Monthly Archives: febrero 2018

semana

Una instantánea de la realidad

By | Crisis Existencial | No Comments

Las imágenes de la semana de El País.
Una instantánea de la realidad toda derramada en paralelo.
Una niña siria se recupera tras ser herida durante un bombardeo y un grupo de estudiantes camina frente a la erupción de un volcán en Indonesia. Mientras tanto, la reina Letizia inaugura la Feria Internacional de Arte Contemporáneo, vestida de rojo del collar a los tacones (no me atrevo a escribir de la cabeza a los pies).
Una leona prefiere cerrar los ojos en un zoo de San Salvador y un ingenuo y desinformado brote crece en el suelo agrietado por la sequía en Ciudad del Cabo.
Una ausente, ajena, tímida, objetualizada modelo asiste a la Fashion Week de Londres y mira sin dolor alguno la barcaza en el Mediterráneo que transformará en refugiados a las personas que puedan rescatar los voluntarios, ésas a las que no termine digiriendo el mar después de haber sido previamente devoradas por el sistema.
Galeristas sujetan una obra de Pablo Picasso valorada en 50 millones de dólares, insuficientes billetes para financiar toda la ayuda humanitaria necesaria de voluntarios y civiles buscando supervivientes entre los escombros tras los bombardeos en Duma.
Las incorruptibles y tozudas tortugas marinas vuelven al mar tras depositar una vez más sus huevos en la playa de Rushikulya en India, una mujer se traga en silenciosa protesta su ira contra la práctica musulmana de la “tripe talaq”, Donald Trump sube a bordo del Air Force One y el tranvía pasa frente a un cartel electoral de Putin mientras un hombre sirio corre con su niño en brazos entre los escombros tras el bombardeo.
Y Karen Chen patina sobre el hielo en los Juegos Olímpicos de Invierno y Niza se viste de Carnaval y un niño afgano vuela una cometa en lo alto de una colina en Kabul mientras la guardia de honor espera la llegada de Temer en Brasilia y Mercedez Benz presenta su nuevo Fórmula 1 en Silverstone y vámonos un fin de semana a París, amor mío. Y hagámonos una foto en la Torre Eiffel y la subimos a Facebook, así todo el mundo se entera de lo felices y afortunados que somos a pesar de todo.
¿Cuándo nos extinguiremos al fin y dejaremos de escribir esta frenética, ridícula, absurda, obscena, destructiva, perversa y egoísta historia del mundo? ¿Cuándo dejaremos de sacarnos en silencio los ojos, y de guardar las formas, y de amoldarnos y de callar, y de seguir prostituyéndonos por el dinero mientras hacemos un máster online para aprender a poner en práctica los 20 tips del gurú de la felicidad para encender la fuente de la energía positiva y fingir admirablemente que tenemos una vida maravillosa?

Infancia Bernal

Infancia

By | Primera Persona | No Comments

Mi infancia habita en Bernal.
Mi infancia y toda una parte de mí que está inevitablemente aferrada a los olores, a los sabores, a los sonidos, a las texturas, a las ausencias, a los recuerdos de Labardén 180.
Mi infancia vive, respira, corre, llora y se aterroriza en la casa de mis abuelos.
Una casa donde ellos ya no están, una casa que ya no es nuestra, en un país donde ya no vivo, en un tiempo que ya no es ahora ni volverá a ser.
Si recobro el valor de transitar los recuerdos oigo mis pasos susurrar sobre el parqué encerado levitando casi sobre los patines de lana. Y me paralizo porque suena el cucú, y chirría el mecanismo y se esconde el pequeño pájaro con un portazo seco de madera.
Luisa canta en croata en la cocina. La mesada llena de ñoquis de papa y tuco burbujeando en islotes oscuros de aceite dulce a baño María.
La pieza de tío Juan. Juan que se fue. Juan que tuvo que alejarse varios miles de kilómetros de esta casa en la que uno no puede más que ser su infancia. La habitación intacta a la que podría regresar el ingeniero emigrado, padre y marido si quisiera alguna vez volver a ser niño. Su refugio de pasado y de cobijo y de juventud donde encontrar sus libros de matemáticas y de la Antártida y sus monedas y estampillas, como si entre los preciados objetos estuviera la metáfora y la profecía de quién estudia para explorar y ganarse el mundo más allá de las rejas verdes y del jazmín, del rosal y del limonero. Más allá de las bolsas de cal y del néctar de los nomeolvides.
La casa de Bernal donde imagino que duermo la siesta. El cuerpo lleno de sol en líneas punteadas a través de la persiana, y de reflejos hipnóticos de cortinas de crochet. Los oídos llenos de cigarras y del canto enjaulado de Caruso y del ladrido cansado de Ari del otro lado de la medianera. Y el olor del strudel que se enfría entre el repasador y la mesada, y la colonia Fulton de lavanda entre los ochos de tu pulóver verde donde imagino que me acurruco cuando el mundo se me queda demasiado grande.

altas capacidades verguenza

Altas Capacidades ¿Por qué sentir vergüenza?

By | Altas Capacidades | No Comments

La vergüenza es uno de los problemas más frecuentes con el que se enfrentan las familias de los niños y niñas con altas capacidades.

¿Por qué sentir vergüenza? Porque hay ignorancia, desconocimiento, vacío, incomprensión, señalamiento, rechazo, acoso, falsas etiquetas, tabúes, mitos, y más.

Una lista triste y extensa que desemboca en el silenciamiento, el ocultamiento y la soledad que revisten a la vergüenza.

Éste artículo, publicado por Olga Carmona, psicóloga clínica y experta en psicopatología de la infancia y la adolescencia, en el blog De Mamás y de Papás de El País, visibiliza y anima a afrontar este problema que no debería existir, y que tenemos que luchar por erradicar.

Porque ningún ser humano debe sentir vergüenza de ser quién es, de sentir como siente, de pensar como piensa, ni de necesitar lo que necesita.

Nadie, absolutamente nadie debería esconderse, avergonzarse de ser lo que es y de brillar en todo su esplendor, solo porque esté rodeado de ignorancia, ceguera, insensibilidad y rechazo.

Tenemos que hacerlo. Tenemos la necesidad, el deseo, la responsabilidad, el deber de hacer ver y defender nuestros derechos, los derechos de nuestros niños.

Porque, como recuerda y defiende el presidente de la Asociación Nacional para Alumnos Superdotados de Estados Unidos, ellos tienen derechos.

Tienen derecho a saber, a aprender, a ser intensos sin tener que pedir perdón por eso, a amar su identidad, a disfrutar de sus logros, a equivocarse, a pedir ayuda, a ser diferentes, a decidir, a ser.

Por ese motivo tenemos que reemplazar la vergüenza por otras emociones más apropiadas: optimismo, certeza, valentía, entusiasmo; porque lo que son es digno de ser mostrado, respetado, valorado, apoyado.

Los niños no tienen ningún problema. Las familias no tienen ningún problema.

El problema lo tiene la sociedad. Y es la que en todo caso debería cargar con la vergüenza.

Y es a eso a lo que debemos dar una solución.