico amor, se compadece y decide poner fin al sufrimiento del escultor dando vida a Galatea.

Como en otras tantas ocasiones, la psicología se ha valido de los personajes mitológicos y sus historias para explicar y comprender algunos patrones de conducta y trampas emocionales que a menudo condicionan nuestras vidas. En relación con el mito de Pigmalión se puede hablar del llamado efecto Pigmalión y sus puntos de contacto con la profecía autocumplida.

Llamamos efecto Pigmalión al resultado que tiene sobre el comportamiento y la imagen de sí mismo que pueden tener las expectativas, las exigencias y las afirmaciones que se hagan sobre una persona, principalmente por parte de sus padres y maestros durante la infancia. Al final, a fuerza de escuchar lo que los demás ven, lo que los demás interpretan y esperan de nosotros, y guiados por la necesidad primordial de aceptación y amor, terminamos amoldándonos, encajando, cumpliendo con esos designios, aunque no sean verdad. Preferimos ser lo que los demás esperan de nosotros mismos que pagar el precio de la soledad y la incomprensión. Pero, para cuando se tiene madurez, conciencia y autoestima suficientes, puede ser ya demasiado tarde.

En relación a las altas capacidades se da muchas veces el llamado efecto Pigmalión negativo, que no es otra cosa que la mímesis que sufren los niños y niñas de altas capacidades al ver su identidad, su valía y sus necesidades totalmente desatendidas, subestimadas e ignoradas. Terminan cumpliendo con la imagen, el rol y patrón de comportamiento que se espera de ellos, aunque esto los aleje dolorosamente de su naturaleza y de su ser, coarte su personalidad y reduzca enormemente el desarrollo de sus capacidades y talentos.

Lo más saludable sería, claro está, que la atención y tolerancia ante lo inusual y diferente, en el ámbito que sea, fuera una prioridad impostergable. Pero la realidad es que la inmensa mayoría de niños y niñas con altas capacidades siguen sin diagnosticar, y de la minoría que conoce su condición, un alto porcentaje sigue sufriendo las consecuencias de una sociedad y un sistema educativo que no están formados ni preparados para atender a sus demandas. El riesgo del efecto Pigmalión negativo aumenta con la adolescencia y puede acarrear desmotivación, frustración y una sensación de aislamiento e inadaptación que muchas veces deriva en ansiedad, depresión y en el fracaso escolar.

Es un derecho de todo niño manifestar su individualidad, su propia personalidad, inteligencia, creatividad, motivación e intereses sin tener que esconderse, amoldarse y mucho menos avergonzarse por eso.

La obra Las metamorfosis de Ovidio nos relata así el mito:

Pigmalión, en sueños, se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda bajo los rayos del Sol y se deja malear, tomando distintas formas, haciéndose más dócil. Al verlo, se llenó de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba a sí mismo. Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas latían al explorarlas con sus dedos.

Al despertar, Pigmalión se encontró con Afrodita, que conmovida le dijo “mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has creado. Aquí tienes a la mujer que has soñado. Ámala y defiéndela del mal”.

Y así Galatea se volvió humana.

Ojalá la simbología del mito de Pigmalión solo encontrara sentido en la expresión de la propia personalidad, no idealizada ni guiada por el deseo de perfección, ni de un amor platónico dirigido hacia una fuente de felicidad externa a nosotros, anhelada y representada por el amor romántico como antídoto contra la soledad. Ojalá la simbología del mito nos llevara a la búsqueda de nosotros mismos. Y de transformarnos en ese ser que se forja y consolida a través del trabajo diario, un ser a quien amar y defender del mal.

Ojalá el único efecto Pigmalión que se aplicara al desarrollo infantil fuera el positivo, aquel que se produce cada vez que un padre, una madre, un maestro motivan y potencian la autoafirmación a través de la tolerancia, el respeto, la aceptación, la sinceridad, la confianza y el apoyo incondicional, únicos pilares sobre los que se consigue el desarrollo integro de la personalidad y el autoestima y se consigue encauzar y dar forma a la creatividad, la capacidad y el talento.

 

Imagen © Elisabeth Caren

primera persona

Altas capacidades en primera persona

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Les voy a ser sincero. Es difícil hablar de esto de las altas capacidades en primera persona.

Me da un poco de vergüenza, me hace sentir incómodo, no me gusta tocar el tema y muchas veces prefiero que nadie lo sepa.

¿Por qué debería avergonzarme? ¿o sentir miedo de lo que piensen los demás?

La mayoría de las personas no sabe muy bien lo que significa que tenga altas capacidades, y como hay tantas ideas equivocadas al respecto, enseguida me empiezan a preguntar cosas y a creer que soy un bicho raro.

Y yo soy simplemente un niño. Como todos los demás.

Todos tenemos algo diferente y especial. A veces nos gusta, a veces no nos gusta nada. Pero no queremos sentirnos bichos raros. Queremos ser quienes somos, y también ser como los demás.

Queremos ser queridos, respetados y valorados. Así, tal y como somos.

Sin vergüenza, sin miedo y sin esconder nada.

 

¿Qué son las Altas Capacidades?

 

Cuando hablamos de altas capacidades no nos gusta que crean que tenemos un cartel en la frente con un numerito al lado de las letras CI. Ni que piensen que tocamos el piano, el violín, somos genios de las matemáticas, tímidos, frikis, que leemos el diccionario en los ratos libres y lo sabemos todo sobre los dinosaurios. Cuando decimos altas capacidades hablamos de una manera diferente de pensar y sentir el mundo. Nuestro cerebro funciona de otra manera, y eso hace que nuestra forma de aprender, sentir y relacionarnos con los demás sea distinta de lo habitual ¿Y por qué se les llama altas capacidades? Porque sí es cierto que a veces para algunas cosas nuestra sensibilidad, nuestras reacciones, nuestra velocidad de razonamiento, intensidad, concentración, complejidad, empatía o nivel de conciencia es más alto de lo normal, es mayor. Pero esto no debería interpretarse como “mejor”. Como no es mejor ser alto que bajo, ni es mejor ser diestro que zurdo, ni rubio que pelirrojo, ni tener la voz grave o aguda, o la piel blanca o morena. El cerebro de las personas con altas capacidades es simplemente así. No se elige ni es algo de lo que avergonzarse o sentirse orgulloso.

 

Hipersensibilidad

 

Cuando era muy chiquito no soportaba ir a la feria de atracciones. Había tanta gente, tanto ruido, tantos olores, tanto movimiento, tantas luces, que simplemente no lo soportaba. Me sentía muy agobiado, estresado, saturado. Era horrible.

La primera vez que fuimos a un concierto en vivo no podía parar de moverme. La música era tan hermosa, el ritmo, la armonía entre los instrumentos. Toda esa energía me atravesaba y no podía dejar de mover las piernas y los brazos. Me era tan difícil quedarme sentado en la silla ¡Debería haberme levantado y haber bailado como loco!

También me pasó una tarde que fui al circo y una bailarina fue bajando lentamente desde el techo hasta un estanque de agua al ritmo de una música muy suave. Me invadió una tristeza infinita y no pude contener las lágrimas.

También sufro inmensamente cada vez que tengo que cortarme las uñas. Me duele peinarme y no soporto las etiquetas de la ropa, me vuelven loco. Esas que te rozan el cuello ¡las corto siempre con furia!

Si hay alguna comida que no me gusta en la mesa, pido que la pongan bien lejos. Porque si no se me hace insoportable. O se va el queso azul o las habas salteadas de la mesa…o me voy yo. Y no es que sea un tiquismiquis. Es que mi sensibilidad es mayor y lo que a ustedes les parece normal y tolerable a mi puede resultarme realmente agobiante e insoportable. Imagínense si les aumentaran el volumen y la intensidad a todo lo que olieran, vieran, oyeran, saborearan y tocaran ¿Cómo lo podrían tolerar?

A veces me distraigo con un simple ruidito que nadie más puede oír, y me cuesta mucho concentrarme si están hablando, escuchando música o si el vecino está regando las macetas o moviendo los muebles de lugar…

Mi cabeza nunca para. A veces me cuesta mucho dormirme. O necesito dormir demasiado. Mi cerebro es como una máquina imparable. Y muy habitualmente, si alguna cosa me gusta mucho, puedo llegar realmente a obsesionarme. Imaginen todas las ramas, ramitas y pequeños tallos de un árbol llenos de una cosa. Eso puede ser genial, porque podemos volvernos realmente expertos en algo; pero también abarca tanto nuestra atención que puede hacer que pierda sentido todo lo demás. Las cosas más básicas y necesarias como comer, tomar agua, ir a hacer pis, lavarme los dientes, vestirme para salir, estar en un lugar a una hora determinada…se vuelven algo nefasto…porque me desconectan de “eso” que realmente colma todas mis expectativas. Las rutinas del día me cuestan. No me parecen algo normal ni necesario. Me parecen aburridas, una pérdida de tiempo, la razón por la cual -y la mayoría de las veces sin ninguna recompensa- tengo que dejar de estar con mis sentidos al 100%, cosa que me hace muy feliz pero que no consigo muy fácilmente.

 

¿Cómo descubrí que tenía Altas Capacidades?

 

Cuando empecé primero de primaria los profes llamaron enseguida a mis papás. Creían que algo no iba bien. No podía estar mucho rato quieto. Movía mucho los brazos, me levantaba, hablaba todo el tiempo, hacía bromas a mis compañeros. En otros momentos, si me quedaba quieto es porque estaba aburridísimo o medio dormido encima de la mesa. Me distraía mucho y no me enteraba demasiado de lo que había que hacer. Mis papás estuvieron de acuerdo en que me hicieran unas pruebas para ver si tenía algún problema de atención. Las pruebas me parecieron muy divertidas. Me lo pasaba genial con Paco haciendo juegos y resolviendo acertijos. Al final descubrieron que lo que me pasaba era que mi cerebro funcionaba de una manera especial. Uno solo puede vivir en su propio cerebro. No sabe como piensan o sienten los demás. Y para uno, ser, sentir y pensar así es lo más normal del mundo. Pero es un poco desconcertante que a los demás les parezca que somos raros o que tenemos algún problema. Gracias a Paco descubrimos que mi manera de ser no tenía nada de malo. Digamos, por ponerle un nombre, que la razón por la que me portaba así era porque tenía altas capacidades. Mi cerebro funciona de una manera diferente y eso hace que algunas cosas que a otros les gustan a mí me aburran, y las que a otros les aburren, tal vez a mí me flipan. Pero eso nos pasa un poco a todos ¿no?

 

¿Por qué no me gusta que me llamen “superdotado”?

 

Es un poco incómodo. Cómo se responde a la pregunta ¿así que sos superdotado? Es que las palabras tienen una historia y un por qué, y a veces suenan de una manera que hace que sean muy fáciles de malinterpretar. No me gusta pensar que soy “súper”, como si fuera un superhéroe o algo así, algo superior a todo lo demás, o extraordinario. Tampoco me gusta lo de “dotado” porque, aunque en realidad no quiere decir otra cosa que tener unas ciertas condiciones o cualidades para algo, eso es verdad para todos nosotros. La gente enseguida cree que tengo algo que los demás no tienen y me hace mejor o superior. Prefiero pensar y prefiero que los demás piensen que soy diferente. Ni mejor ni peor. Cuando me miro a mí. Cuando miro a los demás. Cuando los demás me miran. Porque no estaría bien que el más alto de la clase se sintiera superior a los demás. O el más bajo. O el más rápido en las pruebas de educación física. O el más memorioso cuando hay que aprender una poesía o una fórmula matemática. O el más atento cuando el profe pregunta algo o un compañero no se siente bien. No somos mejores o peores. Somos diferentes y tenemos que sentirnos bien, así como somos, sin pensar ni sentir que somos más ni mejores, menos ni peores que nadie. Conocer nuestras capacidades y no tener vergüenza es importante, pero no para mirar a los demás por encima del hombro, sino para usarlas para el bien de todos, y formar un gran equipo; en el cole, en nuestra familia, en nuestro grupo de amigos y el día de mañana en nuestro trabajo y dentro de la sociedad. Yo creo que todos tenemos altas capacidades ¿saben? Lo que pasa es que las tenemos en cosas diferentes. Cada uno tiene que descubrir la suya.

 

Expectativa vs Realidad

 

Si tenés altas capacidades deberías tener todos sobresalientes.

No. No es verdad ¡Es un gran error!

Las personas con altas capacidades solamente pensamos de otra manera y eso hace que muchas veces la forma en que nos enseñan las cosas en el cole nos resulte rara o difícil. Hay cosas que las aprendo super rápido. Y hay otras que me llevan mucho tiempo. Porque yo lo hubiera razonado de otra manera muy distinta. Y ese esfuerzo extra de adaptarme a cómo me enseñan las cosas, a veces me lleva tiempo.

Cuando estaba en tercero de primaria nos enseñaron las tablas de multiplicar. Y a mí no me gusta aprender las cosas de memoria, y como no me gusta no se me da bien. Necesito entender por qué. Así que me llevó muchos meses entenderlas. Iba muy lento. Muchos compañeros a la semana siguiente de empezar ya se las sabían. Y yo me acuerdo de que a veces me iba fatal en los exámenes porque no los llegaba a terminar. Hasta donde llegaba, tenía todo bien, pero no conseguía terminar ni la mitad de los ejercicios. No me sabía las tablas. Las pensaba, cada vez.

Cuando estaba haciendo las pruebas con Paco para ver por qué me portaba así en clase me dio algunos problemas de lógica que tardé mucho en resolver. Y él apuntó en el informe: había varias formas de resolverlo, algunas más rápidas, más simples, más fáciles. Él inventó un método novedoso. Le llevó mucho más tiempo y esfuerzo, pero llegó al resultado correcto.

 

Si tenés altas capacidades entonces deberías poder decirme ahora mismo… ¿cuánto es 1.000.000/52?

No. Que tenga altas capacidades no significa que sea una calculadora con pies. Ni que pueda hacer cálculos matemáticos en segundos. Mi cabeza no es un ordenador. Simplemente toma caminos extraños. A veces atajos sencillos, y otras, caminos llenos de obstáculos para poder llegar a un resultado o una conclusión. Además, no todas las personas con altas capacidades tienen las mismas habilidades ni los mismos intereses. Quizás a algunos se les den muy bien las matemáticas, pero a otros no.

 

Si tenés altas capacidades entonces debes tocar bien el piano ¿o el violín? ¿Y a que sos un campeón del ajedrez?

No. Y mil veces no. No todos tenemos los mismos gustos e intereses. Y mientras algunos pueden tocar maravillosamente un instrumento musical o dominar algún juego de estrategia y lógica, hay quienes tienen talento para las artes, las palabras, los deportes o son muy creativos y originales para inventar cosas o para resolver problemas y acertijos. Que tenga altas capacidades no significa que tenga un alto rendimiento en todo.

 

Si tenés altas capacidades entonces no necesitás clases de apoyo, que el profe te ayude, o que te lo explique otra vez.

No. No es así. Si algo me parece muy fácil, me aburre, lo abandono. Si me parece demasiado difícil me genera una gran frustración, porque soy muy perfeccionista. Me gustan los retos. Descubrirlo a mi manera, a mi ritmo y a la profundidad que me apetezca. Y los contenidos que hay que aprender no siempre son así. A veces hay que aprender solo una cosa, y no darle muchas vueltas. A veces hay que aprender algunas cosas de memoria para poder seguir, sin liarse demasiado pensando en por qué o para qué. Otras veces no puedo ir a mi ritmo porque el examen es ¡mañana! y no me da tiempo de resolverlo todo. Otras solo veo un montón de datos en una página que hay que recordar y si no entiendo dónde, cómo, y para qué ¡me cuesta muchísimo!

 

Si tenés altas capacidades seguro sos friki, rarito, tímido, nervioso, pesado, solitario, engreído, listillo, cabezota, sabelotodo…

No. No es así. Y me hace mucho daño que me digan eso. Que lo piensen. Que lo vayan diciendo a mis espaldas. Soy tan raro como cualquiera. Soy tan diferente y tan igual a los demás como cualquier otra persona. Algunas cosas se me dan réquete bien, y otras fatal. En algunas cosas soy genial y en otras un desastre. Para ciertas actividades soy ágil y para otras super lento. Para unas hábil y para otras, torpe. Hay tareas que me resultan muy fáciles y otras difíciles. Y unas divertidas mientras otras un aburrimiento total ¿No somos todos así?

¿No tendríamos que tener todos derecho a ser quiénes somos sin vergüenza, sin miedo y sin pensar que nos van a señalar o apartar, o a poner una etiqueta que no queremos que nos pongan, simplemente por ser como somos?

 

En primera persona

 

Tengo altas capacidades.

Tengo ojos grandes y pelo negro.

Soy alto y flaco.

Me gusta llevar el pelo largo.

Hablo español.

No creo en Dios.

Tengo la piel blanca.

Soy extranjero.

Odio el reguetón.

Amo el Roblox.

Pero ¿qué importa todo eso?

Soy yo. Soy un niño.

Y eso es todo lo que quiero que vean y piensen cuando están conmigo.

 

¿A que no lo sabías?

 

“Su rendimiento y sus resultados son insatisfactorios. No asimila bien. Las notas donde apunta sus experimentos están confusas. A menudo se encuentra perdido porque no escucha. Insiste en hacer las cosas a su manera. Me ha llegado la noticia de que quiere ser científico. Me parece algo ridículo. Si no puede ni siquiera aprender las bases de la biología, no tiene posibilidades de desempeñar el trabajo de un especialista. Sería una pura pérdida de tiempo para él y para los que deban enseñarle.”

Eran las palabras de un profesor hablando de John Gurdon, Premio Nobel de Medicina.

El profesor de Albert Einstein escribió: “Este chico no llegará nunca a ningún sitio. Es lento. Reflexiona demasiado antes de contestar a una pregunta. No consigue aprender nada de memoria. No entiende las reglas y las órdenes. No le gusta el deporte. Siempre está aislado.”

Muchos años después Einstein respondería con una frase muy controvertida…

“La educación es lo que queda después de que uno ha olvidado todo lo que aprendió en la escuela.”

El astrofísico Stephen Hawking confesó sobre sus años de formación: “sentía un gran aburrimiento y tenía la sensación de que no merecía la pena esforzarse.” Aprendió a leer recién con ocho años. No le gustaba que le explicaran como hacer las cosas. No entendía los métodos. Su mente funcionaba de una manera completamente diferente a las demás.

Los maestros de Charles Darwin dijeron: “es un chico que se encuentra por debajo de los estándares comunes de inteligencia. Es una desgracia para su familia.” Su propio padre lo consideraba vago y demasiado soñador: “Mi hijo no piensa en otra cosa que en la caza y en los perros.”

La madre de Thomas Edison dejó de llevarlo al colegio para educarle en casa. El profesor decía que era “un chico mentalmente enfermo, confuso, inestable y embrollón.”

Giuseppe Verdi no fue admitido en la Escuela Superior de Música de Milán porque decían que adoptaba una postura incorrecta de las manos sobre el piano.

Leonardo da Vinci empezaba investigaciones sobre tema diferentes y después se frustraba y las abandonaba. Nunca fue a la escuela y los que lo conocieron pensaban que era lento, desordenado e hiperactivo.

¿Se imaginan qué triste, cuánto nos hubiéramos perdido si todos ellos se hubieran quedado pensando que eran demasiado diferentes para hacer algo bueno por este mundo? Perezosos, inútiles, inadaptados, indisciplinados, distraídos, malos estudiantes, soñadores, confusos, inestables, rebeldes, solitarios…

Todas las personas tienen una dosis de talento, pero hace falta fuerza de voluntad, motivación y muchas ganas de trabajar para desarrollarlo. Autoconfianza, disciplina y un plan de acción. Hay que encontrar el equilibrio justo para que esa estructura de control, dirección y trabajo guíe y sirva de apoyo sin ser demasiado rígida o limitante. De otra manera puede llevar al fracaso, generar mucha frustración e impedir el óptimo desarrollo de las potencialidades. La educación emocional y el desarrollo de las habilidades sociales son fundamentales para fortalecer la personalidad y mejorar la autoestima, la autodisciplina y la automotivación.

 

Desintegración Positiva y altas capacidades

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Hablar de Desintegración Positiva y altas capacidades supone definir conceptos complejos, partir de una base de conocimiento sobre terminología, postulados y teorías desarrolladas por los investigadores Dabrowski y Piechowski fundamentalmente, y estructurar esa información ordenadamente para comprender y concluir cómo partiendo de la observación de ciertas características, conductas y reacciones se llega a un desarrollo evolutivo de la personalidad que está más potenciado en las personas con altas capacidades.

Lo primero que hace falta definir es ¿Qué es la Desintegración Positiva? y ¿Cómo se relaciona con ese potencial de desarrollo y con una sobre excitabilidad e intensidad innatas e inherentes a las altas capacidades?

La Desintegración Positiva es una teoría, desarrollada por el psicólogo y psiquiatra polaco Kazimier Dabrowski, que afirma que la evolución de la personalidad desde un estado carente de autoconciencia y básicamente egocéntrico e individualista hacia uno en el que el individuo no solo supera el egocentrismo inicial sino también las expectativas externas tanto a nivel individual, familiar y social, y se dirige hacia un estado de desarrollo pleno guiado por la empatía, la plena conciencia de si mismo y la búsqueda de fines altruistas, genuinos y universales, solo se puede conseguir a través de un proceso de desintegración. El individuo debe replantear y deconstruir los pilares sobre los que se han fundado sus acciones y pensamientos, y repostularlos en un sentido nuevo que excede su propia satisfacción, e incluso las demandas emanadas del medio social, y se orienta hacia unos fines superiores imbuidos de un valor humano, universal, abstracto y altruista. Se le llama positiva porque, aunque es un proceso en el cual es inevitable atravesar profundos conflictos internos de diversa índole, el resultado es una integración nueva, evolucionada y positiva de la personalidad, hacia la cual las personas con altas capacidades tienen una predisposición y un potencial mayor que debe ser comprendido y apoyado.

Llegado a este punto, el vértice de contacto entre la Desintegración Positiva y las altas capacidades, es importante destacar que la teoría ilumina y oxigena la visión y manera de abordar no solo el diagnostico sino el significado y las profundas y complejas implicaciones que pueden tener esa serie de conflictos, pensamientos, reacciones, dinámicas y sensibilidades propias de los individuos con altas capacidades y que suelen desatenderse y etiquetarse no solo de manera errónea sino contraproducente.

Si partimos de la afirmación de que sin desintegración no puede haber evolución de la psique. Si descubrimos que, a mayor excitabilidad y mayor intensidad, más potencial de evolución tenemos delante. Si nos atrevemos a pensar que sin una serie de profundos replanteos y conflictos internos sobre la imagen de uno mismo y la relación con el entorno, y sobre lo que se es y lo que se debería lograr ser, y cómo esa lucha se define casi como una paradoja dentro del plano familiar, educativo, social y económico, porque el objetivo hacia el que se dirige el deseo y la necesidad de ese ser que intenta aflorar no cumple de ninguna manera con las expectativas externas ni con las internas heredadas, aprendidas y sustentadas. Si replanteamos esa primera y segunda y tercera impresión y prejuicio que solemos tener cuando nos enfrentamos a emociones intensas, pensamientos complejos, dinámicas psicomotrices y sensitivas infrecuentes y difíciles de controlar; a conflictos existenciales y a más dudas y más incertidumbres y más miedos que a ese imaginario funcional y equilibrado, perfectamente en marcha y dando respuestas correctas y esperables y seguras y entusiastas. Si podemos atrevernos a mirar de otra manera todos esos condicionales podremos de pronto redefinir todas esas connotaciones supuestamente negativas, todos los tabúes, todos los eufemismos, todas las etiquetas, todos los prejuicios, y evolucionar ¿Y si todas esas señales que creíamos preocupantes, inaceptables, obstaculizadoras, no fueran otra cosa que signos de un proceso positivo, de un irrefrenable desarrollo, rasgos inequívocos de evolución? ¿Si toda esa aparente desintegración del individuo en conflicto fuera absoluta e irrefutablemente positiva? Esas son las preguntas que nos plantea la teoría de la Desintegración Positiva de Dabrowski.

En cuanto a su relación con las altas capacidades, Dabrowski llega a la conclusión de que las personas con mayor sobre excitabilidadhipersensibilidad e intensidad tienen un potencial considerablemente mayor de evolución. Y que la combinación de esa intensidad, sensibilidad y potencial de desarrollo son claros indicadores de alta capacidad intelectual. Y abre y expande y complementa la mirada tradicional sobre el diagnóstico, los test de CI, las herramientas de evaluación y las respuestas a las necesidades asociadas a la superdotación, enriqueciendo y ampliando la manera de abordar las altas capacidades a nivel individual, interpersonal, familiar, escolar y social.

Al igual que las investigaciones de Elaine Aron sobre hipersensibilidad generan un profundo alivio y ayudan a aceptar y comprender que esas conductas supuestamente inadecuadas, inaceptables, rechazadas, que narran lamentablemente demasiadas historias en primera persona sobre incomprensión y soledad, y en las que las personas altamente sensibles han llegado a sentirse locos, trastornados, absolutamente inadaptados, aislados y ajenos a este mundo; eran simplemente un rasgo, una cualidad, un don del cual valerse y con el cual vivir plenamente y sin permitir más etiquetas ni juicios. La teoría de la Desintegración Positiva de Dabrowski echa luz y abre una nueva perspectiva ante ciertos indicadores, no solo de alta capacidad intelectual e hipersensibilidad, sino del verdadero significado y potencial de ese enjambre de conflictos, incomodidades, replanteos y contradicciones que habitan en el cuerpo y la mente de ciertas personas. De pronto, descubrir que esa sensación de duda, sufrimiento y la instintiva necesidad de redefinirlo todo a un nivel profundo, casi ajeno a este sistema y a las normas y expectativas establecidas, no era un signo de inadaptación, debilidad o incapacidad. No entrañaba peligro. No era algo de lo que había que curarse. No era un trastorno de personalidad ni un déficit ni un riesgo. Era un claro signo de evolución, de potencial, un hito en el camino hacia el autoconocimiento y el nacimiento de un ser auténtico, verdadero, sensible, consciente y altruista.

Si te ha interesado la teoría de la Desintegración Positiva te recomendamos leer esta entrada con una síntesis del texto de Raquel Pardo de Santayana, especialista en altas capacidades, publicado por la Universidad Complutense de Madrid sobre las aportaciones, los conceptos fundamentales, estadios y dinamismos sobre los que se funda la teoría de Dabrowski. El texto completo puede leerse aquí.

Un artículo comentado sobre las características, pero también implicaciones a nivel individual y social, de la teoría de la Desintegración Positiva puede leerse aquí.

Y para saber más sobre las personas altamente sensibles y los estudios de Elaine Aron sobre hipersensibilidad y altas capacidades visita esta entrada con las experiencias del último ágora de padres y familias de la Asociación Pitágoras.

Hipersensibilidad

Alta sensibilidad y altas capacidades

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En este artículo abordaremos un tema fundamental: la relación entre alta capacidad y alta sensibilidad. Las personas con altas capacidades son también, con enorme frecuencia, personas con alta sensibilidad. Nutridos por las investigaciones de Elaine Aron, psicóloga y escritora, autora del libro “El don de la sensibilidad” comenzaremos respondiendo un test orientativo para conocer el grado de hipersensibilidad que tenemos o tienen nuestros hijos y cómo afecta su relación con el entorno y su propia percepción de sí mismos.

Compartimos el cuestionario, porque creemos que puede ser revelador. Como hablábamos en otros artículos del blog sobre las altas capacidades y la importancia del diagnóstico, en este caso sucede algo muy similar. Saber qué es la hipersensibilidad y reconocerse ayuda a afrontar, comprender, aceptar y vivir plenamente desde la conciencia de estar en posesión de un don que la sociedad y las propias represiones individuales y colectivas han hecho que sea visto y señalado como una patología, un defecto o una debilidad. Cuando en realidad es todo lo contrario.

  1. Tengo la sensación de ser consciente de cosas muy sutiles en mi entorno
  2. Me afecta el comportamiento de los demás
  3. Suelo ser muy sensible al dolor
  4. En los días ajetreados, suelo tener necesidad de retirarme, echarme en la cama, buscar una habitación en penumbra o cualquier otro lugar donde pueda encontrar algo de tranquilidad y alivio frente a tanta estimulación
  5. Soy particularmente sensible a los efectos de la cafeína
  6. Me abruman fácilmente las luces brillantes, los olores fuertes, los tejidos bastos
  7. Los ruidos fuertes me hacen sentir incómodo/a
  8. Tengo una vida interior rica y compleja
  9. Me conmueven profundamente las artes y la música
  10. Soy muy concienzudo/a
  11. Me asusto con facilidad
  12. Me agobio cuando tengo muchas cosas que hacer en poco tiempo
  13. Cuando alguien se siente a disgusto en un entorno físico, suelo saber lo que podría hacer para hacerle sentir más cómodo
  14. Me molesta que los demás pretendan que haga demasiadas cosas a la vez
  15. Me esfuerzo mucho por no cometer errores u olvidarme de algo
  16. Suelo evitar las películas y series de televisión violentas
  17. Me resulta desagradable la sobreestimulación que me provoca el ajetreo a mi alrededor
  18. Los cambios en la vida me conmocionan
  19. Suelo percibir y disfrutar de las buenas esencias, sabores, sonidos y obras de arte
  20. Para mi tiene mucha importancia disponer mi vida de modo que pueda evitarme situaciones perturbadoras
  21. Cuando tengo que competir o ser observado/a en la ejecución de una tarea, me pongo tan nervioso/a e inseguro/a que termino haciéndolo peor de lo que podría hacerlo
  22. Cuando era niño/a, mis padres o mis profesores me solían ver como una persona sensible o tímido/a

Una mayoría de respuestas verdaderas es un claro indicador de que estamos ante una persona altamente sensible. Entre los presentes, todos coincidimos en nuestra mayoría de afirmativos, incluso llegando a responder sí a todas las preguntas.

Ya introducidos en el tema, comentaremos la relación entre alta capacidad y alta sensibilidad, que según las investigaciones de Elaine Aron y Kazimierz Dabrowski, van asociadas con mucha frecuencia.

Dabrowski habla en términos de sobreexitabilidad y distingue 5 formas de sensibilidad en las personas con altas capacidades. Las sensibilidades motora o psicomotorasensitivaemocionalimaginativa e intelectual.

La hipersensibilidad o sobreexitabilidad motora se manifiesta en forma de entusiasmo, vitalidad, inquietud, energía desbordante y un punto de impulsividad. Una mirada superficial y desinformada puede derivar en un diagnóstico equivocado de hiperactividad o déficit de atención (TDAH) en niños de altas capacidades especialmente sensibles en sus funciones motoras.

En el área intelectual se despliega con avidez, curiosidad y una gran agilidad, originalidad y agudeza en la manera de buscar, adquirir y procesar la información para transformarla en conocimiento.

La alta sensibilidad sensitiva abarca los cinco sentidos y puede observarse en su manera de interactuar y reaccionar a todo tipo de estímulo, ya sea visual, táctil, olfativo, auditivo o gustativo. La intensidad con que se vive un sabor, un olor, un sonido, una textura, una forma o un color puede desencadenar en sobreexitabilidad. Eso explica los casos de baja tolerancia al dolor, el enorme placer o desagrado asociado a ciertas comidas, la facilidad con que pueden emocionarse en la contemplación de una obra de arte y la gran facilidad para distraerse ante un estímulo que para el común de la gente pasa desapercibido.

En cuanto a la hipersensibilidad imaginativa se observan con frecuencia complejidad en el habla, gran facilidad para comunicar a través de metáforas, gran abstracción mental y capacidad para soñar despiertos o inventar mundos paralelos, amigos imaginarios, historias inverosímiles cargadas de detalles realistas y convincentes. Este matiz dificulta enormemente la adaptación de las personas altamente sensibles a los métodos educativos convencionales y a las normas y rutinas que se viven con enorme incomodidad y monotonía.

Y la alta sensibilidad emocional. Las personas altamente sensibles tienen una riqueza y una intensidad en su vivencia emocional que no pasan desapercibidas. El miedo, la tristeza, el amor, la alegría o la ira pueden llegar a límites insospechados. También poseen una gran intuición, alta empatía y una exacerbada susceptibilidad a las críticas y al rechazo. La infancia es particularmente difícil en este sentido ya que la crueldad, la crudeza y la violencia física o verbal que pueden llegar a mostrar y ejercer los niños de su misma edad pueden ser algo realmente incomprensible y traumático.

La sociedad y el sistema en que estamos obligados a funcionar suele exigir y promover que seamos competitivos, egoístas, que nos mostremos fuertes, seguros y siempre dispuestos para la acción, como guerreros. Las personas altamente sensibles suelen quedarse fuera y absolutamente incapaces de identificarse con estas premisas que muchas veces parecen inevitables. Su capacidad de análisis, empatía y complejidad tanto intelectual como emocional ante un problema deriva, la mayoría de las veces, en que se subestime y se ridiculice la reacción y postura de las personas con alta capacidad y alta sensibilidad. En este sentido, es de vital importancia la contención, el apoyo y la validación de todas estas características en el hogar. Es fundamental conseguir que nuestros niños altamente sensibles acepten y aprendan a gestionar sus recursos y para eso deben sentirse seguros, comprendidos y amados, tal y como son. Ya en la escuela, en sus actividades deportivas o extraescolares, y más tarde en todo ámbito dentro de la sociedad, ya sea la universidad, el trabajo, o los entornos que frecuente según sus áreas de interés tendrán que lidiar con esa sensación de indefensión o incomprensión. De no pertenencia. Para darles las herramientas de autogestión y autoaceptación debemos ayudarles desde el hogar a construir su identidad, su autoestima y promover el autoconocimiento. Eso se consigue con los brazos, los ojos, los oídos y el corazón abierto. Con incondicionalidad, sinceridad. Estando presentes. Brindándoles tiempo compartido de calidad.

En nuestro último Ágora de padres de la Asociación Pitágoras abordamos el tema de la hipersensibilidad y participamos en un juego que nos ayudó a compartir experiencias. Teníamos 5 papeles para colocar en 5 cajas. Una por cada tipo de hipersensibilidad: Motora, sensitiva, emocional, imaginativa e intelectual. El juego consistía en escribir una experiencia o característica de nuestros hijos que encajara en algún tipo de sensibilidad. Podíamos escribir una de cada tipo o las que fueran más llamativas o frecuentes, aunque no hubiera de todas las categorías, ya que cada persona es única y, aunque puede que todas las sensibilidades estén aumentadas, hay casos en que realmente destacan mucho más unas sobre otras.

Las respuestas fueron anónimas y el entorno lúdico generó un maravilloso ambiente de sinceridad y distensión en que nos sentimos aliviados, sorprendidos, emocionados, reflexivos, divertidos, y nos animamos a compartir experiencias, sensaciones, dudas y anécdotas cotidianas que fueron muy esclarecedoras y constructivas.

Nos atrevimos a escribir la palabra obsesión. Nos atrevimos a hablar de los miedos, tan recurrentes e irracionales. Expusimos sin vergüenza esos mundos imaginarios y planteos complejos y preguntas incómodas y esa sinceridad extrema que nos regalan nuestros hijos a diario y con las que muchas veces no sabemos qué hacer. Asumimos, con alivio, que lo que necesitan nuestros hijos es ser aceptados y comprendidos. Que no pueden ni deben ir pidiendo perdón permanentemente por ser como son. Hagan lo que hagan, sientan lo que sientan, digan lo que digan, piensen lo que piensen, necesiten lo que necesiten.

Cada vez está más claro que estos espacios de reunión y diálogo son necesarios. La labor de la Asociación Altas Capacidades Pitágoras representa y construye el primer espacio seguro, el refugio de autenticidad fuera de nuestros hogares donde aprender la mejor manera de acompañar a nuestros hijos y funcionar saludablemente como familia, como padres y con el apoyo necesario para que desarrollen todo su potencial y acepten que lo que tienen no es un problema, no es una debilidad, no es una patología, no una ineludible puerta al aislamiento o al fracaso. Lo que tienen es un don.

Para profundizar en las 5 formas de sensibilidad expuestas por Dabrowski compartimos este artículo publicado en el blog de la rebelión del talento

5 Formas de Sensibilidad en Personas con Altas Capacidades

Y para conocer más a fondo la teoría de Elaine Aron recomendamos el blog de Karina Zegers de Beijl, autora del libro “Personas Altamente Sensibles” donde encontrar consejos, historias y toda una filosofía de vida asociada a la alta sensibilidad.

http://personasaltamentesensibles.blogspot.com.es/