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Altas capacidades y adicción

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¿Qué es una adicción? ¿qué imagen se nos viene a la cabeza cuando pensamos en la palabra adicción? ¿por qué es importante pensar y hablar y hacernos preguntas sobre las adicciones? ¿en qué medida afectan o pueden afectar más a las personas con altas capacidades?

Según la etimología, un adicto era una persona que por sentencia era adjudicada a su acreedor. Según el derecho romano arcaico quien tenía una deuda y no podía pagarla, era entregado como esclavo. Pagaba con su persona. Se volvía propiedad del otro. Ya no era dueño de si mismo.

Eso es la adicción. Dejar de ser dueño de uno mismo. Depender; ya sea de una actividad, sustancia, cosa o persona. No ser capaz de funcionar si no es aferrados a ese algo fuera de nosotros que lleva el control de nuestra vida, de nuestra voluntad y de nuestro poder de decisión.

Pensamos en seguida en las drogas. En el tabaco. En el alcohol. También, y en una segunda oleada de imágenes, pensamos en las apuestas, en el sexo, en los medicamentos. Y ya vamos dejando más relegada -y no precisamente por casualidad- la idea de la adicción al móvil, a los videojuegos, a la televisión, a las redes sociales, a la comida, al azúcar. Al trabajo, al dinero, al consumo. A las personas, a las relaciones tóxicas.

Esos grupos de imágenes relacionadas con las adicciones no vienen en ráfagas al azar. Las que vienen en último lugar, e incluso las que no vienen, tienen un significado y un por qué. Son las que más se nos resisten, las que más tememos, las que no queremos ver porque tal vez revistan un riesgo mayor en nuestro entorno más cercano y nos cueste ver las señales o temamos no estar preparados para afrontarlas.

Tal vez miramos el problema como algo que nos queda lejos, que por suerte hemos evitado, que no nos afecta ni nos atañe. No bebemos. No fumamos. No consumimos drogas. No pisamos jamás una casa de apuestas. No nos automedicamos. No comemos compulsivamente. Y casi no tenemos tiempo de ver televisión ¿no?

Bien. Las conductas adictivas no siempre están ahí. Con esos rótulos. En esos lugares. Ni tienen esos nombres ¿Sabemos exactamente cuántas horas pasan nuestros hijos con el móvil, la tablet, el ordenador o frente al televisor? ¿Sabemos exactamente qué ven, qué hacen, a qué juegan y con quién? ¿y qué y cuánto comen o beben antes, durante y después de esa indefinida e imprecisa cantidad de horas que pasan frente a la pantalla?

No hace falta que respondamos estas preguntas ante nadie. Pero sí es muy importante que nos hagamos estas preguntas a nosotros mismos ¿cuántas horas trabajamos al día? ¿cuántas horas vemos de televisión o estamos pendientes del móvil y de las redes sociales? ¿cuántas cosas de las que compramos, consumimos, hacemos, bebemos, comemos, pensamos, decidimos al día son realmente necesarias, saludables, útiles, éticas, sostenibles? ¿cuántas decidimos libremente? ¿cuántas tienen verdadero sentido?

Es importante tomar conciencia de una cosa. Cómo afecta a nuestro cerebro y cómo se establece la conducta adictiva. Porque esa es la base de todo. Si en nuestros hijos se establece el patrón, da igual lo inofensivo que nos parezca eso a lo que dedican más tiempo del que deberían. Si les cuesta desenganchar. Si se ponen agresivos. Si se esconden o buscan la manera o mienten o le restan ansiosamente importancia. Si olvidan hacer otras cosas. Si dejan una cosa y van a por la otra. Si les cuesta poner ganas y atención en todo lo demás. Tal vez estemos tranquilos porque todavía son pequeños, porque están en casa, porque nos cuentan las cosas, porque nosotros somos personas sanas, porque les damos amor, porque los escuchamos, porque no somos indiferentes. Tal vez no estemos alarmados, pero en nuestros hijos pueda estar desarrollándose una conducta adictiva que hoy cubren con el móvil, la tablet, el ordenador y la tele, y mañana reemplacen por cualquier otra cosa. Porque lo peligroso no es a qué, lo peligroso es la conducta en sí misma. Es el funcionamiento y la estructura de la adicción. Es cómo eso, muy fiel a su etimología, se adueña de la persona y le impide llevar el control sobre su vida.

En el cerebro, el sistema límbico -en gran parte responsable de nuestras emociones- aloja los centros de castigo y recompensa. Los centros de recompensa responden a estímulos naturales y nos causan placer. El placer que nos produce la comida y el sexo es el encargado de preservar nuestra especie. Pero cuando nuestro centro de recompensa es abordado por un estímulo artificial muy fuerte, produce un placer tanto más intenso que el que generan las sustancias y actividades normales y cotidianas que no solo les deja rezagadas para siempre, sino que pide ser activado a ese mismo nivel. De alguna manera nos modifica los baremos. Corre el cero de lugar. Y no solo necesitamos más para llegar al mismo placer, sino que por debajo de cero lo pasamos mal. Y cada vez necesitamos más para sentirnos en cero. Y mucho más para volver a sentir placer. Y ese corrimiento del cero no se produce una vez, es perpetuo y cada vez más acelerado mientras no se consigue salir del patrón.

La adicción es peligrosa siempre, esté activada por la sustancia o actividad que sea. No ser conscientes de los rasgos propios de una conducta adictiva para poder evitarla, o detectarla si se ha iniciado y tratarla, en los niños es más peligroso todavía. La sobre excitabilidad e hipersensibilidad asociadas a las altas capacidades, la propia estructura compleja y arborescente del pensamiento, la mayor propensión a la autoexigencia, a la introspección; el aislamiento, la incomprensión, la soledad, la ansiedad, la depresión que pueden sufrir las personas con altas capacidades si no consiguen confiar en sí mismas, sentirse comprendidas y explorar y desplegar su potencial pueden ser un riesgoso caldo de cultivo para el desarrollo de conductas adictivas.

En el artículo “Gifted, Talented, Addicted” de Douglas Eby se enfoca la relación entre altas capacidades y adicción como un intento de apagar la hipersensibilidad, atenuar la sobreexcitabilidad, refugiarse, evadirse, aislarse de un entorno percibido como ajeno, hostil, incómodo, extraño e inabordable. Cita el artículo “Una descripción bioantropológica de la adicción”, de Doris y David Jonas donde se analiza que “un sistema nervioso tan exquisitamente desarrollado y capaz de percibir los cambios más ínfimos en las señales ambientales se ve claramente superado y llevado a la disforia1 cuando su portador debe sobrevivir entre los estímulos exponencialmente aumentados y permanentes de su entorno…Los individuos más sensibles corren un mayor riesgo de intentar aliviar su incomodidad alterando sus percepciones con sustancias depresoras”.

1 disforia: estado de insatisfacción generalizada que puede derivar en síntomas ansiosos, maníacos o depresivos.

Dentro del mismo artículo también se cita el trabajo de Stephanie Tolan, autora de ficción y oradora sobre superdotación, quien afirma que “Al no entender la fuente de su frustración o las formas de aliviarla, las personas superdotadas pueden optar por mitigar su dolor mediante el uso de alcohol, drogas, alimentos u otras sustancias, o caer en comportamientos adictivos. O simplemente acurrucarse y vivir sus vidas en modo supervivencia.”

Por todo esto, es muy importante hacernos las preguntas, respondérnoslas con total sinceridad y sin miedo. Repasar en nuestra cabeza cuáles fueron las imágenes que nos vinieron a la mente al leer la palabra adicción. Revisar cuáles son las que vimos en último lugar. Y no para preocuparnos, sino para ocuparnos. Ocuparnos en educar, en informar, en observar, en prevenir, en tratar, en actuar de la manera que sea necesaria.

 

 

Algunos artículos y material bibliográfico y audiovisual que sirven como recurso para informarnos y prevenir.

 

El diario amarillo de Carlota · Gemma Lienas

Los diarios de Carlota son novelas de ficción orientadas a jóvenes que abordan temas como el feminismo, la sexualidad, la violencia y la inmigración, entre otros. En el diario amarillo Carlota recopila información sobre las adicciones y las drogas. Es una lectura que recomendamos ya que aborda temas y cuestiones como: los tipos de drogas que existen, qué efectos producen, por qué son peligrosas las adicciones, qué es el síndrome de abstinencia; con una claridad, apertura y naturalidad que muchas veces cuesta poner sobre la mesa y es necesaria para educar y concientizar.

 

El cigarrillo electrónico: Los adolescentes no perciben el riesgo

https://elpais.com/sociedad/2018/09/13/actualidad/1536864235_208942.html

 

Lo an Behold: Ensueños de un mundo conectado · Werner Herzog

En este documental, el cineasta presenta la historia de Internet desde sus orígenes en 1969 y sopesa los aspectos positivos y negativos de su influencia en la sociedad.

https://youtu.be/SSbhsPNnVWo

 

Los gurús digitales crían a sus hijos sin pantallas

https://elpais.com/sociedad/2019/03/20/actualidad/1553105010_527764.html

 

Ventajas y riesgos de educar en la era digital (analizando los indicadores de un uso tóxico o adictivo de la tecnología y sugerencias de prevención según la Asociación Americana de Psiquiatría)

https://elpais.com/elpais/2018/12/28/mamas_papas/1545984716_407266.html?fbclid=IwAR2fjAfJzip5rfjTrw9Qx8X9S6rgQKTCHSw5aMs9pO7hKc1gQcPZAJBiMF8

 

Artículo citado sobre superdotación y adicción (en inglés)

Gifted, Talented, Addicted · Douglas Eby

http://talentdevelop.com/articles/GTA.html

 

Más articulos sobre altas capacidades en nuestro blog.

 

 

Imagen extraída de la publicación National Geographic · Science of Addiction

igualdad

Educar para la igualdad

By | Altas Capacidades, Mujer | No Comments

El 8 de Marzo se celebró el Día de la Mujer. Y miles de personas en todo el mundo salieron a la calle para ser vistas, para ser oídas, para hacer historia, para luchar por la igualdad.

Porque mientras no exista verdadera igualdad habrá que hacer un esfuerzo extra para generar conciencia, para romper estereotipos, para conseguir salvar todas las brechas y abrir todas las puertas. Para erradicar cualquier tipo de violencia y para que ya no haga falta salir a la calle ni dar ninguna explicación. Porque mientras no exista verdadera igualdad habrá que seguir contrarrestando una realidad cargada de acciones, mensajes y situaciones que están ya tan normalizados que creemos son totalmente inofensivos, pero no lo son.

Les compartimos una selección de vídeos, libros, películas y biografías que nos han parecido muy valiosos y motivadores y pueden ayudar a trabajar la igualdad porque invitan a tomar conciencia, porque dan herramientas para mirar la realidad desde otra perspectiva, porque fomentan el pensamiento crítico, porque enseñan con el ejemplo, porque inspiran.

Nos parece muy importante aclarar que esta selección que compartimos no es para educar a las niñas. Es para educarnos a todos. Niñas, niños, madres, padres, abuelos, abuelas, maestros, maestras.

Porque todos necesitamos entender, fomentar y construir la igualdad.

Juntos.

 

Vídeos

 

Brecha salarial

¿Cómo reaccionan los niños ante una retribución desigual después de realizar el mismo trabajo?

https://youtu.be/L_fZun-_QnQ

 

Brecha de sueños

¿Cuánto más grave que la brecha salarial es que una niña ni siquiera sueñe, ni se atreva a desear ser lo que quiere ser?

https://youtu.be/S3_DDLGIpaM

 

Estereotipos de género

Desde muy pequeños los niños ya tienen asociado el género a la profesión.

https://youtu.be/pJvJo1mxVAE

 

Dale una bofetada

¿Cúan absurdo puede ser para un niño imaginarse ejerciendo violencia sobre una niña?

https://youtu.be/Rn4PVsKXE5k

 

Libros

 

El diario violeta de Carlota – Gemma Lienas

Carlota recibe por su cumpleaños un regalo especial. Su abuela le regala un diario violeta y la anima a ponerse unas imaginarias “gafas violetas” para observar situaciones cotidianas que, aunque parecen normales e incuestionables, resultan totalmente injustas y discriminatorias. El diario violeta de Carlota invita a reflexionar y cuestionar la situación de la mujer. Nos ayuda a pararnos a pensar y detectar cuándo pensamos, hacemos y decidimos libremente y cuándo, sin darnos cuenta, actuamos según unos modelos impuestos que colocan a la mujer en una posición de inferioridad.

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Querida Ijeawele o Cómo educar en el feminismo – Chimamanda Ngozi Adichie

Este libro nació de la petición de una amiga que acababa de tener una hija y le pidió a Chimamanda consejo para su educación en la igualdad. Ella le respondió entonces en una entrada de Facebook que más tarde se convirtió en un texto más extenso: 15 consejos para educar a su hija. Y que valen tanto para ella como para que todas las madres y los padres reflexionen sobre cómo han sido criados y qué quieren transmitir a sus hijos.

«En lugar de enseñarle a tu hija a agradar, enséñale a ser sincera. Y amable. Y valiente. Anímala a decir lo que piensa, a decir lo que opina en realidad, a decir la verdad. Dile que si algo la incomoda se queje, grite.»

Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes – Elena Favilli y Francesca Cavallo

Este libro cuenta las historias de vida de 100 mujeres valientes que se atrevieron a soñar, a romper estereotipos, a saltarse las normas, a ser libres, a luchar cada día por ser quienes eran de verdad y no lo que quisieron hacerles creer que podían o debían ser.

Los chicos y las chicas – Brigitte Labbe y Michel Puech

Dentro de la colección Piruletas de Filosofía este título invita, con un lenguaje claro y directo, a reflexionar acerca de las diferencias entre los sexos y cómo hay algunas naturales y reales mientras otras son impuestas y aprendidas.

piruletas

Películas

 

Estos tres largometrajes de animación de Studio Ghibli, dirigidos por Hayao Miyazaki, nos muestran -como la inmensa mayoría de sus películas- protagonistas femeninas valientes, autosuficientes y con una gran confianza en si mismas; seguras de seguir su instinto y luchar por sus principios. Ellas construyen fuertes e incondicionales relaciones de amor, complicidad y confianza con un compañero que nunca es su salvador sino su igual; y dan un maravilloso ejemplo diametralmente opuesto al que se ofrece en la versión del amor romántico de los cuentos clásicos o las películas de Disney.

 

Kiki, la aprendiz de bruja

La princesa Mononoke

El viaje de Chihiro

 

La historia de Alicia en el País de las Maravillas, tanto en sus múltiples versiones literarias como en las cinematográficas (la más maravillosa de ellas -muy subjetivamente hablando- la versión de Tim Burton) también es un ejemplo de protagonista femenina valiente y decidida a seguir sus sueños y romper con los estereotipos.

 

 

Biografías

 

Aunque las colecciones de biografías todavía necesitan equilibrar el número de vidas de mujeres en relación al de personajes masculinos, estas dos, orientadas a público infantil, sí que tienen una selección interesante.

 

La colección Me llamo presenta personajes universales. Destinada a público juvenil, cada libro trata una figura de la historia, de las ciencias, del arte, de la cultura o del pensamiento.

 

Me llamo…Cleopatra

Me llamo…Agatha Christie

Me llamo…Marie Curie

Me llamo…Ana Frank

Me llamo…María Callas

 

La colección Otras Princesas presenta mujeres latinoamericanas que escribieron su propia historia en la vida real y no en un cuento de hadas. Mujeres pioneras que trascendieron los límites de su época.

 

Otras princesas…Frida Kahlo

Otras princesas…Clarice Lispector

Otras princesas…Alfonsina Storni

 

Imagen editada de la portada del libro El amor y la amistad (Brenifier – Després)

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El dragón dormido

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La imagen del dragón dormido como una metáfora de la invisibilidad de los niños con altas capacidades y la importancia del diagnóstico, nos llega de la mano de Linda Kreger Silverman y su libro Giftedness 101.  Ella es psicóloga clínica, escritora y fundadora del Centro de Desarrollo de la superdotación de Denver. Ha forjado el término de “aprendiz viso-espacial” y ha buscado herramientas para vencer la invisibilidad de los niños con altas capacidades, tan habitual no solo en las aulas sino también muchas veces en las propias familias.

Hay muchas imágenes que pueden venirnos a la cabeza. Metáforas de algo que parece una cosa que no es. Y que muchas veces es rechazado, negado, temido, subestimado o juzgado negativamente; cuando en realidad representa la esencia misma de una persona y de su identidad más auténtica, y no hay mejor decisión que dejarla libre, permitirle naturalmente fluir.

Podemos pensar en el patito feo. Y en el león cobarde del Mago de Oz. Y en el animal protector invocado con el conjuro Expecto Patronum de Harry Potter. Y en el mito de Superman: un hombre con habilidades extraordinarias camuflado en un personaje torpe y débil. Y también en un dragón dormido.

Y es así. Como tan bien describen las palabras de la autora Linda Kreger Silverman. Hay más de lo que se ve a simple vista. Y hay que saber buscar. Y vivimos enloquecidos y cegados por la rutina y las preocupaciones. Y a eso se suma que muchas veces ni siquiera tenemos ojos ni percepción ni sensibilidad para ver. Para ver realmente lo que tenemos delante en toda su magnitud.

Porque no ver al dragón, no nombrarle, no atreverse a despertarlo, no afirmar que en su interior aloja una fuente inagotable de energía, pasión, certeza y creatividad es imperdonable. Inadmisible. No solo por lo difícil que es para un niño, y para cualquier persona, tener que negar su esencia más verdadera, y por todo lo que ellos se perderán de sí mismos, sino por lo que su entorno cercano, su contexto, la sociedad entera se perderán todo el tiempo que ese patito feo no sepa que es un cisne, que ese león siga creyendo que no tiene suficiente fuerza y valentía. Todo el tiempo que el dragón siga dormido.

“Hay más. Para algunas personas hay más de lo que se ve a simple vista. Cuando uno sabe qué buscar, un don aparece de improviso, expresándose de manera inesperada: en un simple dibujo, en una excusa muy inteligente para no haber hecho la tarea, en un chiste muy audaz, en una pregunta fascinante, en un ingenioso giro en una frase, la absoluta concentración en una actividad, un simple esquema del interior de una calabaza en lugar del exterior, una pasión inquebrantable, un enorme sentido de la justicia, una analítica quietud en medio del caos. Todos ellos cualitativos indicadores de superdotación. Si uno nota que hay algo especial en un niño y le transmite un destello de reconocimiento, el dragón dormido en su interior puede despertarse y comenzar a avivar fuego dentro de su alma.”

Giftedness 101 · Linda Kreger Silverman, PhD

 

 

Ilustración original de Studio Ghibli · El viaje de Chihiro

cerebro bicicleta

Cerebro bicicleta

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Gracias a un artículo que nos compartió una mamá de la asociación hemos conocido la labor de Ian Byrd. Leyendo su página https://www.byrdseed.com/ hay muchas cosas que acabamos de descubrir y queremos compartir. Encontramos una persona que escribe, crea, expone y produce material y vídeos para ayudar a los educadores a mejorar sus recursos a la hora de motivar a sus alumnos con altas capacidades.

Lo primero que nos llamó la atención, y era el eje de la publicación inicial, fue el concepto que utiliza y denomina cerebro bicicleta. Buscando profundizar esta idea descubrimos su página y esta noción era parte de una entrada más completa que hablaba de cómo ciertas imágenes y metáforas pueden ayudarnos a entender más rápida y fácilmente a los alumnos con altas capacidades.

El término cerebro bicicleta estaba empleado para expresar el concepto de límite mínimo de velocidad. Uno puede montar en bici muy muy muy despacio, pero hay un límite de velocidad mínima y es el que, si superamos, nos hará perder el equilibrio y caer inevitablemente. Todo quien haya montado en bicicleta puede entender perfectamente de lo que estamos hablando. Si vamos demasiado despacio, perdemos estabilidad, y en cuanto aceleramos nos sentimos más seguros y recuperamos el control, el rumbo y el entusiasmo.

Lo mismo pasa cuando un alumno está en clase y se le fuerza a ir tan despacio que empieza a perder el control, el rumbo y el entusiasmo y cae, no literalmente al suelo, sino en la distracción y el aburrimiento. Los alumnos con altas capacidades tienen un límite mínimo de velocidad mayor, necesitan moverse más rápido para mantenerse alerta, para estar atentos y para involucrarse con lo que está pasando. De otra manera, desconectan. Y eso puede derivar en una mañana de aburrimiento y distracción, pero a la larga puede transformarse en una desmotivación crónica y falta de sentido e interés, para más tarde, y en el peor de los casos, derivar en aislamiento, ansiedad, rebeldía, depresión o fracaso escolar.

Entonces, antes de juzgar a un alumno con altas capacidades por su falta de atención, por su apatía o sus problemas de conducta, habría que pensar por qué pasa esto y cómo el aburrimiento es como una bicicleta que se mueve demasiado lento, hasta que pierde el equilibrio y se estrella.

El artículo original utilizaba más metáforas, y me parece muy importante compartirlas. Hablaba también de compañeros intelectuales. Se refería a la soledad y el aislamiento que puede llegar a sentir un niño de altas capacidades totalmente fascinado con un tema en relación a sus compañeros de clase. Ponía el ejemplo de un niño apasionado por los dinosaurios en medio de la clase de infantil. Y la diferencia abismal entre su entusiasmo, la profundidad de su sed de conocimiento y las preguntas que se formulaba en relación al nivel general y a los contenidos que estaban aprendiendo en clase. Ni sus compañeros ni los propios profesores tenían interés por seguir su ritmo o inquietud. Esto nos recordó a la noción de disincronía, tan frecuente también, no tanto a nivel interno, cuando la madurez intelectual y la emocional no concuerdan, sino a nivel externo, cuando la edad mental dista enormemente de la cronológica. Así ocurre, que es mucho más probable que un niño con altas capacidades se sienta infinitamente más comprendido y en sintonía y disfrute de la compañía de adultos con quienes compartir, que nutran y acompañen sus intereses, le escuchen y dialoguen, que con sus compañeros de clase que a nivel intelectual pueden hacerle sentir muy solo y fuera de lugar.

Otra imagen que Ian Byrd utilizó para explicar cómo (y no por qué) los niños con altas capacidades podían ser alumnos tan difíciles y tener bajo rendimiento era una simple captura de pantalla de la típica pregunta de test de CI. Cuatro cuadrantes. Tres de ellos con gráficos, parecidos entre sí, pero no iguales. Y el cuarto cuadrante, vacío. No había un orden lineal ni secuencial. Ni siquiera una pregunta. Ni ninguna indicación. Solo un cuadrante vacío y cuatro opciones debajo de cómo llenarlo.

Esa simple imagen consiguió que los niños se interesaran inmediatamente, comentaran sus ideas sobre la lógica a seguir para hacer su elección e intentaran explicar a los demás por qué elegir una opción y no otra. Lo consiguieron muy rápido, sin ayuda y sin reglas. Ese tipo de razonamiento abstracto que combina patrones, pensamiento lateral y deducciones lógicas e intuitivas son típicos de observar en las personas con altas capacidades. Y sí, es cierto, ese mismo alumno que se dio cuenta de esto al instante, también tiene problemas para aprobar los exámenes, llevar una agenda, hacer sus deberes o prestar atención en clase. Pueden ser brillantes, entusiastas y creativos, pero no precisamente en las destrezas y habilidades en las que les miden y evalúan y dentro de los patrones que les exige la escuela.

Seguimos curioseando en la web https://www.byrdseed.com/ y nos encontramos un extenso listado de artículos sobre necesidades sociales y emocionales de los niños con altas capacidades, y una colección de contenidos audiovisuales orientados a profesores y alumnos sobre temas tan diversos como idiomas, escritura, literatura, geometría, pintura en acuarela o etimología científica. Entre las lecciones favoritas encontramos: Cómo crear una criatura, Misión de supervivencia lunar, Rasgos de un personaje, Construcción de analogías creativas y Presentaciones con profundidad y complejidad, entre otras.

Un pequeño detalle es que todo el contenido y la web están en inglés. Esperamos eso no suponga un gran obstáculo. Al final con la expansión del bilingüismo, si no somos los padres serán nuestros hijos los que nos ayuden a aprovechar y compartir todo el material que hay a nuestro alcance.

¡No estamos solos! ¡Hay esperanzas!

 

La página web de Ian Byrd es https://www.byrdseed.com/ y el artículo original con sus tres metáforas para explicar cómo (y no por qué) los niños con altas capacidades no siempre son buenos alumnos https://www.byrdseed.com/three-images-to-explain-giftedness-to-parents/

Imagen editada. Ilustración original Cycology Clothing.

Adolescencia y altas capacidades

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¿Por qué tenemos tanto miedo a la adolescencia? ¿Qué solemos asociar con esta etapa que nos genera rechazo o preocupación? Convivimos con un estereotipo de adolescente que hemos construido en nuestro imaginario y con el que no es fácil relacionarse. Esperamos enfrentarnos con una persona rebelde, esquiva, poco comunicativa, malhumorada, desordenada, que evita las responsabilidades y colecciona suspensos y calcetines debajo de la cama.

Tal vez tengamos un problema de enfoque y, en vez de creer que la adolescencia es una especie de enfermedad pasajera que tiene unos síntomas muy típicos, deberíamos preguntarnos qué lleva a una persona a comportarse de esa manera. Porque la adolescencia es un momento de la vida como cualquier otro y las etiquetas siempre nos juegan malas pasadas. Y en este sentido no deberíamos perder nunca de vista que lo que tenemos delante no es un adolescente sino un ser humano, sufriente y anhelante como cualquier otro.

No vamos a desestimar los cambios físicos, hormonales, emocionales y psicológicos que tienen lugar en un rango determinado de edades, pero quizás abordar el tema con más naturalidad y sin generalizaciones ni prejuicios sea parte de la solución, si es que hace falta alguna.

Creo que si recordamos nuestra propia adolescencia o intentamos ponernos en la piel de un adolescente en este mismo momento, lo que tendremos delante es una carga de responsabilidad que excede la que existía previamente. Mientras éramos niños teníamos permiso o excusa para no hacer o no afrontar determinadas cosas, apenas tomábamos decisiones de peso y había una manera siempre a mano de conseguir atención o indulgencia. Pero entrando en esta etapa hay unas expectativas nuevas desde nuestro entorno que se suman a las internas. Esa vida adulta que se anhela y parece vendrá cargada de libertades y exenta de prohibiciones, resulta que una vez se acerca en el horizonte empieza a mostrar una cara no tan amable y deseada que es la de la responsabilidad. Y hay una sensación de que ha habido algún malentendido porque no podía ser que eso que parecía a lo lejos tan atractivo ahora que se volvía más cercano y palpable viniera con este revés. Salir de la niñez y transformarse en adulto no solamente nos permitirá conducir, beber alcohol (y Red Bull), volver a la hora que sea y tomar nuestras propias decisiones. Salir de la niñez y transformarse en adulto no será solo ganar libertades, sino que nos enfrentará a otros deberes, obligaciones y límites que ya no los aplican los padres y la familia, pero sí la sociedad, el sistema y cada ámbito en el que tengamos que interactuar. Y en este sentido creo que existe una paradoja y una contradicción frustrante en la mente del adolescente y es la lucha interna por el deseo de quedarse con las ventajas de ambas etapas, pero librándose como sea de los inconvenientes. Y la constatación de que eso no es posible de realizar lleva a sentirse de alguna manera enojado y estafado por la vida.

La madurez, un sentido más amplio de la realidad, la complejidad en el pensamiento y la necesidad de encontrar un sentido y un camino en un territorio más palpable y concreto y no ya extraído de la fantasía o el juego, puede por momentos ser abrumador. El pequeño mundo en el que se mueve el niño se expande enormemente y exige hacer elecciones y tomar decisiones que pueden parecer demasiado determinantes como para cometer un error.

Si a este panorama, ya lo suficientemente complejo, le sumamos las altas capacidades, una mayor sensibilidad, complejidad y autoexigencia, pueden hacerlo más difícil todavía. Los adolescentes de altas capacidades tienen un mayor riesgo de fracaso escolar, de depresión, de sufrir acoso, de padecer estrés y ansiedad, y de construir una identidad falsa para protegerse y sobrevivir, con el elevado coste emocional y psicológico que eso supone.

Intentando huir de etiquetas y estereotipos, porque no hay dos personas iguales ni hay una forma estándar de construir una coraza protectora, se suele hablar de dos tipos de mecanismos de protección en los adolescentes con altas capacidades. Y más que ver a cuál se acercan o si usan una mezcla de ambas máscaras, lo importante es detectar las señales y preguntarse qué está pasando y cómo podemos ayudar. Porque sean cuales sean los disfraces o los signos, muy probablemente dentro nos encontremos con un adolescente asustado, incomprendido, triste, que no confía en nadie y no se acepta a sí mismo.

Esos mecanismos que se suelen observar frecuentemente pueden ser, a grandes rasgos, la rebeldía o la timidez. Los que solían ser niños alegres, simpáticos, sociables, activos, entusiastas y participativos, pueden volverse callados, esquivos, serios, apáticos, y abarcar conductas desde desafiantes o agresivas, hasta extremadamente pasivas y desinteresadas, solitarias e introvertidas.

El primer paso para afrontar esta nueva realidad y los miedos asociados, para padres y familias que temen no estar haciéndolo bien, que fluctúan entre endurecer los límites y dudar si están generando más distancia y rechazo, que se frustran por ver delante a esos hijos que aman y que saben lo que son capaces de ser, y verlos día tras día perder el eje y volverse oscuros y apáticos, es recordar que también fuimos adolescentes, quitarles el estigma y tratarlos, ante todo, como personas a las que amamos y respetamos; no olvidarnos jamás de que son nuestros hijos y que gran parte de lo que les pasa no tiene que ver con nosotros sino con su propio proceso de maduración que no podemos cambiar ni gestionar, pero sí acompañar. Que muchas veces es preferible escuchar más y aconsejar menos. Y, sobre todo, no debemos olvidar que cuanto más se enojan, cuanto más nos ignoran, cuanto más se aíslan y cuánto más rebeldes parecen, es cuando más nos necesitan.

perfeccionismo

Perfeccionismo y altas capacidades

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Hoy empieza todo. La primera semana laboral del año tras el festivo de cierre de las vacaciones de navidad, la vuelta al colegio, a la rutina, a las extraescolares, a las obligaciones. Empieza la dieta, la agenda, el calendario, la cuesta de enero, los débitos, las páginas en blanco de los cuadernos y los retos y los planes para conseguir los propósitos de este año. Pero sobre todo empiezan: las expectativas.

Así que vamos a aprovechar este día tan peculiar para hablar de la doble cara de las expectativas y de los riesgos asociados y del estrés adicional que tienen estos días, estas fechas, estos comienzos y toda esta colección de folios y calendarios y páginas en blanco delante para las personas con altas capacidades. Y si todo el mundo sabe lo que es esa especie de sudor frío o temblor interno, esa ansiedad que aparece como una mezcla de nudo en el estómago, opresión en el pecho y dificultad para centrarse; en las personas con altas capacidades esto puede ser infinitamente peor porque no nos olvidemos que hay un enemigo al acecho que en estas situaciones parece que se hace más poderoso y maligno que nunca y se llama: perfeccionismo.

Todos sabemos muy bien lo que es el perfeccionismo. Algunos lo padecemos más, otros menos, pero todos sabemos de qué estamos hablando. Ese afán porque todo esté bajo control, en marcha, en orden, funcionando y sobre ruedas. La necesidad de que las cosas salgan bien, de estar satisfecho con el proceso, pero más que nada con el resultado y de que -para qué mentir- nos lo reconozcan, nos feliciten y nos admiren.

Pero hay que tener mucho cuidado. Porque según las características de la personalidad, del entorno, de la familia y las habilidades de gestión emocional de cada individuo, el perfeccionismo puede ser positivo o negativo. Y no solo se trata de dosis ni de intensidad, sino de ser conscientes de la existencia de una serie de indicadores que nos pueden alertar del tipo de perfeccionismo que tenemos delante.

Hay un error en el que se suele caer muy a menudo y es el de creer que el perfeccionismo es algo inevitable, característico e ingobernable en las personas con altas capacidades. Y eso no es así. Y asumirlo como un rasgo casi de la personalidad, o incluso como algo positivo aunque tenga consecuencias nefastas, puede ser un error que no nos permita encauzarlo, conducirlo o aprovechar sus ventajas, porque sí que las tiene. Y este enfoque parte del reconocimiento de que no existe el perfeccionismo a secas, sino que hay un lado saludable y otro que no lo es. Porque claro que es cierto que, si el nivel de autoexigencia y las expectativas están dentro de un rango alcanzable y realista, aunque suponga esfuerzos e impulse a afrontar constantes desafíos, puede generar satisfacción y ser un gran aliado de la automotivación y de la creatividad. Pero, cuando la presión es demasiado grande y las metas se presentan como inalcanzables, el resultado es que la frustración, el aumento de la ansiedad y la pérdida de autoestima, ilusión, confianza y motivación están aseguradas.

Y en relación con el perfeccionismo asociado a las altas capacidades es interesante analizar que las presiones del entorno, que para otro individuo pueden incidir pero no de una manera tan profunda o determinante; en las personas con altas capacidades, su mayor complejidad de razonamiento, más alto nivel de empatía y mayor sensibilidad, las consecuencias pueden ser peores, llegar más profundamente y producir comportamientos y patrones de conducta poco saludables. En este sentido, el autoritarismo o exigencia de los padres, el entorno competitivo basado en premios y castigos, minado de evaluaciones y donde el error es inaceptable y nefasto del sistema educativo, y la presión social por alcanzar determinados estándares, pueden tener una influencia mucho más grande y negativa en personas con altas capacidades, y fomentar el desarrollo de un tipo de perfeccionismo más negativo.

Hablamos de perfeccionismo saludable o positivo cuando ayuda a ser perseverante, a organizarse, a planificar, pero no pone en duda la valía o la capacidad ante los obstáculos, sino que los problemas, las limitaciones y los errores se consiguen asumir con naturalidad y sirven para aprender y ser más realistas.

Hablamos de perfeccionismo tóxico o negativo cuando las expectativas distan enormemente de la realidad, los errores y obstáculos generan ansiedad y pérdida de interés, se siente miedo al error y cuesta mucho tomar decisiones o confiar en la propia capacidad para afrontar una responsabilidad del tipo que sea. Pero, uno de los indicadores más claros de que estamos ante un tipo de perfeccionismo peligroso es la búsqueda constante de aprobación o reconocimiento ajeno, y la observación de conductas de extrema exigencia y necesidad de control sobre los demás.

Pero, descubrir que tenemos delante, o incluso sufrimos en primera persona, ciertos indicadores de perfeccionismo insano, no debe alarmarnos ni producirnos desasosiego, porque no se trata de un rasgo inamovible de la personalidad, sino que existen estrategias para superarlo y poder utilizarlo como una herramienta para el desarrollo del potencial y no como un inhibidor o un freno.

Atreverse a ver los errores como oportunidades y fuentes de aprendizaje, ser capaz de ver y valorar el propio esfuerzo y capacidad, afrontar retos y animarse a realizar actividades y tareas nuevas y desconocidas, aprender a planificar tareas, ponerse objetivos y ajustar las expectativas a la realidad; son algunas de las ideas y estrategias que pueden reconducir un perfeccionismo limitante hacia otro que ayude a desarrollar el potencial y a tener una imagen saludable de uno mismo y de todo lo que realmente se puede conseguir.

Es importante, además, no perder de vista que debemos huir de las etiquetas y que el hecho de descubrir o asumir un rasgo de perfeccionismo negativo no es ninguna tragedia ni significa que no se tengan otros hábitos o formas de gestión emocional que sean saludables. Los tipos de perfeccionismo son simples indicadores que no determinan ni encasillan ni definen un perfil, sino que simplemente pueden o no estar presentes, alternarse o convivir en una misma persona. Somos seres complejos y multifacéticos, ante todo.

Así que este año, esperamos que la colección de folios y cuadernos y páginas y agendas y calendarios en blanco, nuevos y por estrenar, no nos generen una crisis de ansiedad ni un ataque de pánico (un poco de humor nunca está de más) sino que despierten ilusión y aviven nuestro espíritu entusiasta y creativo.

navidad

Agradecer

By | Altas Capacidades, Primera Persona | No Comments

Hoy es 21 de diciembre. Hoy empiezan muchas cosas. Empieza el invierno. Empiezan las vacaciones de Navidad. Empieza la cuenta regresiva para que se acabe el año y estrenemos el calendario de 2019, con todos sus días por planificar y celebrar, por atravesar y significar.

Empiezan las vacaciones, tan deseadas como temidas, tan idealizadas como frustrantes, tan esperadas como estresantes. Quince días por delante donde pareciera estamos obligados a ser felices, generosos y a amar a toda la humanidad, cuando en realidad sabemos que tendremos que enfrentarnos a tantas situaciones que parecen idealizadas y congeladas en una postal maravillosa de la familia en torno al hogar, las botas de lana colgadas en la chimenea, el árbol atiborrado de regalos y la nieve cayendo idílicamente al otro lado del cristal mientras suenan risas y música y huele a carne asada. Parecen perfectas pero no lo son.

Como en otras ocasiones hemos hablado de la alta sensibilidad, de la angustia existencial, de profecías autocumplidas, de miedos, pensamientos arborescentes, motivación, de la envidia, del miedo, de la sensación de no encajar, de la idealización y las expectativas siempre tan lejos de la realidad, de las paradojas, de la vergüenza, de la sensación de que el mundo y la realidad se quedan pequeños; hoy de repente pareciera que todos estos temas cobran un enorme sentido y se nos ponen delante de cara a unas semanas venideras donde deberemos afrontar situaciones que pondrán a prueba toda nuestra resiliencia, tolerancia, autoconciencia, autoestima, salud emocional y empatía.

Porque claro que es verdad que merecemos estas vacaciones, que estábamos esperando poder desactivar la alarma del despertador aunque sea por unos días, que soñamos con reencontrarnos con amigos y familiares que no vemos hace tiempo, que queremos repetir el ritual de sentarnos a la mesa, esperar a las 12, abrir los regalos, emocionarnos con la ilusión inocente de los niños debatiéndose un año más entre creer y no creer, conseguir comernos las 12 uvas sin atragantarnos en el intento y en perfecta sincronía con cada campanada desmontando los peores fantasmas si contamos mal, si nos faltaba una, si nos quedan dos en la mano y ya todo el mundo está emocionado y dándose abrazos y el año recién empezó y ya arrancamos metiendo la pata. Pero también es verdad que no estamos tan felices y contentos, tan relajados y descansados como quisiéramos, como se espera. Que no tenemos tantas ganas de ver a toda la familia, que no queremos enfrentarnos a las mismas preguntas y las mismas miradas, que no queremos tantos compromisos justo en estos días que esperábamos aparcar toda obligación, que no queríamos gastar tanto, que no debíamos comer tantísimo, que no nos daban muchas ganas de negociar, que teníamos miedo de no estar a la altura, que por momentos pensábamos ¡qué bueno cuando llegue al fin el día 8! Sabíamos que iba a haber alguna silla vacía, que iba a faltar algún plato, algún abrazo, alguna mirada; que otra vez había que hacer de cuenta que teníamos todo controlado, cuando no era así, que teníamos que estrenar con ilusión una lista de propósitos cuando ya teníamos demasiada experiencia previa como para creer que esta vez los íbamos a llegar a cumplir.

Así que, expuesto todo lo anterior, no queremos desearles una feliz navidad, ni unas felices vacaciones. Ni queremos tampoco darles una lista de consejos para sobrevivir a las fiestas con dignidad. Solamente queremos que, si se sienten identificados con algo de todo lo anterior, sepan que no están solos. Y, sobre todo, que recuerden que no hace falta hacerlo bien, que no hace falta ser felices, que no hace falta que todo salga a la perfección y tengamos cada día unas ganas desbordantes de divertirnos, celebrar y estar rodeados de gente. Lo que realmente queremos es desearnos y desearles que seamos capaces de aceptar y respetar lo que sintamos y lo que necesitemos en cada momento. Que seamos valientes como para ser sinceros con nosotros mismos tanto para disfrutar como para preservarnos, tanto para festejar como para buscar momentos de calma y tranquilidad. Y por sobre todas las cosas, que seamos capaces de agradecer. De ver todo lo que tenemos. Porque no hace falta hacer ningún enorme esfuerzo. No hace falta comprar nada. No hace falta vestirse tan elegantemente. No hace falta comer como si fuera la última cena. No hace falta ser tan complaciente y agradable y tener la casa impecable y estrenar mantel. Ya tenemos tanto. Tantísimo. Quizás sea una buena idea más que listas de regalos, más que listas de la compra, más que listas de invitados, más que propósitos irrealizables para el año próximo, sentarnos en calma a escribir una lista de al menos diez cosas que agradecemos tener. Y que cuando lleguemos a la número diez nos demos cuenta de que en realidad se quedaba corta y que podían ser veinte, o incluso más. Tantas cosas que ya tenemos, que no se compran, que no se regalan, que no se piden, que no se caducan.

Así que si queremos desearles algo puede que sea eso. Que sean capaces, que seamos capaces de hacer una larga lista de todo lo que ya tenemos y no deberíamos esperar a estas fechas para ver y sentir y agradecer.

 

The Clean Cut: Regalos inesperados

alta capacidad y genero

Alta capacidad y género

By | Altas Capacidades, Mujer | No Comments

La conferencia de la Dra. en Psicopedagogía Rosabel Rodríguez inaugura las V Jornadas sobre Altas Capacidades: “La diversidad dentro de la alta capacidad”. Empezar el ciclo de ponencias con una exposición sobre género no es una decisión menor. Atendiendo a la diversidad, hablar de altas capacidades es observar detenidamente la complejidad que puede haber dentro de cada individuo. Tendientes como somos a intentar etiquetarlo y categorizarlo todo; concienciar, sensibilizar, detectar y diagnosticar un individuo es importante y necesario a la hora de atender a sus necesidades, pero no debe hacerse sin prestar atención a todo lo demás. Y muchas veces ese “todo lo demás” involucra otras variables que también necesitan ser atendidas y luchan para hacerse visibles. En medio de toda esta muñeca rusa de nombres y perfiles y entramados lo más importante de todo es recordar que lo que tenemos delante siempre es una persona; una persona compleja que no encajará nunca en un patrón, y que necesitamos evaluar y con la que tenemos que atenernos a unos protocolos, pero cuyas necesidades, la totalidad de ellas, están insertas en una realidad compleja y se refieren a múltiples ámbitos. En cuanto a la problemática de género, la visión sobre las altas capacidades debe ampliarse y afrontar el reto de romper mitos y abrirse paso aún con más fuerza.

La conferencia comienza con un simple ejercicio que Rosabel nos propone y es decirle a la persona que tenemos sentada a nuestro lado una mujer que haya ganado el Premio Nobel. En todo el auditorio no se ha oído pronunciar otro nombre que no fuera: Marie Curie. Solo nos acordamos de ella. Y está claro que se lo merece. Es la única mujer que ha ganado dos premios Nobel. Y cuya hija también obtuvo uno. De 935 premiados, solo 51 han sido mujeres. De 118 años de premios, 80 ha habido sin premiadas mujeres. Nadie en el auditorio conoce a Donna Strickland. Vemos su foto en pantalla, leemos su nombre, pero no sabemos quién es. Ella ganó el Premio Nobel de Física este año. Donna ya había ganado el Premio Nobel y sin embargo seguía sin haber una entrada en la Wikipedia sobre ella. Se ve que el perfil de esta brillante científica no era lo suficientemente notable como para estar en Wikipedia, donde las biografías femeninas no llegan ni siquiera a representar un 18% del total. Imagino que a nadie se le ocurrirá intentar dar una explicación dudando de su capacidad intelectual.

Y esto si nos movemos solo en el territorio de los premios Nobel. Pero más de lo mismo encontraremos entre los arquitectos, artistas, compositores, científicos, cineastas. Nadie recuerda el abrumador talento musical de la hermana de Mozart, de apellido Mozart también, desde luego. Y tantas abuelas y madres nos han extasiado con sus dones culinarios. Pero, ¿cuántas fueron chefs internacionales? Y tantas mujeres han tejido, bordado, cosido; han vestido con amor y dedicación a toda su familia. Pero, ¿cuántas de ellas fueron reconocidas diseñadoras de moda? Imagino que a nadie se le ocurrirá intentar dar una explicación dudando de su creatividad y talento.

Lo que nos tiene que dar esperanza y alivio es afirmar que el motivo, que la verdadera explicación es cultural. No es un problema intrínseco. Podemos cambiarlo. Debemos cambiarlo.

Cada día, día tras día, desde la infancia, las mujeres recibimos infinitos mensajes sobre lo que somos, lo que deberíamos ser, lo que se espera que seamos, lo que tenemos, lo que debemos, lo que estamos obligadas a pensar, sentir, decir, hacer, desear. Lo que estamos obligadas a ser. Y en algunos casos intentar ir contra eso no solo es difícil. A veces ni siquiera se nos ocurre, porque no lo vemos. Y otras veces es mejor que no se nos ocurra porque puede llegar a ser imposible, impensable, incluso estar prohibido.

Una noticia de hace apenas unos días atrás: Galicia prohíbe la obligación de llevar faldas a las niñas que usan uniforme para ir al colegio. Estamos en 2018. Y nos parece una locura ¿no es cierto? Y deberíamos pensar: No puede ser que haya que prohibir esto. Pero claro, hay que prohibirlo, porque de momento ¡es obligatorio!

Rosabel propone otro simple ejercicio: Si buscamos “gifted children” o “superdotados” en Google y filtramos imágenes ¿con qué nos encontramos? Pizarras, fórmulas matemáticas, niños con gafas vestidos con elegancia y formalidad, grandes lectores, violinistas, campeones de ajedrez, niños con lamparitas encendidas alrededor de su cabeza, pequeños bebés con los pelos y los bigotes de Einstein. Estereotipos. No encontramos otra cosa que absurdos estereotipos. Y muy pocas niñas.

Hay algunos datos que son abrumadores. Por ejemplo, entre los 6 y los 12 años, el número de alumnos diagnosticados con altas capacidades no muestra una brecha muy llamativa en relación al género. Un 52% de chicos y un 48% de chicas aproximadamente. Pero cuando llegamos a la adolescencia la diferencia crece significativamente. Entre los 12 y los 16 años las chicas solo representan un 30% del total. Imagino que a nadie se le ocurrirá intentar dar una explicación refiriéndose a la pubertad o a las hormonas sexuales. La razón es muy dolorosa. Ya están apagadas. Ya están adiestradas. Se han vuelto invisibles. En todos esos años que lo niños escuchaban mensajes del tipo: dilo, no te calles, muévete, hazlo; ellas solo recibían: tranquila, cálmate, ya pasará, no lo hagas, no preguntes, no sobresalgas, no llames la atención, no lo digas, no pienses eso.

A partir de los 12 años ¿dónde están las chicas? ¿dónde están las mujeres de altas capacidades?

Están ahí. Ahí sentadas. Quietas. En su sitio. Calladas. Hacia dentro. Están ahí. En el mismo lugar que estuvieron siempre. Invisibles.

Sumado al enorme y aplastante sistema social y cultural que opera de manera extrínseca hay un factor intrínseco muy poderoso que puede ser muy determinante y es la autoconfianza, la autopercepción. La falta de confianza en uno mismo es mayor en las personas con altas capacidades, mayor aún en la pubertad, y mucho mayor, y acrecentada por el entorno y sus mensajes y expectativas, en las mujeres.

Cuando una chica triunfa, ya desde el entorno escolar, recibe más habitualmente el mensaje de que es porque se ha esforzado mucho. Los chicos parecen conseguirlo simplemente por su talento, por su capacidad. Tanto chicos como chicas tienden a valorar positivamente a las mujeres de su entorno, sus abuelas, tías, sus madres, las profesoras, por sus cualidades emocionales y afectivas, por su empatía, cercanía y disponibilidad. Pero cuando se pregunta por la inteligencia, la valoración se hace generalmente sobre los padres, abuelos, profesores. Esa misma idea proyectan las chicas sobre si mismas. Lo que se valorará en ellas son sus habilidades sociales, afectivas, emocionales e interpersonales por encima de todo. Este constructo opera con la misma fuerza que la frase “Querer es poder”. Pues “No querer es no poder”. Las mujeres no quieren ser brillantes, no quieren ser inteligentes, no quieren ser talentosas, no quieren ser exitosas. Nadie las admirará por eso. A menos, claro está, que cumplan primero con todo lo demás. Pero ese “todo lo demás” es un lastre muy grande. Y para poder ser buena, atenta, entregada, dulce, amorosa, estar disponible, cuidar de los demás y a la vez ser brillante en tu profesión y en tu carrera, creativa y talentosa en el área que te apasione; no queda otra opción que ser una Supermujer. Una especie de heroína de ciencia ficción que tiene la habilidad de multiplicarse, o que se mete en una cabina de teléfono y se transforma en un segundo en lo que haga falta y puede parar el mundo mientras da varias vueltas al planeta tierra para frenar el tiempo y salvar a toda la humanidad de la catástrofe (y salir viva).

Los factores extrínsecos no hace demasiada falta revisarlos. Aunque son los que se han encargado de, gota a gota y minuto a minuto, crear, alimentar y propiciar todas las creencias que han calado tan hondo que a veces es difícil reconocer que no eran internas. Están tan profundamente arraigadas que son verdad como si hubieran venido impresas en el ADN. La familia, la escuela, la sociedad han erigido los estereotipos y los han reproducido hasta el infinito y hasta el hartazgo. Y han calado. Y calan, cada día.

Y para que esto cambie hay que contrarrestar. Y sí que hay cambios. Que se gestan. Se llevan a cabo. Hay mas conciencia y más iniciativas. Pero la inercia es descomunal. Hay una enorme falta de modelos a los que seguir. Rosabel nos muestra algunos videos y diapositivas que nos recuerdan cómo y cuánto hemos normalizado los estereotipos. La campaña Redraw the Balance de la iniciativa Inspiring The Future nos muestra cómo ya en la escuela primaria cuando los niños y niñas imaginan médicos, bomberos, pilotos; siempre imaginan hombres. Al final de la experiencia entran tres mujeres al aula con su ropa de trabajo y los niños se asombran. Llegan a gritar: ¡Están disfrazadas!

Video: Redraw the Balance

Al no tener modelos que imitar y al estar rodeadas de estereotipos y mandatos limitantes las chicas, además de atreverse a tener altas capacidades y salir de ese asfixiante armario con plena confianza en sí mismas, tienen que ser valientes, fuertes. Tienen que abrirse camino, ser pioneras, porque no tienen modelos a seguir dentro de un mundo donde la justicia y la igualdad, por muy absurdo que suene, no abarcan a las mujeres.

Lo que también es muy frecuente y desconcertante es la cantidad de mensajes contradictorios que se producen. Porque se dicen cosas, pero luego se hacen otras. Y se piden cosas, pero luego no se llevan a cabo. Y se alientan y se fomentan cosas, pero no se traza el verdadero camino para que puedan hacerse realidad.

Las mujeres no solo se enfrentan a techos de cristal, también pisan suelos pegajosos. Esos suelos pegajosos donde están sus hijos, sus padres, sus parejas, y ese deber y esa necesidad de atenderles siempre, porque así nos han educado, y porque lo llevamos clavado en las entrañas. Y si conseguimos el apoyo y la ayuda suficientes para subir los peldaños uno a uno de nuestra vocación, de nuestra profesión, de nuestro trabajo, intentando desarrollar nuestro talento, ahí nos encontramos el techo de cristal: la sociedad no confía con tanta soltura los puestos de responsabilidad, los proyectos complejos, los cargos directivos a las mujeres ¿Por qué? Porque seguramente tendrán hijos, maridos, padres, familias enteras que atender y no podrán responder como se espera, no estarán a la altura, no lo darán todo. Pero mejor así. Mejor que no se les ocurra darlo todo por su profesión, porque lo que sería admirable y ovacionado en un hombre, seguramente se miraría con desconfianza o se juzgaría sin piedad en una mujer. Porque sí, se nos anima a brillar y realizarnos, pero nunca jamás bajo ningún concepto se nos permitirá dejar de ser buenas, guapas, tranquilas, sensibles, abnegadas y compasivas.

En 2012 la Comisión Europea lanzó una campaña dentro de su programa de mujeres en la investigación y la innovación, que pretendía animar a las adolescentes a estudiar ciencias. Science: it´s a girl thing! se llamó y a través de un video viral de 0:52 minutos de duración no hizo otra cosa que dejar en claro cómo el machismo está en el hueso y no importa el lema ni la intención; la ideología más sexista y vergonzosa chorreaba por los cuatro costados. Si esas niñas, esas jóvenes que debían atreverse a estudiar ciencias, tenían que sentirse identificadas con las mujeres del video, la batalla estaba perdida antes de empezar. Las supuestas científicas parecían salidas de una película de 007. Tacones, bellísimas piernas desnudas, cinturas de avispa, abundante maquillaje. Ellas, peinadas de peluquería y dirigiendo miradas, gestos y actitudes seductoras al único ser humano que parecía verdaderamente centrado en su trabajo: un hombre, desde luego. Las chicas tiran besos, se ríen, se distraen, se sorprenden. Son tan adorablemente superfluas y sexis. Porque la ciencia es cosa de chicas, pero claro, la “i” de la palabra Science, no se lo pierdan, es una barra de labios.

Video: Science: it´s a girl thing!

Por suerte, las estudiantes de psicología y neurociencia de la Universidad de Bristol expresaron su indignación y respondieron con otro video que ojalá hubiera sido tan viral como el primero porque parodia con altura y cinismo cada uno de los absurdos clichés de la campaña oficial.

Parodia graduadas Universidad de Bristol

Solo podremos hablar de igualdad el día que cada niña, cada adolescente, cada mujer pueda decidir libremente y sin barreras lo que quiere hacer de su vida, de su carrera, de su profesión. El día que cada niña se libre de la infinitud de mensajes que intentarán construir de manera efectiva y desde dentro la indefensión aprendida. El día que cada niña imagine su vida adulta con plenitud y con éxito, sin suelos pegajosos ni techos de cristal. Y para eso los primeros pilares en los que deben apoyarse es en modelos, personas de referencia que configuren ejemplos reales y no idealizados, ejemplos de que sí se puede. Trabajar la autoestima, la autoconfianza, rodearse de un entorno en el que dejar de ser invisibles, en el que salir de la crisálida, sabiendo que pueden, que tienen derecho y que han nacido para volar.

Gracias Rosabel Rodríguez por tu pasión, por tu calidez, por tu talento y por construir el camino, por abrir una maravillosa ventana donde solo parecía haber un sólido e infranqueable muro ¡Gracias!

autodidacta

Autodidacta

By | Altas Capacidades | No Comments

Si no puedes vencerlos ¡Únete a ellos! decía el emperador Constantino. La verdad es que no recordaba quién había dicho la frase pero uno puede permitirse no recordar hoy en día porque hay tanta información tan al alcance. Partiendo de esta simple afirmación se pueden concluir varias cosas ¿Qué sentido tiene seguir aprendiendo las cosas de la misma manera que antes de que existiera Internet? ¿De qué sirve recordar innumerables datos si podríamos usar nuestra energía, tiempo y capacidad para interpretarlos, relacionarlos, para procesar, explorar, crear? ¿Para qué se toman los mismos exámenes que se tomaban antes, cuando no había manera de acceder a los datos si no era recordándolos? ¿Cómo es posible que sigamos intentando memorizar los nombres de todos los ríos de Europa y las capitales del mundo y las declinaciones de los pronombres en latín? ¿Para qué?

No estoy de acuerdo con la frase de Constantino. Creo que hay otras opciones fuera del binomio: vencer o unirse. Creo que hay un modo de ser y estar que no es luchando o adaptándose, que no es definiéndose, que no es decidiendo vivir con o contra algo. Igual Constantino quería decir otra cosa, pero en este momento la frase me lleva a pensar en el sistema educativo, en el hecho de aprender y en el autodidactismo. En superar la fase de frustración e inadaptación, en dar un paso al costado en vez de ir hacia adelante o hacia atrás; en buscar un camino alternativo.

Si nos preguntamos cómo aprende cada persona, no sólo qué le motiva a buscar el conocimiento, sino profundamente; no por obligación o por miedo a las consecuencias, sino de qué manera una persona se siente llamada a conocer, a buscar soluciones, a enfrentar el reto. Si en vez de preguntarnos qué, cuánto y cómo nos preguntáramos por qué, para qué, hacia dónde, desde dónde, puede que esas preguntas, no ya las respuestas sino las preguntas mismas, fueran las que trazaran el camino.

El sistema educativo nos dice qué, cuándo, cuánto y cómo. Pero el por qué y el para qué no suelen ser muy convincentes ¿Por qué? Porque es tu obligación. Y es tu obligación porque yo lo digo ¿Para qué? Para ser alguien, para conseguir un buen trabajo y ganar dinero y forjar tu futuro y ser útil a la sociedad. No creo que ningún estudiante, o casi ninguno, pueda apropiarse con demasiada alegría de estas respuestas ¿Y si pudiéramos, si fuéramos capaces de encontrar nuestro propio por qué y para qué? ¿Y si tuviéramos la libertad de decidir el qué y el cómo?

Y acá aparecen algunos temas interesantes. Y entramos en el territorio de las altas capacidades y la frecuente sensación de estar fuera de lugar y perder interés y acumular frustración y aburrimiento y desaprovechar en consecuencia toda la energía y la curiosidad intentando encajar en patrones extraños e incompatibles. Si un niño que ama la música y tiene oído absoluto deja las clases de piano y solfeo. Si un niño que ama el color y el dibujo y diseñar logos y tipografías y máquinas y personajes suspende plástica año tras año. Si un niño con una gran destreza física y una energía desbordante abandona sistemáticamente toda actividad deportiva y se niega rotundamente a iniciar o probar ninguna más. Si un niño que escribe páginas y páginas de un código que es una combinación de html, fórmulas matemáticas, gramática inglesa y script de hackeo deja sus clases de Unity. Si un niño que se queda fascinado con los documentales y animaciones sobre virus, bacterias, plagas letales, vacunas y nuevas generaciones de antibióticos suspende los exámenes de ciencias ¿No deberíamos pensar que lo que está fallando es el método? ¿No sería muy ridículo, incómodo e inaceptable que nos hicieran vestir a todos con la misma ropa, del mismo color y la misma talla? ¿Por qué entonces intentamos hacer eso con la educación? ¿Y evaluamos en función de ese patrón marginando, castigando, etiquetando a quien la camiseta le va muy larga de mangas o es incapaz de subirse la cremallera?

Desde el momento en que se descubre, amplía y complejiza el conocimiento sobre el cerebro humano y se toma conciencia de la existencia de múltiples inteligencias no catalogables, estandarizables ni medibles en base a una batería de tests de enfoque mayoritariamente lógico-matemático y esa ampliación del abanico fundamenta la teoría de que existen también muchos tipos de aprendizaje y se descubre que hay personas que tienen una mayor predisposición, facilidad y fluidez en su percepción auditiva y viso espacial que a través de los métodos clásicos, lineales y tradicionales de lectura, escritura y memorización. Desde ese mismo momento deberíamos plantearnos un cambio.

Abundan los ejemplos de personas increíblemente capaces, brillantes y creativas que de haber definido su valía y trazado su camino según las normas de lo establecido, según la opinión de sus profesores y la estructura de un sistema en el que no conseguían encajar, no solo hubieran estado destinadas al fracaso y la mediocridad, sino que nos hubieran privado de su mirada, de su obra y de su genialidad: Albert Einstein, Leonardo Da Vinci, Mozart, Isaac Newton, Galileo Galilei, Stephen Hawking, Agatha Christie, Arquímedes, Ray Bradbury, José Saramago, Stanley Kubrick, Jimmy Hendrix, Basquiat. Todos autodidactas. Hay veces que para el talento o la originalidad de un individuo sencillamente no existe todavía un sistema capaz de categorizarlo, validarlo o comprenderlo. E impedirle pensar, aprender, ser y hacer “a su manera” es cometer un error imperdonable.

Así que prefiero las palabras de Gloria Fuertes a las del emperador…

“Me dijeron: – O te subes al carro o tendrás que empujarlo. – Ni me subí ni lo empujé. Me senté en la cuneta y alrededor de mí, a su debido tiempo, brotaron las amapolas.”

Para ampliar sobre Autodidactismo y Superdotación un artículo de MomToGifted con un interesante análisis sobre los elementos que diferencian una manera de aprender innovadora y holística del típico y estructurado aprendizaje reglado y secuencial.

https://momtogifted.wordpress.com/2016/05/29/the-rydkvist-group-y-el-autodidactismo-del-superdotado/

En este artículo publicado en el blog de La Rebelión del Talento se abordan técnicas, consejos y recursos alternativos a los métodos tradicionales y especialmente apropiados para aprendices visoespaciales.

https://aacclarebeliondeltalento.com/2017/05/27/odio-leer-odio-escribir/

motivación

Motivarnos cada día

By | Altas Capacidades, Crisis Existencial, Primera Persona | No Comments

El de hoy será un artículo en primera persona. Y espero desde la primera persona llegar a otras primeras personas, y buscar maneras y respuestas y caminos.

Y no se trata de exponer un tema investigado o compilado a partir de otros artículos sino de una situación presente, diaria, y en la que quizás haya más preguntas que respuestas, dudas que certezas, intuición que verdad; y la necesidad de sentir que voy bien, aunque por momentos parezca que el horizonte no muestra demasiada claridad.

Tengo tantos recuerdos de no adaptación al sistema educativo de mi hijo desde que empezó infantil que no sé bien por donde empezar. Ahora mismo acaba de empezar el Instituto y a pesar de que me llena de orgullo ver cómo hizo un gran cambio a la hora de empezar la mañana, preparar sus cosas, estar listo en la puerta habiendo desayunado, con los dientes lavados, el pelo medianamente acomodado, los cordones atados, la sudadera puesta y la mochila colgando de los hombros cinco minutos antes de la hora -cosa que me hubiera parecido un logro inconcebible año tras año y día tras día durante la primaria- y a pesar de ir con entusiasmo y haberse integrado con el grupo de su clase, a pesar de que lleva la agenda al día y toma apuntes y presta atención y hace la tarea antes de encender el ordenador…no es suficiente. El choque es muy grande. Me pregunto por qué si pasa de primaria a secundaria del mismo sistema educativo público y bilingüe, en la misma ciudad, al instituto que le reservaba la plaza, el que le daba continuidad entre ambos ciclos ¿No había una manera de prepararlo? ¿No había una manera de implementar una transición? ¿No era más importante prepararlo para este cambio que aprobar las pruebas de la Comunidad de Madrid? ¿No era primordial enseñarle técnicas de estudio antes que repasar los mismos contenidos otra vez como si sexto fuera un repaso de quinto y cuarto de primaria?

Y digo no es suficiente porque a pesar de saber los contenidos, y haberme explicado antes del examen los agujeros negros y las galaxias y la rotación de la tierra en inglés con un vocabulario asombroso y una pronunciación maravillosa, la primera semana de exámenes volvió con una cadena de suspensos. Y me pregunto si esa es la manera de adaptarlos. Dándoles el mensaje de bienvenida de que no lo están haciendo bien. Sinceramente no me preocupan las notas, ni los suspensos, lo que me preocupa es ese mensaje tan claro de que lo que está haciendo no se acerca ni remotamente a ser lo que se espera.

Y no puedo evitar recordar a su maestra de infantil que golpeaba la mesa y le decía: ¡tra-ba-ja! Y le regañaba por dibujar naves espaciales en vez de colorear el círculo grande de amarillo y el pequeño de rojo y gracias a la cual dejó de dibujar y recortar porque estaba harto de que le dijeran que lo hacía siempre mal.

Y no puedo evitar recordar a su maestro de primero de primaria que le daba con los nudillos en la cabeza y le preguntaba ¿tú eres tonto? por no haber llevado la tarea o haberse olvidado el libro. El mismo profesor que cogía a sus compañeros de la camiseta y les sacudía porque no le hacían caso. El que me pidió permiso para evaluarlo por el equipo de orientación porque mi hijo era muy distraído y desobediente y se dormía sobre el pupitre y no paraba de levantarse y hacer chistes y reírse en clase. Y creía que tenía hiperactividad, déficit de atención, o ambas. Pero no, resultó ser que mi hijo tenía altas capacidades. Pero para el profesor seguía siendo un incordio, un niño difícil, molesto e impertinente que sacudía mucho las manos y se distraía con el zumbido de una mosca, y hacía demasiadas preguntas.

Y no puedo evitar recordar sus casi suspensos en plástica cuando en casa llenó resmas enteras de papel diseñando comics y máquinas y cadenas de montaje y pistolas supersónicas y transformaciones antropomórficas y logos para marcas de coches y tuneos flipantes para el Clío. Pero claro, no era capaz de hacer lo que tenía que hacer, lo que la profe quería, no se ajustaba a la consigna, no hacía lo que se esperaba de él, que era que pasara por el tubo, que fuera estándar, que siguiera las reglas, que se estuviera quieto y que hiciera bolitas de papel morado hasta llenar toda una cartulina A4 en franjas uniformes de 10 centímetros de ancho.

Y no puedo evitar recordar que se pasó todo primero de primaria volviendo de clase y contándonos que en realidad el cole no era un cole normal y corriente, que era un cole de magia, y que a media mañana se había escondido en un cuartito donde guarda sus cosas el conserje para atacar con un amigo al basilisco, y que no había otra forma de subir a la primera planta que poniéndose unas botas de propulsión y activándolas cuando sonaba el timbre. Y se me estrujó el corazón un tiempo después cuando leí un artículo que explicaba que muchas veces esa construcción desbordante de un mundo de fantasía la generan para protegerse de una realidad que no pueden comprender, aceptar y sobrellevar, y de la que se sienten completamente ajenos.

Y ahora pienso ¿Cómo motivarle? Porque tiene una curiosidad infinita y una capacidad deslumbrante y un razonamiento tan complejo y unas ideas tan divertidas y sorprendentes ¿Cómo decirle que tendrá que adaptarse él? Que el mundo no se acomodará a su gusto, sino que será él el que tendrá que aceptar las reglas. Y que la mayoría de las veces no las entenderá, le parecerán absurdas y obsoletas, injustas, y que claro que podrá expresar su opinión, pero al final no le quedará más remedio que obedecer al profesor y responder las preguntas del examen como le pidan porque sino seguirá acumulando suspensos. Aunque se pase la tarde viendo documentales sobre el origen del universo o invente una nueva manera de hacer las divisiones con decimales tendrá que responder las mismas palabras que vienen en el recuadrito naranja de la página 35 sin olvidarse bajo ningún concepto de las que vienen en negrita, y tendrá que mostrar que sabe dividir de la manera que se le pide.

Y no puedo evitar recordar cómo fue dejando todas las actividades extraescolares porque, aunque la actividad en sí le entusiasmaba o se le daba bien e incluso de maravilla, no podía soportar la frustración y el aburrimiento y el hastío asociados al método, al enfoque, y demasiadas veces a la falta de interés y pasión del profesor o de su autoritarismo. Tirando a los niños al agua aunque estuvieran muertos de frío o de miedo y acomodando las distancias entre unos y otros con una vara metálica y sin meter ni un pie en la piscina. A los gritos como si se tratara de la copa del mundo y dejándolo en el banco por no estar lo suficientemente atento a la hora de defender la portería en los partidos de fútbol. Repitiendo durante meses las cinco notas de…debajo un botón, tón, tón; y aprendiendo piano con los mismos cuadernillos que fotocopiaba la profe hace 30 años.

Y sinceramente no extiendo todos estos recuerdos a modo de queja, porque suelo tomar la realidad e intentar mostrarle que el mundo no está hecho a medida y hay que aprender a encontrar la manera de adaptarse sin perder la propia identidad, de aportar y responder sin que eso signifique encajar o reprimirse, encontrar el lado positivo y hacer las cosas por el simple hecho de aprender, de conseguirlas, por la satisfacción de ver el trabajo terminado, por el saber que hay detrás, y no por miedo al castigo o por sacárselo de encima para poder encender el ordenador, sino por desarrollar la capacidad de empatizar y de conectar con el otro, porque el otro siempre es un universo inalcanzable e incomprensible y es nuestro reto y una fuente de aprendizaje y satisfacción y casi uno de los objetivos fundamentales de la vida; sintonizar, compartir, conseguir relacionarnos desde nuestras similitudes pero sobretodo desde nuestras diferencias.

Pero es difícil. Porque quiera o no el sistema está diseñado en vertical. No existe verdadera igualdad, aunque nos llenemos la boca hablando del respeto, la diversidad y la inclusión. Al final el sistema educativo, y más tarde se enfrentará al mundo laboral, tienen un bonito cartel encima…pero cuando atravesamos el umbral, aunque en clase de valores nos digan que equivocarse está bien y que no pasa nada, y que cada uno tiene derecho a ser como es y a pensar y opinar lo que crea oportuno, en la práctica eso no es verdad. Una profesora que puede decir a tu hijo (cuando pregunta los antónimos y tu hijo le responde materia y antimateria) que la antimateria no existe, que de dónde sacó eso…esa misma profesora que esperaba que respondiera: alto y bajo o gordo y flaco, es la que le puede poner el suspenso. Y no solo se lo puede poner, sino que se lo pondrá.

Me pregunto cómo se compatibiliza la curiosidad, la energía desbordante, la creatividad, las ansias de conocer, el pensamiento arborescente, la divergencia y capacidad de interrelacionar temas diversos, la pasión, la originalidad, la necesidad de descubrir métodos y ritmos propios con un sistema que nos quiere idénticos, que fabrica réplicas, que nos compara con un patrón estándar y nos juzga de acuerdo a nuestra semejanza o distancia del mismo, como en esas actividades tan entretenidas donde hay que encontrar las 5 diferencias entre dos ilustraciones ¿Y si no hay manera de comparar ambos dibujos? ¿Y si no se parecen en nada? ¿Y si un niño ni siquiera cabe en el recuadrito de 8 x 15, en los límites del recorte? ¿Fracasará? ¿Quién es el que fracasará? ¿Fracasará el niño? ¿Repetirá curso hasta que a fuerza de suspensos se convenza de que era mejor hacer caso y satisfacer al sistema y entrar en la maquinaria y volverse parte del engranaje? ¿Que era mejor eso que ser él mismo?

Y no bajo los brazos ni pierdo las esperanzas. Y sé que se trata de mirar la realidad desde nuestros propios ojos y no dejarnos opacar ni desmotivar. Y sé que al final todo se trata de hacer lo mejor que podamos con las cartas que nos tocan, con el entorno en el que nos movemos, con las personas con las que nos relacionamos y las situaciones que tenemos que afrontar. Y saber que sí, que tenemos que responder, pero que también tenemos derecho a innovar y a disentir, que tenemos que adaptarnos, pero también tenemos derecho a ser diferentes, y que tenemos derecho a equivocarnos, pero también a aprender del error, y que tenemos obligaciones y acatamos normas, pero también tenemos libertad. Y la libertad conlleva una gran responsabilidad y es la de afrontar las consecuencias de nuestros actos y de nuestras actitudes. Lo difícil es encontrar el equilibrio. Lo difícil es no perder el eje. Lo difícil es conseguir automotivarnos cada día, pintar todas las veces que sea necesario el muro desnudo que tenemos delante. Pintarlo de color.

 

Y siguiendo el hilo de estos pensamientos,  me parece oportuno recordar la presentación de Ken Robinson en TED

¿Las escuelas matan la creatividad?