Monthly Archives: abril 2019

Escher

Aprendiz viso-espacial

By | Altas Capacidades | No Comments

En el reino animal hay algunas especies que tienen características visuales muy curiosas. Los tarsios, por ejemplo, son unos primates con los ojos muy grandes. Son los mamíferos con los ojos más grandes en relación al tamaño de su cabeza. Los ojos están fijos así que, para contrarrestar esta inmovilidad, su cuello gira hasta 180 grados. Tienen una córnea también muy grande que les da una visión nocturna muy detallada.

También existen unos peces de cabeza transparente y llena de líquido que tienen los ojos flotando en su interior. Cada ojo tiene dos partes, una relativamente parecida a cualquier otro ojo animal, y otra que es un espejo curvo que recibe la luz y la refleja al ojo principal. Esta compleja estructura ocular les permite ver hacia abajo y hacia arriba al mismo tiempo.

Los camaleones, por su parte, tienen una vista bastante nítida de día, pero muy pobre durante la noche; aunque su principal peculiaridad es la movilidad de los ojos. El párpado es múltiple y cónico, y le permite dejar tan solo una diminuta porción de iris al descubierto que pueden dirigir hacia cualquier punto individualmente. Gracias a esta increíble mecánica ocular, pueden estar completamente quietos y camuflados y aún así cubrir 360 grados de visión de su entorno.

Tal vez resulte extraña o un tanto incomprensible toda esta introducción, que parece más apropiada para un blog sobre extrañezas del mundo animal que para uno asociado a las altas capacidades intelectuales. Pero sí tiene que ver, y mucho.

No nos resulta difícil comprender ni aceptar con absoluta naturalidad que estos animales tienen unas características muy específicas que les hacen únicos, y que determinan su manera de relacionarse con el mundo y de funcionar dentro de su hábitat. Podríamos afirmar sin demasiada extrañeza que estas peculiaridades de su fisonomía afectarán con seguridad su manera de obtener alimento, de moverse, de protegerse y de relacionarse con sus iguales, con sus presas y con sus predadores.

¿Por qué creen entonces que nos es tan difícil aceptar que dentro de un grupo de personas cada una tenga una manera especial de ver, sentir, pensar, actuar, expresarse y relacionarse? ¿cómo puede costarnos tanto entender que cada persona tenga una individual y característica, peculiar y única manera de ser?

¿Se nos ocurriría evaluar a un pez de cabeza transparente por su capacidad para trepar a un árbol? ¿o juzgar a un mono tarsio por el tamaño de sus ojos y exigirle que los mueva en lugar de mover el cuello? ¿o puntuar al camaleón por sus habilidades natatorias o por su velocidad de vuelo en lugar de valorar y maravillarnos con su increíble capacidad para camuflarse y con sus ojos de visión panorámica?

Pues todo esto es lo que ocurre habitualmente en la escuela. Todos los niños son forzados a aprender con los mismos métodos, evaluados con los mismos patrones, puntuados con los mismos exámenes y juzgados según sus habilidades dentro de determinados estándares. No solo no apreciamos sus peculiaridades, sino que les exigimos adecuarse a una estructura que atenta, no solo contra su naturaleza sino de manera aún más alarmante, contra su integridad psicológica y emocional.

Hay una enorme cantidad de material, artículos y recursos para profundizar en el tema, pero lo que ofreceremos en esta entrada es un acercamiento general, dentro de las altas capacidades, a la problemática de los llamados aprendices viso-espaciales. Al final de esta entrada dejaremos los enlaces a varios textos publicados sobre el tema que son de gran utilidad para comprenderlo en profundidad. Es muy importante conocer, porque como ocurre con el descubrimiento de otros tantos enfoques, genera alivio y aporta herramientas para transformar lo que podría parecer un problema en una puerta mágica.

Un gran porcentaje de niños y, en consecuencia, los métodos más extendidos de enseñanza podrían englobarse en lo que llamamos tipo de aprendizaje secuencial y auditivo. Leer, escribir, deletrear, calcular, planificar y categorizar son tareas fundamentalmente secuenciales. Seguir procesos, ir de lo simple a lo complejo, de lo particular a lo general, de las partes al todo y dentro de determinados límites espacio temporales son las bases del pensamiento, de la enseñanza y del aprendizaje auditivo-secuencial. La escuela toda está estructurada como una muñeca rusa de manera secuencial, lineal y repetitiva. Y los alumnos son educados y evaluados siguiendo estas premisas.

Pero no todos los niños funcionan, aprenden, experimentan y razonan así. Así como, gracias a la diversidad de la naturaleza, no todos los seres vivos en el planeta son de la misma especie, existen, además de los auditivo-secuenciales, los aprendices viso-espaciales. Y si nos forzamos a observarlos con el mismo enfoque que nos exige el sistema educativo tradicional diríamos que son impulsivos, que no saben planificar ni posponer la gratificación y que son terriblemente desorganizados. Pero lo peor de todo es que no solo lo “diríamos“, sino que realmente lo decimos cada día, haciéndoles sentir que hay algo que no está bien en ellos, que no son como esperamos y que son mediocres o incluso pésimos estudiantes.

Pero, si nos atrevemos a observarlos con otros ojos podríamos decir que se abstraen y concentran muy profundamente cuando disfrutan de algo, que tienen una enorme imaginación, un llamativo sentido del humor, una gran habilidad para proponer ideas originales y una sorprendente capacidad para vivir el momento presente. Todo esto tiene una causa muy clara: los dones del hemisferio derecho.

¿Cómo reconocer a un aprendiz viso-espacial? Si nos llaman la atención su capacidad artística y creativa, su imaginación e inventiva, su poder de observación, su memoria visual, su sentido de orientación, su capacidad para contar historias y su particular y agudo sentido del humor. Y a la vez es evidente que no se les dan nada bien, e incluso les irritan, los juegos de memoria, los ejercicios secuenciales y las tareas repetitivas, lo más seguro es que estemos ante un niño cuyo hemisferio cerebral derecho está muy desarrollado.

El problema que tenemos delante radica en que generalmente en el aula se le evaluará de acuerdo con sus habilidades para la lectura, la escritura descriptiva, la memoria, el aprendizaje lineal, su capacidad para retener instrucciones secuenciales y prestar atención. Así que, muy probablemente, este niño tan entusiasta, intenso, creativo será visto por sus maestros como un alumno lento, distraído y caótico, y tendrá la agenda llena de llamados de atención para sus padres y los boletines de calificaciones plagados de injustos suspensos.

Algunos descubrimientos que pueden ser también reveladores y ayudar a desarrollar herramientas más eficaces para mejorar notablemente el rendimiento de los aprendices viso-espaciales son: su predilección por los retos y desafíos y los enfoques que involucren de algún modo las aptitudes del hemisferio derecho; como pueden ser utilizar las emociones, el humor, o la multidisciplinariedad. Aunque pueden tener problemas para resolver tareas sencillas, repetitivas y secuenciales, pueden ser brillantes con material más complejo. Si la tarea a desarrollar no necesita de la intervención del hemisferio derecho, el nivel de atención, implicación, interés y, consecuentemente, el rendimiento disminuyen de forma muy notable. En síntesis, si no pueden usar ambos hemisferios, su capacidad de aprendizaje no solo se ve mermada, sino incluso totalmente anulada.

¿Cómo permitirles desarrollar su potencial y descubrir su talento cuando son niños que se sienten a contramano, cuando sus destrezas no forman parte del programa educativo? ¿Cómo evitar que se sientan inútiles, mediocres e inadaptados? ¿Cómo ayudarles a que dejen de pensar que no valen, que no pueden, que no sirven, que nunca lo conseguirán?

Los niños viso-espaciales necesitan mucho material visual, diagramas, esquemas, demostraciones, material manipulativo, interactivo, dibujar los conceptos, traducirlos a imágenes y en el espacio. Recuerdan mucho más lo que ven que lo que oyen. Y aumenta su memoria auditiva cuando lo que oyen está asociado a la música. Su orientación en el espacio es infinitamente mejor que en el tiempo.

Ser puntual, trabajar contra reloj, cumplir plazos y ajustarse a horarios establecidos puede ser muy difícil y estresante para los niños viso-espaciales. El tiempo puede ser un enemigo monstruoso para ellos, mientras el espacio constituye su mejor aliado.

Mientras los aprendices secuenciales aprenden del ensayo y el error, los viso-espaciales un día empiezan directamente a caminar, a decir frases largas, a dominar una segunda lengua o a montar en bicicleta. Esperan. Observan. Llevan a cabo un complejo mecanismo interno hasta que, de pronto, lo consiguen. Ejecutan el paso 10 directamente. Y les sería imposible explicar cómo llegaron ahí. Simplemente, lo consiguen.

Si se les pide que sinteticen algo, probablemente les resulte muy complicado. Lo suyo es el análisis. Desglosar. Relacionar. Cuestionar. Complejizar. Formular hipótesis. Cambiar de enfoque. Construir. Innovar. Descubrir. Investigar.

Si se les pide que sigan una serie de instrucciones expresadas de forma oral, probablemente les resulte muy complicado. Lo suyo son los esquemas, los mapas, los diagramas, los gráficos, las infografías, el material visual.

Si se les pide que realicen cálculos, probablemente les resulte muy complicado. Lo suyo es el razonamiento.  A veces pueden llegar a entender teorías y ecuaciones extremadamente complejas, pero no ser capaces de recordar las tablas de multiplicar.

Si se les anima a desarrollar sus propios métodos y a introducir la emoción en la tarea, ya sea a través de desafíos, retos, humor, o sencillamente permitiéndoles motivarse y conseguir los objetivos a través de temas o contenidos que les apasionen; los resultados pueden ser deslumbrantes. Si se sienten emocionalmente seguros, contenidos y confían en que pueden ser ellos mismos y no serán juzgados o rechazados, sino valorados y apoyados; podemos verdaderamente transformar a alumnos desmotivados, que no aprenden, no atienden, no rinden ni se comprometen, en niños creativos, alegres, entusiastas y brillantes. Y no es por obra de la magia ni de ningún milagro, sino simplemente por permitirles que fluyan y expresen libremente ese talento y potencial que siempre y en todo momento, aunque no pudiéramos ver, había estado ahí.

Recomendamos enormemente consultar el blog de La Rebelión del Talento que tiene una categoría específica con varios artículos sobre aprendices viso-espaciales, que nos han nutrido en la redacción de este texto.

https://aacclarebeliondeltalento.com/category/entendiendo-las-altas-capacidades/aprendiz-viso-espacial/

La hora del hemisferio derecho

https://elpais.com/elpais/2013/02/15/eps/1360927595_598327.html

El poder del hemisferio derecho

https://lamenteesmaravillosa.com/el-poder-del-hemisferio-derecho/

Origen, evolución y relación entre superdotación y talento viso-espacial

https://momtogifted.wordpress.com/2016/10/03/sobre-el-origen-y-evolucion-del-superdotado-viso-espacial/

Sara Facio

Llueve

By | Arte, Mujer, Primera Persona | No Comments

Llueve. Siempre que llueve es en Buenos Aires. Me despiertan las gotas golpeando sin ritmo la baranda metálica del balcón del lavadero. Y me levanto nostálgica. Y porteña, aún con todo un océano de por medio. Y abro la ventana para respirar esa humedad que me es tan necesaria y que me transporta.

No soporto el ventilador del CPU, ni que arranque la heladeraꓼ la tos del vecino, los dedos en las teclas. Me detengo. Solo quisiera escuchar la lluvia. Y nada más.

La lluvia en Buenos Aires tiene el olor de la tierra y los jazmines y las rosas. Del café, de las tostadas. Tiene la radio encendida y un trapo debajo de la puerta. Tiene el pelo mojado y los vidrios empañados y lo impregna absolutamente todo.

La lluvia en Buenos Aires es una foto en blanco y negro. La gente corre. Cuerpos impermeables sin cabeza. Paraguas negros. Las botamangas mojadas en los charcos. Las piernas mojadas por los colectivos y los taxis que pasan y salpican toda esa agua que no cabe en los desagües. Es el ruido de las ruedas sobre el asfalto mojado. Es quedarte apretado entre los desconocidos al amparo de una cornisa hasta que pare, hasta que cambie el semáforo, hasta que se haga tarde. Porque no hay paraguas que resista. Y ya se te calaron el abrigo y las botas.

La lluvia en Buenos Aires es una foto de Sara Facio en un libro de tapas duras.

Sara Facio es la culpable de esa imagen que tenemos impresa en la retina. Esa fotografía en sepia que perfila nuestra primera asociación a tantos nombres. Nuestro retrato mental de Pizarnik, Cortázar, María Elena Walsh, Borges, Mercedes Sosa, Neruda, Sábato, García Márquez, Astor Piazzolla.

Ella misma sintetiza su obra fotográfica con estas palabras:
“Lo que yo hago en fotografía es para lograr que el día que yo me muera no digan que se murió una vaca, sino que se murió una persona que vio eso. Y lo que yo vi está en mis fotos. Como si dijera: ésta es mi ciudad, mi gente, la que admiro, la que me gusta. Ese es mi canon.” Sara Facio (Argentina) · 18 de abril de 1932.

Ojalá cada uno de nosotros pueda llegar a hacer lo que tiene que hacer. Pueda tener suficiente valor y certeza para conseguirlo. Ojalá cuando cada uno de nosotros se muera exista al menos una persona que pueda decir: esto es lo que esta persona sintió, lo que pensó, lo que escribió, lo que vio, lo que hizo, lo que dio.

Ojalá podamos inspirar a alguien. Ojalá podamos haber sido lo que teníamos que ser, a pesar de todo.

eutanasia

Eutanasia

By | Crisis Existencial, Primera Persona | No Comments

El 8 de abril de 1911, Emil Cioran afrontaba el inconveniente de haber nacido.

Ante la duda de escribir lo que estoy pensando esta mañana, Cioran me dice:
“Escriba sólo si lo que va a decir, nunca se lo confiaría a nadie.”

Así que junto valor y dejo de pensar en quién me leerá y en lo que pensará a continuación. Dejo de medir las palabras; las ideas que pueda haber detrás de las palabras, y de las que no soy consciente, y que probablemente me avergüencen, sin siquiera entenderlas.

Me quedé sobrevolando en círculo la vida y la historia; las noticias asociadas a Ángel Hernández y María José Carrasco. Tengo una enorme reticencia a ver los videos de las noticias. Soy capaz de leer la transcripción de una conferencia o de una charla antes de verla en vídeo. No es que tenga nada contra los medios audiovisuales; simplemente no puedo prestarles la debida atención. De las canciones siempre escucho más la letra. Con los subtítulos también me detengo, las palabras me pesan más que las imágenes. Disfruto del cine en versión original; leo y oigo, y eso es para mí una experiencia sublime. He llegado a descargarme subtítulos de películas para releerlos. Con el bloc de notas. Recordaba algún dialogo. Alguna frase. Y necesitaba leerla otra vez. Eso lo construye todo. No sé si es por evitarme la sobreestimulación de lo visual, del movimiento, de la afectividad que todo lo otro puede generarme. Me pregunto si las palabras no me han preservado de vivir desde el resto de mí. Desde la emoción y desde el cuerpo.

Pero con la historia de Ángel Hernández y María José Carrasco sí le di al play. Es verdaderamente desgarradora la situación en la que estaba esta pareja. Ella, deteriorándose sin remedio. Él, asistiéndola y acompañándola, pero sabiendo que no podía salvarla, sanarla, devolverle todo lo que había perdido y seguía perdiendo lentamente cada día. Sin ayuda. Sin apoyo. Sin medios. Sin fuerzas. Sin esperanzas. Sin fin.

Siento, desde ese rincón visceral y palpitante, oscuro, vivo y sangrante de mi subconsciente, que ayudar a alguien a morir es el mayor acto de amor que existe. Creo que es un acto de amor incondicional como ningún otro. Presos como vivimos de nuestras propias pulsiones, deseos, necesidades, pensamientos, dudas, dolores, ansias, padecimientos, pasiones, preguntas, saberes, vacíos. Ciegos de tanta inevitable y absurda individualidad, subjetividad y autorreferencia. Ayudar a alguien a morir. Ayudar a alguien a quien amamos a morir. Entender cuál es su necesidad, su deseo, su dolor y su angustia, y no intentar convencerlo, repararlo, disuadirlo, manipularlo, moldearlo. Eso creo que es el amor. Llamamos amor a una especie de fijación absurda por el otro, de despersonalización y sacrificio de la propia identidad por el ficticio y supuesto bien del otro, de ese uno que somos con el otro. Llamamos amor a vestir al otro con un traje a la medida de nuestras propias necesidades y deseos, un traje que parece estar mágicamente diseñado para vestir, y perversamente cortado para satisfacernos. Perdemos nuestro propio eje con tal de seguir sosteniendo que ese otro es en realidad el elegido. Nos transformamos en cualquier cosa cuando no somos ya capaces de convencerlo, con tal de seguir siendo esa ameba común con derecho y razón para existir.

Respetar al otro aun cuando nos parezca que está equivocado. Dejarlo ir hacia donde deba ir aun cuando creamos que le esperan tormentas y obstáculos y abismos. Prestarle atención y darle alas cuando pensamos que habla en una lengua ininteligible y su mirada y su camino se dirigen a territorios desconocidos y lejanos. Darle libertad aun cuando signifique perderlo. Decirle que sí si lo necesita aun cuando nuestra voz esté llena de terror y negación.

Ayudar a alguien que amamos a morir es una muestra irrefutable de que el amor incondicional sí existe, aunque no se parezca en nada a lo que nos dieron, a lo que sabemos ofrecer, a lo que pide a gritos nuestro niño dependiente interior, a lo que necesita el sistema que repliquemos para sostenerle.

Hay que romper tantas barreras, tantos prejuicios, tantas leyes, tantos mandamientos, tanta hipocresía, tanto automatismo. Hay que romper el propio núcleo de nuestra estructura psíquica; todas las redes, todos los patrones, todas las cadenas. No creo que haya otra cosa que pueda romper con todo eso. No creo que pueda hacerse algo tan humano y tan heroico sino es gracias al amor.

“Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera. Sin la idea del suicidio, si no fuera por la posibilidad del suicidio, ya me habría matado.” Emil Cioran

adiccion

Altas capacidades y adicción

By | Altas Capacidades | No Comments

¿Qué es una adicción? ¿qué imagen se nos viene a la cabeza cuando pensamos en la palabra adicción? ¿por qué es importante pensar y hablar y hacernos preguntas sobre las adicciones? ¿en qué medida afectan o pueden afectar más a las personas con altas capacidades?

Según la etimología, un adicto era una persona que por sentencia era adjudicada a su acreedor. Según el derecho romano arcaico quien tenía una deuda y no podía pagarla, era entregado como esclavo. Pagaba con su persona. Se volvía propiedad del otro. Ya no era dueño de si mismo.

Eso es la adicción. Dejar de ser dueño de uno mismo. Depender; ya sea de una actividad, sustancia, cosa o persona. No ser capaz de funcionar si no es aferrados a ese algo fuera de nosotros que lleva el control de nuestra vida, de nuestra voluntad y de nuestro poder de decisión.

Pensamos en seguida en las drogas. En el tabaco. En el alcohol. También, y en una segunda oleada de imágenes, pensamos en las apuestas, en el sexo, en los medicamentos. Y ya vamos dejando más relegada -y no precisamente por casualidad- la idea de la adicción al móvil, a los videojuegos, a la televisión, a las redes sociales, a la comida, al azúcar. Al trabajo, al dinero, al consumo. A las personas, a las relaciones tóxicas.

Esos grupos de imágenes relacionadas con las adicciones no vienen en ráfagas al azar. Las que vienen en último lugar, e incluso las que no vienen, tienen un significado y un por qué. Son las que más se nos resisten, las que más tememos, las que no queremos ver porque tal vez revistan un riesgo mayor en nuestro entorno más cercano y nos cueste ver las señales o temamos no estar preparados para afrontarlas.

Tal vez miramos el problema como algo que nos queda lejos, que por suerte hemos evitado, que no nos afecta ni nos atañe. No bebemos. No fumamos. No consumimos drogas. No pisamos jamás una casa de apuestas. No nos automedicamos. No comemos compulsivamente. Y casi no tenemos tiempo de ver televisión ¿no?

Bien. Las conductas adictivas no siempre están ahí. Con esos rótulos. En esos lugares. Ni tienen esos nombres ¿Sabemos exactamente cuántas horas pasan nuestros hijos con el móvil, la tablet, el ordenador o frente al televisor? ¿Sabemos exactamente qué ven, qué hacen, a qué juegan y con quién? ¿y qué y cuánto comen o beben antes, durante y después de esa indefinida e imprecisa cantidad de horas que pasan frente a la pantalla?

No hace falta que respondamos estas preguntas ante nadie. Pero sí es muy importante que nos hagamos estas preguntas a nosotros mismos ¿cuántas horas trabajamos al día? ¿cuántas horas vemos de televisión o estamos pendientes del móvil y de las redes sociales? ¿cuántas cosas de las que compramos, consumimos, hacemos, bebemos, comemos, pensamos, decidimos al día son realmente necesarias, saludables, útiles, éticas, sostenibles? ¿cuántas decidimos libremente? ¿cuántas tienen verdadero sentido?

Es importante tomar conciencia de una cosa. Cómo afecta a nuestro cerebro y cómo se establece la conducta adictiva. Porque esa es la base de todo. Si en nuestros hijos se establece el patrón, da igual lo inofensivo que nos parezca eso a lo que dedican más tiempo del que deberían. Si les cuesta desenganchar. Si se ponen agresivos. Si se esconden o buscan la manera o mienten o le restan ansiosamente importancia. Si olvidan hacer otras cosas. Si dejan una cosa y van a por la otra. Si les cuesta poner ganas y atención en todo lo demás. Tal vez estemos tranquilos porque todavía son pequeños, porque están en casa, porque nos cuentan las cosas, porque nosotros somos personas sanas, porque les damos amor, porque los escuchamos, porque no somos indiferentes. Tal vez no estemos alarmados, pero en nuestros hijos pueda estar desarrollándose una conducta adictiva que hoy cubren con el móvil, la tablet, el ordenador y la tele, y mañana reemplacen por cualquier otra cosa. Porque lo peligroso no es a qué, lo peligroso es la conducta en sí misma. Es el funcionamiento y la estructura de la adicción. Es cómo eso, muy fiel a su etimología, se adueña de la persona y le impide llevar el control sobre su vida.

En el cerebro, el sistema límbico -en gran parte responsable de nuestras emociones- aloja los centros de castigo y recompensa. Los centros de recompensa responden a estímulos naturales y nos causan placer. El placer que nos produce la comida y el sexo es el encargado de preservar nuestra especie. Pero cuando nuestro centro de recompensa es abordado por un estímulo artificial muy fuerte, produce un placer tanto más intenso que el que generan las sustancias y actividades normales y cotidianas que no solo les deja rezagadas para siempre, sino que pide ser activado a ese mismo nivel. De alguna manera nos modifica los baremos. Corre el cero de lugar. Y no solo necesitamos más para llegar al mismo placer, sino que por debajo de cero lo pasamos mal. Y cada vez necesitamos más para sentirnos en cero. Y mucho más para volver a sentir placer. Y ese corrimiento del cero no se produce una vez, es perpetuo y cada vez más acelerado mientras no se consigue salir del patrón.

La adicción es peligrosa siempre, esté activada por la sustancia o actividad que sea. No ser conscientes de los rasgos propios de una conducta adictiva para poder evitarla, o detectarla si se ha iniciado y tratarla, en los niños es más peligroso todavía. La sobre excitabilidad e hipersensibilidad asociadas a las altas capacidades, la propia estructura compleja y arborescente del pensamiento, la mayor propensión a la autoexigencia, a la introspección; el aislamiento, la incomprensión, la soledad, la ansiedad, la depresión que pueden sufrir las personas con altas capacidades si no consiguen confiar en sí mismas, sentirse comprendidas y explorar y desplegar su potencial pueden ser un riesgoso caldo de cultivo para el desarrollo de conductas adictivas.

En el artículo “Gifted, Talented, Addicted” de Douglas Eby se enfoca la relación entre altas capacidades y adicción como un intento de apagar la hipersensibilidad, atenuar la sobreexcitabilidad, refugiarse, evadirse, aislarse de un entorno percibido como ajeno, hostil, incómodo, extraño e inabordable. Cita el artículo “Una descripción bioantropológica de la adicción”, de Doris y David Jonas donde se analiza que “un sistema nervioso tan exquisitamente desarrollado y capaz de percibir los cambios más ínfimos en las señales ambientales se ve claramente superado y llevado a la disforia1 cuando su portador debe sobrevivir entre los estímulos exponencialmente aumentados y permanentes de su entorno…Los individuos más sensibles corren un mayor riesgo de intentar aliviar su incomodidad alterando sus percepciones con sustancias depresoras”.

1 disforia: estado de insatisfacción generalizada que puede derivar en síntomas ansiosos, maníacos o depresivos.

Dentro del mismo artículo también se cita el trabajo de Stephanie Tolan, autora de ficción y oradora sobre superdotación, quien afirma que “Al no entender la fuente de su frustración o las formas de aliviarla, las personas superdotadas pueden optar por mitigar su dolor mediante el uso de alcohol, drogas, alimentos u otras sustancias, o caer en comportamientos adictivos. O simplemente acurrucarse y vivir sus vidas en modo supervivencia.”

Por todo esto, es muy importante hacernos las preguntas, respondérnoslas con total sinceridad y sin miedo. Repasar en nuestra cabeza cuáles fueron las imágenes que nos vinieron a la mente al leer la palabra adicción. Revisar cuáles son las que vimos en último lugar. Y no para preocuparnos, sino para ocuparnos. Ocuparnos en educar, en informar, en observar, en prevenir, en tratar, en actuar de la manera que sea necesaria.

 

 

Algunos artículos y material bibliográfico y audiovisual que sirven como recurso para informarnos y prevenir.

 

El diario amarillo de Carlota · Gemma Lienas

Los diarios de Carlota son novelas de ficción orientadas a jóvenes que abordan temas como el feminismo, la sexualidad, la violencia y la inmigración, entre otros. En el diario amarillo Carlota recopila información sobre las adicciones y las drogas. Es una lectura que recomendamos ya que aborda temas y cuestiones como: los tipos de drogas que existen, qué efectos producen, por qué son peligrosas las adicciones, qué es el síndrome de abstinencia; con una claridad, apertura y naturalidad que muchas veces cuesta poner sobre la mesa y es necesaria para educar y concientizar.

 

El cigarrillo electrónico: Los adolescentes no perciben el riesgo

https://elpais.com/sociedad/2018/09/13/actualidad/1536864235_208942.html

 

Lo an Behold: Ensueños de un mundo conectado · Werner Herzog

En este documental, el cineasta presenta la historia de Internet desde sus orígenes en 1969 y sopesa los aspectos positivos y negativos de su influencia en la sociedad.

https://youtu.be/SSbhsPNnVWo

 

Los gurús digitales crían a sus hijos sin pantallas

https://elpais.com/sociedad/2019/03/20/actualidad/1553105010_527764.html

 

Ventajas y riesgos de educar en la era digital (analizando los indicadores de un uso tóxico o adictivo de la tecnología y sugerencias de prevención según la Asociación Americana de Psiquiatría)

https://elpais.com/elpais/2018/12/28/mamas_papas/1545984716_407266.html?fbclid=IwAR2fjAfJzip5rfjTrw9Qx8X9S6rgQKTCHSw5aMs9pO7hKc1gQcPZAJBiMF8

 

Artículo citado sobre superdotación y adicción (en inglés)

Gifted, Talented, Addicted · Douglas Eby

http://talentdevelop.com/articles/GTA.html

 

Más articulos sobre altas capacidades en nuestro blog.

 

 

Imagen extraída de la publicación National Geographic · Science of Addiction

cerebro plano

Planicie

By | Crisis Existencial, Primera Persona | No Comments

Leí hace algunas semanas un artículo sobre los terraplanistas. Personas que creen que la tierra es plana. El artículo tenía un cierto ingrediente de tinte alarmista. Ese que suelen tener las miradas objetivas sobre las ideas ridículas.

Por lo visto, era muy preocupante que dentro del propio equipo que habían puesto a investigar el asunto habían ocurrido situaciones imprevistas e inesperadas como el súbito convencimiento de algunos de ellos -individuos formados y biempensantes- de que la tierra era, en efecto, plana. Y esto ocurría entre otras muchas desviaciones ideológicas de las que pronto se habían vuelto simpatizantes y que provenían de las más variadas teorías conspirativas.

El punto alarmante era la fuerza y capacidad de penetración que tenían ciertos discursos y contenidos audiovisuales cuyo consumo podía llegar uno a concatenar siguiendo las recomendaciones de YouTube. Uno empezaba mirando un documental sobre los atentados del 11-S y terminaba adhiriendo a las teorías terraplanistas, una vez puesto en duda absolutamente todo.

No sé realmente de qué nos asombramos.

Hace unos días hojeaba (no sin cierto cinismo) en la tienda de periódicos el último ejemplar de la revista Año Cero y me preguntaba cómo podía estar en pie toda la cadena de personas y recursos que hacen falta para que esa publicación se redacte, se maquete, se imprima, se distribuya ¡y se venda! Había una entrevista a la líder mundial del movimiento vampírico, hallazgos arqueológicos y extraterrestres que los gobiernos nos ocultan y un relato con experiencias paranormales y estremecedoras ocurridas en el interior y las inmediaciones de un monasterio en Girona.

Pero no hace falta analizar las teorías conspirativas ni las revistas del más allá.

¿Por qué no nos alarma y nos preocupa del mismo modo pasar frente a las escalinatas de una iglesia? ¿o por la puerta de una casa de apuestas? ¿o por las calles vacías cuando se juega un superclásico? ¿o entre la fila interminable de gente para comprar la lotería de Doña Manolita? ¿o ante la curva ascendente de color verde del gráfico de estimación de voto para las generales?

¿No sigue gran parte de la humanidad en todo el mundo y a todas horas creyendo en cosas que no tienen ningún asidero, inventando algo en que creer y a lo que aferrarse sin dudar? ¿hay algún rango psicosocial para medir qué tipo de ceguera es menos peligrosa que otra?

Llamamos creyente al que cree, al que profesa una determinada fe religiosa. Y aunque es un adjetivo se puede volver sujeto en el momento menos pensado ¿Y todos los demás? ¿No son creyentes también? ¿No necesitan justamente creer y ya no dudar, aunque sea adhiriendo a las teorías más ridículas?

Da igual si las explicaciones son esotéricas, metafísicas, políticas o pseudocientíficas. En un punto todo puede llegar a confluir. Todo puede dar exactamente igual. Es tan parcial y antropocéntrica y absurda nuestra porción de conocimiento y conciencia de la realidad que no hay verdaderamente como sostenerla. El tamaño de nuestro ego y la magnitud de nuestro vacío siguen llevándonos siempre a buscar desesperadamente algo en que creer, de que aferrarnos, alguna certera, firme e inamovible explicación.

Dejémoslos en paz. Normalizamos tantas cosas que son realmente mucho más alarmantes. Aceptamos con naturalidad tantas obscenidades a diario. No creo que los terraplanistas sean tan peligrosos. Son pocos.

Que crean lo que quieran.